Con profuso uso de mayúsculas, Donald Trump escribió el pasado fin de semana que el nuevo acuerdo sobre Groenlandia es «un sueño hecho realidad» para Estados Unidos. «A partir de ahora», aseguró, «ningún adversario nuestro podrá JAMÁS realizar inversiones sensibles sin nuestra expresa aprobación por escrito». El presidente republicano afirmó también que Estados Unidos obtendrá «PARA SIEMPRE la competencia absoluta para garantizar y defender la seguridad» de la isla ártica, un hito que, «durante más de 100 años, NINGÚN presidente anterior» había logrado. Eso sí, ni una palabra sobre hacerse con su propiedad, que por lo demás había sido su objetivo declarado desde 2019.
Dinamarca matiza que la OTAN seguirá jugando un papel clave en la seguridad de la isla, mientras que medios daneses afirman que los estadounidenses establecerán dos bases nuevas y niegan su derecho de veto frente a «inversiones sensibles»
Con profuso uso de mayúsculas, Donald Trump escribió el pasado fin de semana que el nuevo acuerdo sobre Groenlandia es «un sueño hecho realidad» para Estados Unidos. «A partir de ahora», aseguró, «ningún adversario nuestro podrá JAMÁS realizar inversiones sensibles sin nuestra expresa aprobación por escrito». El presidente republicano afirmó también que Estados Unidos obtendrá «PARA SIEMPRE la competencia absoluta para garantizar y defender la seguridad» de la isla ártica, un hito que, «durante más de 100 años, NINGÚN presidente anterior» había logrado. Eso sí, ni una palabra sobre hacerse con su propiedad, que por lo demás había sido su objetivo declarado desde 2019.
Desde Dinamarca, sin embargo, Gobierno y medios matizan las palabras de Trump o, incluso, las consideran directamente una exageración: la soberanía danesa y groenlandesa no se pone en cuestión; la OTAN seguirá contribuyendo a la seguridad de la isla; y el derecho de veto frente a inversiones sensibles no es tal o, al menos, no tan absoluto como sostiene el presidente.
Se espera que el acuerdo, cuyo contenido exacto aún no ha sido revelado, se firme este martes en Nueva York con ocasión de la Asamblea General de la ONU. Hasta allí han viajado la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen; su ministro de Exteriores, el moderado Lars Løkke Rasmussen; y el primer ministro groenlandés, el liberal Jens-Frederik Nielsen.
«Que el propio presidente Trump decidiese hablar hay que tomarlo como una clara muestra de que él también piensa que nuestros países han negociado un buen acuerdo», declaró Løkke a su llegada a Nueva York. «Cuando tengamos el acuerdo, y sólo lo tendremos cuando esté firmado, estaré muy satisfecho con él», añadió. «Todos en el Reino de Dinamarca tenemos motivos para estarlo».
El ministro de Exteriores recalcó que la OTAN seguirá desempeñando en el futuro un papel importante en la protección de Groenlandia: «El acuerdo subraya, es de esperar, que la responsabilidad de la seguridad en el Ártico no sea sólo danesa o estadounidense, sino que en gran medida recaiga también sobre la OTAN«. Analistas daneses han destacado el inciso «es de esperar», estimando que refleja un deseo de que Trump respete el contenido del pacto.
De acuerdo con el diario danés Jyllands-Posten, el acuerdo incluye el establecimiento de dos bases militares estadounidenses nuevas en Groenlandia. De este modo, Estados Unidos tendría al menos tres bases, incluida la ya existente de Pituffik, en el noroeste de la isla.
La primera ministra Frederiksen indicó antes de despegar de Copenhague que, «en los últimos días y semanas», ha estado «en estrecho contacto» con sus «colegas de Alemania, Francia e Inglaterra», con sus «amigos nórdicos» y con sus «buenos socios de la UE y la OTAN«.
«Tengo una excelente relación con el presidente Trump y para nosotros ha sido crucial el deseo de reforzar la seguridad en este mundo tan turbulento, así como que se respeten nuestras líneas rojas», explicó. «El Reino de Dinamarca es un Estado soberano y el derecho de los groenlandeses a la autodeterminación debe ser respetado. Así como nuestra integridad territorial. Todo eso está incluido en el acuerdo, que es bueno para Estados Unidos, Groenlandia, Dinamarca, Europa y la OTAN».
