Los ‘esclavos’ del Cártel de Jalisco: «No es cuestión de estar en el lugar y momento equivocado, sino que incluso en tu domicilio pueden tumbar la puerta y llevarte»

El tequila y los mariachis dieron fama mundial a Jalisco. Pero, por desgracia, el estado del oeste de México bañado por el Pacífico está mucho más presente en los medios internacionales en los últimos años por la extrema violencia en la cuna de uno de los cárteles más sanguinarios de todo el país, el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), la tristemente célebre y poderosa organización criminal dedicada al narcotráfico.

 México no logra poner freno a las ‘desapariciones’ perpetradas por la organización criminal  

El tequila y los mariachis dieron fama mundial a Jalisco. Pero, por desgracia, el estado del oeste de México bañado por el Pacífico está mucho más presente en los medios internacionales en los últimos años por la extrema violencia en la cuna de uno de los cárteles más sanguinarios de todo el país, el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), la tristemente célebre y poderosa organización criminal dedicada al narcotráfico.

La operación del Ejército mexicano, en estrecha colaboración con EEUU, que consiguió acabar en febrero con su temible líder histórico, Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, ha permitido a Jalisco una mejora en las tasas de seguridad en lo que va de año. Sin embargo, el cártel recompone sus tentáculos tras los golpes a su cúpula, con su nuevo capo al frente, Juan Carlos Valencia González, alias El 03 o Pelón, hijastro de El Mencho, quien poco después de su muerte asumió el liderazgo de la organización criminal. «Es como si hubiésemos estado en una paz antes de la tormenta», dice un local de Jalisco a EL MUNDO que prefiere no ser identificado.

La impresionante operación que abatió a El Mencho el 22 de febrero de 2026 en Tapalpa desató el pánico en la región, con jornadas de extraordinaria violencia, quema de vehículos, bloqueos de carreteras y los cuerpos de Seguridad en alerta máxima. En un solo día perdieron la vida 25 militares y 33 criminales, según Efe. Después, «la comunidad estuvo como en una tensa calma porque no ocurrían disputas, particularmente porque hubo un despliegue de fuerzas federales. Sin embargo, la estructura criminal se mantuvo porque seguía fluyendo la venta de drogas», explica a EL MUNDO el miembro del medio independiente ZonaDocs, Darwin Franco.

Por su parte, el cofundador del colectivo Luz de Esperanza Desaparecidos Jalisco, Héctor Flores González, nos advierte que «la inseguridad no ha menguado porque la organización sigue intacta, pese a las detenciones». Se refiere a las capturas por parte de las autoridades federales de otros cabecillas del cártel como Audias Flores Silva, alias El Jardinero, el 26 de abril. «EEUU y México evidencian que sí son capaces de capturar a los grandes capos. Pero otra cosa es terminar con la estructura criminal», añade Franco.

Una de las peores pesadillas para la población local son las desapariciones, esto es, los reclutamientos forzados por parte de los grupos criminales organizados en la región, en especial el Cártel de Jalisco, que necesitan fuerza laboral esclava para sostener sus operaciones y campos clandestinos. Y para ello recurren tanto a las captación de personas, muchas en situación desesperada, como a los secuestros, incluidos muchos menores de edad. Augusto Chacón Benavides, director de la organización Jalisco Cómo Vamos, subraya a este diario que las desapariciones son «tanto para trabajos esclavizantes como por venganza y cobro de deudas a través de matar a la gente y desaparecerla».

Ceci Flores Armenta, líder del colectivo Madres Buscadoras de Sonora, destaca cómo las organizaciones se aprovechan del estado de necesidad de tantos ciudadanos en exclusión. «Los reclutan con ofertas de trabajo (engañosas). Por internet les ofrecen un buen sueldo, casas y hasta carros». Una vez caen en la trampa, a muchos «los entrenan para matar». Aparte de convertirles en sicarios, ejercen otras funciones, desde cocinar y limpiar hasta el trabajo sexual forzado y el contrabando de drogas.

Hoy, cualquier persona es un blanco. La maestra Nadia Cea cuenta a EL MUNDO cómo se infiltran en lo cotidiano: «Ellos fingen que están buscando empleados. Y el mayor miedo entre la población es que ya no se puede buscar trabajo porque no se sabe si es real o no». Ante este inseguro panorama, la sociedad sobrevive en un entorno donde la violencia se normaliza. Y la situación obliga a los ciudadanos a medir cada uno de sus movimientos. «Si vas manejando (conduciendo) y alguien con una camioneta te rebasa en una calle, no puedes pitarle o confrontarle porque no sabes si trae un arma», concluye Cea.

Mientras el temor prevalece, «las desapariciones se mantienen igual. El cártel sigue reclutando de manera forzada porque es una necesidad operativa. Y, a pesar de que cortaron la cabeza del cartel, todas sus células se mantienen activas», indica Flores González, quien vivió en carne propia en 2021 la desaparición de su hijo, Dani, cuando contaba con 19 años, sustraído de su casa por miembros de la Fiscalía del Estado. El caso evidenció la infiltración de la criminalidad dentro de organismos estatales, lo que aumenta la desconfianza ciudadana.

En todo México, hay más de 130.000 personas desaparecidas contabilizadas. Sólo en Jalisco, un total de 16.191, según el Registro Estatal. No obstante, estas cifras podrían ser sólo la punta del iceberg debido al miedo generalizado que impide acudir a las autoridades. Chacón Benavides explica que «más allá de la tragedia, hay una desconfianza. Hay quienes dicen: ‘No denuncio porque me da miedo que haya represalias'». Este pánico lo confirma Flores Armenta: «A muchos les amedrentan porque se los llevan delante de su familia y les dicen que, si los buscan, también los desaparecerán».

«Hay mucho miedo a denunciar. La gente se habitúa porque hay que seguir viviendo, pero no para estar feliz, sino para evitar conflictos», lamenta Chacón Benvides. Por su lado, Flores Armenta, quien recibe denuncias de desapariciones diarias, relata que «no pueden vivir tranquilos. Siempre está el miedo que aparezca alguien del cártel». Tal es la violencia que Héctor Flores advierte que «no es el estar en el lugar y momento equivocado, sino que incluso en tu domicilio pueden llegar, tumbar la puerta y llevarte».

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