Sospechas de aborto ‘por cuestión de género’ entre la comunidad india del Reino Unido

Como promedio, el 51,22% de los nacimientos en Reino Unido son de niños, y el 48,78%, de niñas (o sea, 105 varones por cada 100 hembras). Pero con el tercer y cuarto hijo de mujeres nacidas en la India que han emigrado al Reino Unido, el porcentaje de varones se dispara hasta los 117, es decir, el 53,92%. Es un cambio para el que no existe razón biológica. En las mujeres indias de segunda y tercera generación (es decir, que han nacido en el Reino Unido o cuyos padres son británicos de nacimiento) el género al nacer también pasa a ser progresivamente favorable a los varones, aunque en menor grado.

 Dos estudios del Gobierno británico, citados por The Times, señalan que el promedio de los varones de estas mujeres a partir del tercer vástago se dispara respecto a la población general  

Como promedio, el 51,22% de los nacimientos en Reino Unido son de niños, y el 48,78%, de niñas (o sea, 105 varones por cada 100 hembras). Pero con el tercer y cuarto hijo de mujeres nacidas en la India que han emigrado al Reino Unido, el porcentaje de varones se dispara hasta los 117, es decir, el 53,92%. Es un cambio para el que no existe razón biológica. En las mujeres indias de segunda y tercera generación (es decir, que han nacido en el Reino Unido o cuyos padres son británicos de nacimiento) el género al nacer también pasa a ser progresivamente favorable a los varones, aunque en menor grado.

Para el diario conservador británico The Times, que cita para fortalecer su argumentos dos informes del Gobierno británico que no han sido publicados, esa inexplicable anomalía estadística apunta a una preferencia cultural. La cultura india valora más a los hijos que a las hijas. Eso, de acuerdo con esa tesis, se traduce en abortos selectivos de niñas o a tratamientos de fertilidad in vitro destinados a producir embriones de sexo masculino.

El aborto de género podría ser una práctica extendida entre los más de 1,9 millones miembros de la comunidad india británica. Así parece sugerirlo el hecho de que estos estudios citados por el diario hayan sido realizados solo en Inglaterra y Gales, donde se concentran el 96,7% de los miembros de esa comunidad.

El Times no cita razones que permitan establecer causalidad entre las preferencias culturales y el sexo de los recién nacidos, aunque entrevista a Rani Bilkhu, una activista que lleva más de una década haciendo campaña contra el abuso doméstico y el aborto por razones de género. Bilkhu es presentada como «la fundadora de la ONG Jeena International». Pero ese grupo no tiene página web y, según el Registro de Organizaciones sin Ánimo de Lucro del Estado británico, sus ingresos en 2024 -que es el último año en el que presentó sus cuentas- fueron de cero libras.

Pero, si se cotejan los resultados del artículo con investigaciones realizadas en otros países del entorno del Reino Unido, las cifras no solo son sorprendentes. Son, incluso, moderadas. Un estudio estadístico sobre casi 800.000 nacimientos en Canadá entre 2002 y 2007 cita los datos del propio censo de ese país para diagnosticar un sesgo brutal en favor de los varones entre las madres nacidas en India. Según ese análisis, publicado por la Asociación Médica de Canadá, cuando una mujer nacida en India tiene dos hijas, su tercer vástago tendrá un 65,52% más de posibilidades de ser un varón que una hembra. Es decir, 190 niños por cada 100 niñas. Así pues, parece que la cultura o los valores tradicionales deciden a quién se aborta o qué blastocito se pone en el útero o en las fertilizaciones in vitro.

La dinámica no es exclusiva de la inmigración india. El mismo estudio canadiense revela que entre las comunidades china, vietnamita y surcoreana, la distribución de género es la habitual en el primer nacimiento, para pasar a ser de 117 varones por hembra en el segundo, y a 151 en el tercero. En China, la preferencia por niños quedó reflejada en el espantoso documental Las salas de la muerte (The Dying Rooms) emitido por la cadena de televisión británica Channel Four en 1995 y filmado clandestinamente en ese país asiático, que se muestra a niñas recién nacidas muriendo de hambre y atadas a camillas tras haber sido abandonadas por sus familias. En aquel momento, las familias chinas solo podían tener un hijo. Así que el resultado a veces era la muerte de la niña.

Eso no sucede en Occidente. Pero el Times apunta a otros sistemas, como la fertilización in vitro, que permite a las clínicas pasar al útero solo los blastocitos con cromosomas masculinos o, lisa y llanamente, el aborto, una vez que el sexo del embrión ha sido detectado. En Inglaterra, Escocia y Gales esa práctica está autorizada en las 24 primeras semanas de embarazo, mientas que en Irlanda del Norte solo se permite en 12. Evidentemente, el aborto por cuestión de género es ilegal, pero la madre siempre puede argüir daño a su salud emocional. La ONG proaborto British Pregnancy Advisory Service (Servicio Británico de Asesoramiento para Embarazos), sin embargo, mantuvo al menos hasta el año 2014 que «la ley guarda silencio [en materia de abortos por causa de género]. El sexo fetal no es una razón específica para el aborto, dentro de la Ley del Aborto, pero tampoco está específicamente prohibida».

El Reino Unido es un país de inmigrantes. En total, el 27% de la población ha nacido en el extranjero, es hija de extranjeros. Sin embargo, las sospechas sobre los abortos selectivos no afectan a todas las comunidades por igual. Las cifras oficiales ponen de manifiesto que, en el caso de los inmigrantes del África subsahariana, su ratio de niños en relación a niñas es, de hecho, inferior a la media, aunque dentro de la variación esperable, sin bien esa es una región inmensa en la que puede haber cifras muy dispares dependiendo de los países.

La gran cuestión es que esta dinámica cultural afecta a algunas de las comunidades más ricas, numerosas e integradas del país. El único primer ministro británico de la historia que no ha sido cristiano es el hindú Rishi Sunak (la lista de jefes del Gobierno agnósticos o ateos pero criados en la tradición cristiana es, sin embargo, enorme). La comunidad india es, de todas las inmigrantes, la que tiene menor nivel de pobreza, y sus ingresos familiares medios son incluso superiores a los de los «blancos británicos», que es como el censo denomina a la población caucásica.

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