Fuentes del ejército israelí familiarizadas con la toma de decisiones en la ofensiva tras el ataque del 7 de octubre del 2023 desgranan a este diario el proceso interno antes de un bombardeo, negando una política de ataques indiscriminados contra civiles gazatíes. Se trata de la principal denuncia del documental Naza (acrónimo en hebreo de Daño Colateral) dirigido por los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor.
En respuesta a las denuncias del documental ‘Naza’ sobre la ofensiva en la Franja de Gaza, fuentes militares israelíes explican el proceso de decisiones y permisos en los ataques aéreos tras el 7-0
Fuentes del ejército israelí familiarizadas con la toma de decisiones en la ofensiva tras el ataque del 7 de octubre del 2023 desgranan a este diario el proceso interno antes de un bombardeo, negando una política de ataques indiscriminados contra civiles gazatíes. Se trata de la principal denuncia del documental Naza (acrónimo en hebreo de Daño Colateral) dirigido por los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor.
Su acusación contra la actuación militar en la Franja de Gaza tras el ataque de Hamas ha causado una enorme ola de indignación en Israel que incluye peticiones de revocar la nacionalidad de sus dos directores, amenazas en las redes y una airada protesta frente a la casa de los padres de Szor. La campaña electoral contribuye a tensar un debate que, según Abraham, los israelíes deben realizar sobre la masiva reacción al ataque terrorista de Hamas. «Negar un crimen es lo que contribuye a que perdure. Por eso, es especialmente importante para nosotros que los israelíes vean esta película, es nuestro país el que está cometiendo estos crímenes«, declaró en Venecia, donde recibió el Premio Especial del Jurado del Festival y una ovación tan fuerte como la repulsa en su país donde el filme aún no ha sido proyectado.
«Desde el primer día de la guerra he acompañado el proceso vinculado a objetivos a atacar y por eso quiero contestar a los extractos de la película sobre los daños colaterales, es decir daños en el entorno que a veces son civiles en un ataque contra terroristas, y la elección de objetivos», afirman fuentes militares.
Un oficial dice que desea responder centrándose en «dos de las normas del Derecho Internacional siempre presentes en la decisión y la aprobación de los ataques: distinción y proporcionalidad«. «Para cumplir el principio de distinción que diferencia entre enemigo y no involucrado, tenemos un proceso muy ordenado con metodología clara destinada a determinar que el objetivo identificado es legítimo y validado», comenta sobre lo que en hebreo se llama Aflala: «Un análisis debe confirmar con certeza muy alta que la persona o infraestructura que quieres atacar son terroristas y sirve al enemigo en la guerra. Tú no atacas a cualquiera«.
El proceso de identificación y confirmación del objetivo de Hamas o Yihad Islámica antes de que acabe en el blanco de un caza o dron empieza con la recopilación de información incluyendo datos de Inteligencia como del departamento militar especializado en ello (Aman) o Shabak (Servicio de Seguridad interno). «La información que recopilan es entregada al oficial de Inteligencia que debe estudiar todo el material y decidir si un objetivo determinado pertenece al enemigo. Tras su visto bueno, un comandante decide si hay autorización para atacar y fija los criterios para ordenar la acción», apuntan dichas fuentes.
«Es cuando entra el principio de proporcionalidad. La función del comandante es determinar si el ataque sirve al propósito operativo y si el daño colateral que puede provocar justifica la acción contra el enemigo. Se trata de un proceso controlado y encabezado por oficiales y acompañado por un asesor legal», explican a EL MUNDO.
Sobre los 24 soldados entrevistados para la película bajo el anonimato que denuncian asesinatos sistemáticos de civiles, contestan: «Los que se identificaron como miembros de Inteligencia solo participan en la recopilación de información que es el inicio del proceso. No conocen toda la cadena de decisiones ni son los que van al comandante operativo para aprobar el ataque. Éste tiene la visión global y hace las valoraciones sobre cuántas personas pueden estar en ese momento en torno al objetivo».
Apoyado con recursos tecnológicos, el proceso empieza en recopilación y evaluación de Inteligencia, sigue en el centro de operaciones-donde controles y asesores legales verifican si la acción se realiza de acuerdo al Derecho Internacional según alegan en el ejército- y finaliza en el análisis de los resultados que dependen de múltiples factores como el tipo de munición empleada.
Preguntamos si el ambiente de venganza en Israel tras el asesinato de 1.200 personas y el secuestro de otras 251 en pocas horas en el ataque más letal en su historia no hizo que el ejército bajara el umbral de exigencia y precaución ante la muerte de civiles en ataques aéreos contra Hamas. «Muchas veces atacas para defender a tus fuerzas terrestres cuando entran en un sitio donde hay personas a las que habías pedido irse. Entonces es posible que haya más daño a civiles ya que tu objetivo es defender a tus soldados ante terroristas, pero repito, nunca se ha buscado dañar a civiles de forma deliberada».
En el ejército admiten errores e infracciones entre los numerosos ataques realizados en la Franja de Gaza tras el 7-0, pero aseguran que «no era parte de una política». Mientras el documental denuncia un «sistema de matanzas masivas», varios comentaristas critican la ausencia de fechas y lugares concretos en el mismo y replican que «un país que dedica tantos recursos a los daños colaterales y avisar a la población antes de los ataques no puede ser acusado de genocidio».
El general de brigada en la reserva Guy Hazut asegura que «las cifras desmienten» la acusación citando el número de muertos dado por las autoridades bajo control de Hamas (74.000) y del ejército (25.000 efectivos de Hamas, Yihad Islámica y otros grupos armados). «Si hacemos caso a sus datos, de cada terrorista muerto murieron dos civiles. Estimaciones en campañas de ejércitos occidentales en zonas urbanas hablan de una proporción de 1:9, un ratio muy superior incluso si reducimos la cifra del Tsahal«, apunta.
Sobre el testimonio de un soldado entrevistado sobre el permiso a un bombardeo contra un objetivo de Hamas sabiendo que quizá podría provocar hasta 500 muertos, las fuentes militares lo niegan y dicen que tampoco hubo dicha acción. En alusión a la denuncia del uso de Inteligencia Artificial en la toma de decisiones, aclaran que «no hay instrumentos autónomos o tecnológicos que decidan lo que hay que atacar».
«La película está basada en mentiras y no menciona el tipo de lucha de Hamas que actúa entre civiles en una zona tan pequeña y poblada», añade Hazut, que al mismo tiempo critica las reacciones más exaltadas a la película en Israel: «Solo ayudan a mostrar nuestra sociedad como una que rechaza afrontar la crítica».
La agitada atmósfera en Israel no permite un debate sereno sobre el uso de la fuerza y la ética en combate tras el 7-0. Especialmente si quien lo propone son los dos israelíes hoy más odiados del país criticados también por titular su trabajo -producido por The Guardian– con una palabra que puede asociarse al nazismo y no con la traducción literal (Daño Colateral). Sin olvidar que el trauma del ataque de Hamas sigue latente en una sociedad donde además los ánimos están caldeados debido a los comicios del próximo 27 de octubre.
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