Alemania ha recibido con escepticismo y cautela la amenaza de Donald Trump de reducir la presencia militar estadounidense en su territorio. El presidente lo anunció el miércoles en su red social Truth Social: «Estados Unidos está estudiando y revisando la posible reducción de tropas en Alemania, con una decisión que se tomará en un corto periodo de tiempo. Gracias por su atención a este asunto».
Alemania ha recibido con escepticismo y cautela la amenaza de Donald Trump de reducir la presencia militar estadounidense en su territorio
Alemania ha recibido con escepticismo y cautela la amenaza de Donald Trump de reducir la presencia militar estadounidense en su territorio. El presidente lo anunció el miércoles en su red social Truth Social: «Estados Unidos está estudiando y revisando la posible reducción de tropas en Alemania, con una decisión que se tomará en un corto periodo de tiempo. Gracias por su atención a este asunto».
En Berlín, el mensaje se interpreta en el contexto del reciente choque con el canciller Friedrich Merz y refuerza un patrón ya conocido: la discrepancia pública con Washington tiende a traducirse en presión política sobre los aliados.
La amenaza llega después de que Merz afirmara que Estados Unidos estaba siendo «humillado por el liderazgo iraní» y cuestionara la ausencia de una estrategia de salida clara en el conflicto con Irán. La respuesta de Trump fue inmediata y personal. Aseguró que el canciller «no sabe de lo que está hablando», le acusó de tolerar que Irán tenga armas nucleares —»cree que está bien que Irán tenga un arma nuclear»— y remató con un ataque directo: «No es de extrañar que Alemania esté yendo tan mal, tanto económica como en otros aspectos».
El giro resulta aún más llamativo si se tiene en cuenta el tono reciente entre ambos dirigentes. Durante su visita a Washington a comienzos de marzo, Trump elogió públicamente a Merz, a quien describió como «un amigo», un hombre que «hace bien su trabajo» y «muy, muy exitoso». Una valoración que contrasta con la rapidez con la que el presidente estadounidense ha pasado a desacreditarlo tras sus críticas.
Pese al cruce, Berlín ha optado por rebajar el tono. Merz ha asegurado que la relación personal con Trump sigue siendo «tan buena como siempre» y ha defendido la necesidad de mantener el diálogo abierto.
Sobre el terreno, la magnitud del despliegue estadounidense introduce un elemento de realidad que explica la cautela alemana. Según cifras del Pentágono citadas por medios alemanes, actualmente hay unos 36.400 soldados estadounidenses en suelo alemán, dentro de un despliegue total de cerca de 68.000 efectivos en Europa. Alemania conserva así una posición clave en la arquitectura militar estadounidense en el continente, aunque la presencia actual queda lejos de los niveles de la Guerra Fría, cuando en los años ochenta llegaron a estar estacionados unos 250.000 soldados.
La red se articula en torno a instalaciones clave. La base aérea de Ramstein, cerca de Kaiserslautern, funciona como eje de la Fuerza Aérea estadounidense en Europa y como punto de coordinación de operaciones, transporte de tropas y movimientos de material. Tras la retirada de Afganistán en agosto de 2021, más de 30.000 personas llegaron a pasar por la base. En las proximidades se encuentra el centro médico regional de Landstuhl, donde se atiende regularmente a militares heridos y donde se está construyendo el mayor hospital militar estadounidense fuera de Estados Unidos.
En Baviera, Grafenwöhr constituye el mayor campo de entrenamiento estadounidense en Europa, mientras que en Stuttgart se concentran cuarteles de mando con infraestructura estratégica de alto nivel. A ello se suman otras instalaciones aéreas y logísticas repartidas por el país.
No se trata de una presencia simbólica, sino de una red plenamente operativa, difícil de trasladar de un día para otro y en la que se han invertido recursos durante décadas.
Su peso también se refleja en la economía local. Solo en torno a Ramstein viven más de 55.000 estadounidenses, la mayor comunidad militar estadounidense fuera de su país. Las estimaciones apuntan a que la base genera cada año cientos de millones de euros en salarios, alquileres y contratos para la economía regional. En el conjunto de Renania-Palatinado, miles de empleos dependen del despliegue estadounidense y su impacto global se calcula en miles de millones de euros anuales.
Además, alrededor de 12.000 civiles trabajan directamente para las bases estadounidenses en Alemania.
Este esquema, aunque en menor escala, se reproduce en otros países aliados. En España, las bases de Rota y Morón forman parte de la arquitectura de proyección estadounidense en el Mediterráneo y África y también han sido objeto de tensiones recientes con el Gobierno de Pedro Sánchez.
La amenaza, en cualquier caso, no es nueva. Durante su primer mandato, Trump ya planteó una reducción significativa del contingente estadounidense en Alemania, en un contexto marcado por su relación tensa con la entonces canciller Angela Merkel. En 2020 llegó a anunciar la retirada de unos 12.000 soldados de los cerca de 35.000 desplegados entonces, aunque el plan no llegó a ejecutarse.
En este contexto, cualquier reducción significativa de la presencia estadounidense en Alemania tendría un impacto que va más allá del ámbito bilateral. Alemania es uno de los principales nodos logísticos y operativos de la OTAN en Europa, y una eventual disminución de capacidades afectaría directamente a la rapidez de despliegue, al entrenamiento conjunto y a la coordinación de operaciones en el flanco oriental de la Alianza.
Al mismo tiempo, el escenario introduce una tensión evidente. La red de bases en Alemania no solo forma parte del dispositivo de seguridad europeo, sino también de la capacidad global de Estados Unidos para operar en distintos teatros. Una reducción sustancial de esa presencia podría debilitar la arquitectura de la OTAN en su conjunto y, a la vez, limitar el propio margen de actuación estadounidense. En ese equilibrio se mueve la reacción alemana.
Internacional. Noticias internacionales. Última hora
