El regreso del presidente más impopular de Francia

Fue despedido en 2017 como «el presidente más impopular de la V República», con un nivel de confianza de entre el 11% y el 14% entre los franceses. Sus reformas económicas y laborales provocaron grandes protestas callejeras, con el trasfondo de los atentados terroristas. Su vida personal estuvo plagada de escándalos: primero, su sonada separación; después, sus devaneos amorosos con una periodista; después, con una actriz…

 François Hollande prepara su candidatura a las elecciones presidenciales del próximo año, alegando que puede ser «útil» para el país  

Fue despedido en 2017 como «el presidente más impopular de la V República», con un nivel de confianza de entre el 11% y el 14% entre los franceses. Sus reformas económicas y laborales provocaron grandes protestas callejeras, con el trasfondo de los atentados terroristas. Su vida personal estuvo plagada de escándalos: primero, su sonada separación; después, sus devaneos amorosos con una periodista; después, con una actriz…

Y, sin embargo, François Hollande aspira aún a los 71 años a regresar al Elíseo, con la misión de frenar el avance impetuoso de la extrema derecha: «He sido presidente, conozco el oficio… Puedo ser útil, pero no quiero ser simplemente un candidato testimonial».

El ex presidente socialista, que volvió a la vida política por gentileza de su ex ministro de Economía, Emmanuel Macron (recuperó su escaño en Corrèze en las elecciones anticipadas de 2024), reunió estos días en el Senado a 160 leales seguidores para contarles lo que se perfila ya como «un programa en construcción».

Hollande planea pasar el verano poniendo los cimientos de su posible candidatura a las presidenciales de 2027, impulsada, como es de rigor, con un libro que publicará en septiembre y que servirá de plataforma electoral. Su intención es ir por libre y esquivar incluso las primarias del Partido Socialista en otoño, que considera un desgaste y una distracción.

«Su estrategia es la de la paciencia», explica en Le Figaro Frédéric Dabi, director general de opinión de Ifop. «Deja que los otros candidatos se expongan, reciban los golpes y finalmente se debiliten, preservando al mismo tiempo su capital político. Algunos empezaron la campaña en junio. Lo realmente importante para él es lo que ocurra a finales de año o a principios del próximo».

El último barómetro mensual de Ifop-Fiducial para Paris Match revela precisamente una inesperada y prodigiosa recuperación de la imagen pública de Hollande, con un 49% de opiniones favorables, 10 años después de haber batido todos los récords de impopularidad durante su mandato. La misma tendencia la refleja un reciente sondeo de Les Échos, que lo reconoce como «la personalidad favorita de los votantes de izquierda» (46%), frente al 42% del candidato moderado de Plaza Pública, Raphaël Glucksmann, y el 41% del aspirante y líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon.

Su supuesta aceptación popular choca, sin embargo, contra el muro de la intención de voto. Según otro sondeo de Elabe para La Tribune Dimanche, Hollande se quedaría en un 8% o 9% en una hipotética primera ronda, superado por sus rivales directos de izquierda y por los centristas Édouard Philippe y Gabriel Attal, muy lejos del 36% de la favorita, Marine Le Pen.

«Mélenchon no puede ni unir a la izquierda ni ganar unas elecciones presidenciales», advirtió el propio Hollande en declaraciones a la revista Marianne. Su enemistad con el líder insumiso es pública y notoria. En las últimas elecciones locales, Hollande se opuso férreamente a alianzas con lo que él considera sin ambages como «extrema izquierda».

A diferencia de la campaña de 2012, cuando venció a Nicolas Sarkozy por el 51% frente al 48% en la segunda vuelta, Hollande se encuentra, sin embargo, ahora ante una izquierda fragmentada y muy dividida.

Ségolène Royal fue la primera mujer en llegar a la segunda ronda de las presidenciales francesas (perdió por siete puntos frente a Sarkozy en 2007) en pleno proceso de separación del padre de sus cuatro hijos, François Hollande. Espoleada por la posibilidad de que una mujer de extrema derecha (Marine Le Pen) pueda ser la primera presidenta, ha decidido ahora lanzarse a las primarias socialistas como posible candidata para 2027. Royal se ve aún con fuerzas para volver a la alta política y medirse si hace falta ante su ex compañero sentimental durante más de tres décadas. «Me abandonó durante mi campaña, digámoslo claro», declaró recientemente a la revista Elle.

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