Las falsas muertes en China… y el ‘cadáver’ que salió del ataúd porque hacía demasiado calor

El ataúd ya estaba bajo tierra cuando llegaron los policías. La familia insistía en que no había nada que investigar. El cadáver, aseguraban, había quedado tan demacrado por una supuesta sobredosis que nadie, salvo la madre y la abuela, debía verlo. El entierro se había celebrado con una rapidez inusual, sin apenas testigos y antes de que cayera la noche, en una aldea de la provincia central china de Henan.

 Funerales ficticios, ataúdes llenos de piedras, seguros de vida, estafas y huidas: los casos más sorprendentes de quienes fingieron su muerte en el gigante asiático  

El ataúd ya estaba bajo tierra cuando llegaron los policías. La familia insistía en que no había nada que investigar. El cadáver, aseguraban, había quedado tan demacrado por una supuesta sobredosis que nadie, salvo la madre y la abuela, debía verlo. El entierro se había celebrado con una rapidez inusual, sin apenas testigos y antes de que cayera la noche, en una aldea de la provincia central china de Henan.

Sin certificado de defunción, sin constancia de cremación, la Policía comenzó a sospechar que el muerto podía seguir vivo. Y así era.

Los fiscales de la ciudad de Anyang han revelado esta semana un caso que ha causado un enorme revuelo en las redes sociales chinas: un hombre acusado de conducir ebrio fingió su propia muerte con la ayuda de su madre y de su abuela para escapar de la justicia y desaparecer a más de 2.000 kilómetros de distancia.

Todo comenzó en enero del año pasado, cuando el hombre, identificado únicamente por su apellido, Si, fue detenido por conducir bajo los efectos del alcohol. Durante la investigación, la policía descubrió que no era un infractor primerizo: ya había sido detenido en dos ocasiones anteriores por conducir ebrio y sin carnet. Estaba en libertad bajo fianza a la espera de juicio.

Según declaró posteriormente, el miedo a ingresar en prisión, unido a las deudas que acumulaba y a sus antecedentes, terminó empujándole a idear su falsa muerte. En junio del año pasado puso en marcha la farsa. Compró un ataúd, esparció por su vivienda varios frascos vacíos de medicamentos para simular una sobredosis y utilizó equipos de refrigeración para bajar la temperatura de su cuerpo mientras contenía la respiración, recreando el aspecto de un cadáver.

Su madre y su abuela completaron la representación. Explicaron a los vecinos que el rostro del supuesto fallecido había quedado irreconocible por los efectos de las drogas y cubrieron la cabeza con una sábana durante el velatorio. Antes del anochecer enterraron el ataúd con rapidez, mientras Si emprendía la huida hacia la provincia de Yunnan, en el suroeste del país.

La investigación fue desmontando poco a poco la farsa. Los agentes revisaron grabaciones de cámaras de vigilancia, movimientos bancarios y registros telefónicos hasta concluir que Si seguía vivo. Se inició entonces una operación de búsqueda que terminó hace tres meses con su detención en Yunnan.

En mayo de 2017, la Policía de Yongzhou, en la provincia de Hunan, recibió varias denuncias de personas que afirmaban haber sido estafadas por una mujer llamada Deng. La sospechosa se había presentado durante meses como una consultora con acceso a inversiones muy rentables. Convenció a amigos, conocidos y otros inversores para que le prestaran grandes cantidades de dinero, prometiendo elevados intereses. Al principio cumplió puntualmente con los pagos, lo que aumentó la confianza de las víctimas, pero en realidad devolvía intereses utilizando el dinero que iba obteniendo de nuevos préstamos. Cuando la rueda dejó de girar y las deudas comenzaron a acumularse, desapareció.

Poco después, los acreedores recibieron la noticia de que Deng se había suicidado arrojándose a un río. Sus padres comunicaron que el cuerpo había sido recuperado y enterrado. El funeral se celebró con toda la solemnidad habitual y el ataúd fue sepultado en su pueblo natal. Para muchos de los estafados aquello suponía el final definitivo de cualquier posibilidad de recuperar el dinero.

