Desde Chile y Perú, hasta Ecuador y Colombia, pasando por Honduras y Costa Rica. Todos los países de América Latina que se han escorado a la derecha en las últimas elecciones tienen como modelo en la región la mano dura aplicada por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, contra las pandillas y la delincuencia. Además, al igual que el mandatario centroamericano, todos los nuevos presidentes de la región cuentan con el respaldo de Donald Trump, quien ha logrado que una buena parte de Latinoamérica le rinda pleitesía.
Los líderes de América Latina adoptan la mano dura contra el crimen de El Salvador, mientras consolidan su alianza con el presidente de EEUU e ignoran las denuncias por violaciones a los derechos humanos
Desde Chile y Perú, hasta Ecuador y Colombia, pasando por Honduras y Costa Rica. Todos los países de América Latina que se han escorado a la derecha en las últimas elecciones tienen como modelo en la región la mano dura aplicada por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, contra las pandillas y la delincuencia. Además, al igual que el mandatario centroamericano, todos los nuevos presidentes de la región cuentan con el respaldo de Donald Trump, quien ha logrado que una buena parte de Latinoamérica le rinda pleitesía.
La última en anunciar que imitará las políticas represivas de Bukele ha sido la recién nombrada presidenta de Perú, Keiko Fujimori, quien este domingo advirtió de que aplicará «mucha firmeza para recuperar el orden». Ya durante la campaña electoral, la hija del fallecido ex presidente Alberto Fujimori mostró su intención de retomar el control de las fronteras y las cárceles, así como construir una megacárcel para presos de alta peligrosidad inspirada en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) destinada a confinar a 40.000 pandilleros en El Salvador.
Bukele también se ha convertido en el faro del nuevo mandatario de Colombia, Abelardo de la Espriella, quien con su ya famoso lema «Firme por la patria» arrancó su mandato con medidas drásticas para atajar la criminalidad en su país. En su primer discurso, anunció que se acabaron las negociaciones de paz de todo orden y recalcó que recuperará el orden, la libertad y la autoridad.
Asimismo, De la Espriella pretende construir siete prisiones al estilo Bukele destinadas a «recluir a quienes representan la mayor amenaza para la seguridad del pueblo». El presidente colombiano quiere emular la guerra contra las pandillas de Bukele, pero en su caso contra el narcotráfico. A pocas horas de iniciar su mandato, el ejército ha realizado operaciones contra las disidencias de las Farc y el Clan del Golfo causando la muerte de un cabecilla de las disidencias experto en explosivos, conocido como alias Ruso. De la Espriella ya advirtió cuando era candidato que las fuerzas armadas «darán de baja» a los «bandidos» que eviten entregarse y someterse a la justicia.
Lo que obvian los mandatarios que pretenden imitar a Bukele son las denuncias de organismos nacionales e internacionales sobre muertes,torturas y detenciones arbitrarias que se han cometido durante el régimen de excepción perpetuo vigente en El Salvador desde marzo de 2022. El último balance que ha hecho la organización Socorro Jurídico Humanitario cifra en al menos 554 personas fallecidas tras ser detenidas en el país centroamericano en el marco del citado régimen que busca acabar con las pandillas. Esta entidad sostiene que el 94% de las personas fallecidas no tenía perfil de pandillero y murió bajo custodia estatal sin haber recibido una sentencia condenatoria.
Una de las medidas que se aprobó en 2023 en la Asamblea Legislativa de El Salvador, controlada por el partido de Bukele, Nuevas Ideas, son los juicios sumarios a cientos de personas acusadas de pertenecer o colaborar con las pandillas a las que se condena sin tener derecho a una defensa efectiva. Desde que fue aprobado el 27 de marzo de 2022, el régimen de excepción que se ha prorrogado hasta en 53 ocasiones, contabiliza más de 92.400 detenciones, si bien el propio Gobierno de Bukele ha reconocido que más de 8.000 personas fueron liberadas tras ser inocentes. Organizaciones humanitarias han recibido más de 6.400 denuncias por posibles violaciones a derechos humanos, relacionadas con detenciones arbitrarias, tortura, malos tratos y obstáculos para conocer la ubicación o situación jurídica de los detenidos.
Bukele ha hecho siempre oídos sordos a estas cifras y mientras mantiene con mano firme su política represiva, ha ido dando pasos para perpetuarse en el poder con una oposición cada vez más residual. El propio Trump lo ha recibido hasta en dos ocasiones en la Casa Blanca, lo que supone un claro espaldarazo a su homólogo salvadoreño, quien acaba de ser designado por su partido como candidato presidencial para un tercer mandato consecutivo. La Constitución de su país prohibía la reelección presidencial, si bien una reforma constitucional aprobada en la Asamblea Legislativa en 2025 permitió eliminar el límite a la reelección.
Su victoria en las elecciones de febrero de 2027 está más que garantizada, dado que mantiene unos altos índices de popularidad, gracias a que la inseguridad se ha reducido de manera drástica, mientras que la oposición política se limita a tres de los 60 parlamentarios.
El presidente salvadoreño no solo cuenta con un mayoritario respaldo a nivel interno, sino que se ha convertido en uno de los máximos aliados de Trump en América Latina, después de que en 2025, ambos lograran un acuerdo migratorio que permitió a Washington deportar a cientos de migrantes, la mayoría venezolanos, al CECOT.
Este acercamiento con EEUU también tuvo su reflejo con la participación de El Salvador el pasado mes de marzo en la cumbre Escudo de las Américas, realizada en Florida, a la que acudieron los líderes latinoamericanos de derecha de 12 países. El nuevo presidente de Colombia ya ha anunciado su intención de incorporarse a este organismo que pretende combatir el narcotráfico con «fuerza militar letal». Toda la derecha que gobierna en América Latina quiere seguir los pasos en seguridad de quien en 2021 se autoproclamó como el «dictador más cool del mundo mundial». Además, esta política represiva de Bukele les garantiza las puertas abiertas de la Casa Blanca que ha ampliado su influencia en una América Latina donde los Gobiernos de izquierda ya son minoría.
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