Preguntada directamente por la cadena pública TV2 sobre si Trump exagera el contenido del acuerdo y sobre si Dinamarca concederá a Estados Unidos un control permanente sobre la seguridad en Groenlandia, Frederiksen respondió: «No pondría mi firma en un acuerdo, y sé que Jens-Frederik Nielsen tampoco lo haría, si no fuera bueno para Groenlandia y para el Reino. Doy por sentado que el presidente Trump cumplirá el acuerdo una vez firmado«.
Jyllands-Posten, uno de los principales diarios daneses, asegura citando fuentes conocedoras del acuerdo que «Trump exagera» porque el pacto «no contiene ningún derecho de veto estadounidense sobre inversiones sensibles por parte de potencias hostiles». Tampoco «dice nada acerca de que estas inversiones requieran la expresa aprobación por escrito» de Washington.
La premisa principal de Trump, explica el diario, «es bastante válida: que una de las ambiciones más importantes del acuerdo es garantizar que países como Rusia y China queden excluidos de poder invertir en partes especialmente sensibles de la economía de Groenlandia, como la infraestructura crítica. Pero no es Estados Unidos quien decide aquí, sino Groenlandia».
El acuerdo, según Jyllands-Posten, funciona de la siguiente manera: «Dinamarca, Groenlandia y Estados Unidos han elaborado una lista de países aliados a los que se les permite invertir en las partes sensibles de la economía groenlandesa. Estas inversiones deben ser examinadas y controladas, de un modo más estricto que el actual, para que ningún actor hostil pueda colarse por la puerta trasera. Al mismo tiempo, Dinamarca y Groenlandia se comprometen a mantener al margen a todos los demás países, es decir, aquellos a los Trump se refiere como adversarios».
La decisión final, sin embargo, la toman Groenlandia y Dinamarca. El citado control se llevará a cabo a través de un nuevo mecanismo de escrutinio que deberá ser aprobado por el Parlamento groenlandés, no por Washington. Que algunos países queden excluidos no equivale exactamente a que Estados Unidos tenga derecho de veto, una circunstancia que supondría de facto una pequeña pero significativa cesión de soberanía por parte del Gobierno de Groenlandia.
En la práctica, sin embargo, la diferencia de si Estados Unidos tiene derecho de veto o no reviste una importancia limitada. Aunque Groenlandia decida formalmente, tanto Nuuk como Copenhague escucharán siempre los deseos de Washington porque comparten intereses comunes. Pese a la crisis desatada por los deseos anexionistas de Trump, Estados Unidos sigue siendo el garante de seguridad más importante del Reino. «De modo que, si algo es peligroso para ellos, en casi todos los casos también será peligroso para nosotros», señala Jyllands-Posten.
Existen, además, precedentes recientes de esta manera de actuar. En 2018, un gigante estatal chino de la construcción quiso participar, con beneplácito groenlandés, en las ampliaciones de los aeropuertos groenlandeses de Nuuk e Ilulissat. Estados Unidos advirtió del «peligro» de la influencia china en una infraestructura tan relevante, por lo que Dinamarca acabó financiando en parte los proyectos y se convirtió en copropietaria. La empresa china quedó fuera.
Es decir, que el escudo contra inversiones extranjeras potencialmente peligrosas ya funcionaba, pero hasta ahora lo hacía sin una estructura y un proceso claros. Con el nuevo acuerdo, Dinamarca y Groenlandia se comprometen a formalizar ese escudo y a fortalecerlo significativamente. Una clara concesión a los intereses de EEUU, incluso sin veto, que no se daba antes.
El analista político Noa Redington, asesor personal de la socialdemócrata Helle Thorning-Schmidt durante su mandato como primera ministra danesa (2011-2015), subraya que la cautela mostrada por Frederiksen y Løkke tras el anuncio de Trump se debe al temor a que acabe echándose atrás.
«Existe una posibilidad real de que este acuerdo no llegue a nada», apunta en declaraciones a la cadena pública TV2. «Ese es el temor que hay en la cúpula del Gobierno. No se quiere provocar a Trump. Siguen el guión y limitan sus declaraciones. Es un juego muy delicado. Las interpretaciones son distintas. La versión de Trump es diferente a las de la primera ministra y el ministro de Exteriores. Esto no ha terminado en absoluto».
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