Sin embargo, los investigadores encontraron demasiadas incoherencias. Nadie había visto realmente el cadáver, el entierro se había organizado con una rapidez poco habitual y el comportamiento de los familiares despertaba sospechas. Tras varios días de vigilancia, descubrieron que los padres mantenían contactos discretos con una persona que se ocultaba en Changsha. La policía montó un dispositivo y, apenas cuatro días después del supuesto entierro, encontró a la «difunta» perfectamente viva, alojada en un hotel.

Entre todos los casos de falsas muertes registrados en China, pocos resultan tan devastadores como el ocurrido en 2018 en el condado de Xinhua, también en la provincia de Hunan. El protagonista era He, un hombre asfixiado por las deudas. Convencido de que no podría devolver el dinero, ideó un plan para que su familia cobrara un seguro de vida.

Sin decírselo a su esposa, contrató una póliza de accidentes, en la que ella figuraba como beneficiaria. Días después tomó prestado un coche y, de madrugada, lo lanzó a un río para simular un accidente mortal. El vehículo apareció hundido y él desapareció sin dejar rastro. Todo indicaba que había fallecido. Mientras permanecía escondido esperando que la aseguradora iniciara el proceso de indemnización, ignoraba las consecuencias que su «muerte» estaba provocando.

Su esposa no pudo soportarlo y publicó una larga carta de despedida en redes sociales en la que expresaba que ya no encontraba motivos para seguir viviendo y que deseaba reunirse con su marido. Al día siguiente desapareció junto a sus dos hijos pequeños, de cuatro y dos años. Poco después, los tres fueron encontrados muertos. Cuando el marido supo lo ocurrido, se entregó a la Policía.

En 2023, un anciano de 84 años de la provincia de Anhui decidió organizar su funeral. Lejos de ocultarse, asistió personalmente a los preparativos y contempló cómo vecinos, familiares y amigos acudían a despedirse de él.

Hubo ataúd, rituales funerarios tradicionales, coronas, banquete y decenas de asistentes. Cuando los periodistas le preguntaron por qué había organizado semejante ceremonia, respondió con una mezcla de humor y sinceridad: quería saber cuánta gente acudiría el día en que realmente muriera.

En 2023, en la provincia de Hubei, una protesta contra los agentes municipales de gestión urbana terminó protagonizando una de las escenas más surrealistas de los últimos años.

Tras un enfrentamiento con los inspectores, varios vendedores ambulantes denunciaron que uno de sus compañeros había fallecido como consecuencia del incidente. Para exigir responsabilidades, organizaron un velatorio improvisado en plena calle. Colocaron al supuesto muerto dentro de un ataúd y comenzaron una protesta pública que atrajo a numerosos curiosos y medios locales.

Durante varias horas el hombre permaneció inmóvil, interpretando el papel de cadáver mientras el féretro permanecía cerrado bajo un calor sofocante. Finalmente, incapaz de soportar la temperatura y la falta de aire, el supuesto difunto se incorporó delante de todos, abrió el ataúd y salió diciendo que ya no podía aguantar más y que necesitaba beber agua.

Hace un par de años salió a la luz un caso extraordinario cuando una mujer descubrió, al intentar renovar su documento de identidad, que para la Administración china llevaba más de un lustro fallecida.

La investigación reveló que su marido había conseguido falsificar toda la documentación necesaria para certificar oficialmente su defunción, incluyendo certificados relacionados con la cremación y la cancelación de su registro de residencia, el sistema que acredita legalmente la existencia administrativa de cada ciudadano en China. Sobre el papel, la mujer había dejado de existir.

Zeng Jia, una estudiante de 22 años de Wuhan que cursaba estudios relacionados con los servicios funerarios, organizó su funeral. La idea surgió después de asistir al entierro de su abuelo. Se preguntó por qué las personas reciben tantas muestras de afecto cuando ya no pueden apreciarlas y decidió experimentar su propio velatorio mientras seguía viva.

No escatimó en detalles. Alquiló un ataúd, contrató maquilladores especializados en preparar cadáveres, decoró el escenario con flores e invitó a familiares, amigos e incluso a fotógrafos y periodistas. Durante aproximadamente una hora permaneció inmóvil dentro del féretro, abrazando un muñeco de Hello Kitty sobre el pecho, mientras los asistentes desfilaban para despedirse de ella y depositar flores. Al finalizar la ceremonia, se levantó del ataúd y pronunció un discurso: «Me siento muy bien después de haber estado muerta».

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