Tras otro ‘supermartes’ de primarias en EEUU, los estrategas de demócratas y republicanos buscan el mensaje para las elecciones de medio mandato

Quienes se dejaron atrapar por la serie televisiva Mad Men, recordarán que uno de sus temas es la importancia en la cultura estadounidense por confeccionar el mensaje idóneo para seducir al consumidor. Su protagonista, Don Draper, concluye que la clave del éxito en la publicidad está en transmitir la sensación de felicidad y de que todo irá a mejor. En este nuevo ciclo electoral enEstados Unidos, con las primarias en marcha antes de las elecciones de medio mandato en noviembre y con la vista puesta en las elecciones presidenciales en 2028, los estrategas demócratas y republicanos se estrujan los sesos en busca de ese mensaje que haga clic con un electorado polarizado. No les vendría mal una sesión de brainstorming con el opaco y brillante personaje del mítico serial que se estrenó en 2007.

 Los expertos demócratas piden centrarse en lo que inquieta al país: la inflación, el coste de la sanidad o la educación; mientras, los republicanos se cuestionan la retórica trumpista  

Quienes se dejaron atrapar por la serie televisiva Mad Men, recordarán que uno de sus temas es la importancia en la cultura estadounidense por confeccionar el mensaje idóneo para seducir al consumidor. Su protagonista, Don Draper, concluye que la clave del éxito en la publicidad está en transmitir la sensación de felicidad y de que todo irá a mejor. En este nuevo ciclo electoral enEstados Unidos, con las primarias en marcha antes de las elecciones de medio mandato en noviembre y con la vista puesta en las elecciones presidenciales en 2028, los estrategas demócratas y republicanos se estrujan los sesos en busca de ese mensaje que haga clic con un electorado polarizado. No les vendría mal una sesión de brainstorming con el opaco y brillante personaje del mítico serial que se estrenó en 2007.

Las primarias ya indican caminos a seguir, así como los obstáculos para unos y otros. En el terreno de los demócratas, con David Jolly ya convertido en candidato a gobernador, las primarias del martes en Florida pusieron nuevamente a prueba la pujanza del ala socialista frente a la corriente centrista, que es la dominante en un Partido que, además del acento ideológico, se plantea el relevo generacional.

Había expectación en la contienda que se dirimía en el Distrito 25 (que incluye partes del condado Miami-Dade, Palm Beach y Broward) entre Oliver Larkin, un candidato suscrito a la organización Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés) y Jared Moskowitz, un demócrata que aspiraba a retener este escaño en el Congreso con postulados más cercanos a los del gobernador republicano en el estado, Ron DeSantis: mano dura con la inmigración y la defensa de valores tradicionales dentro de la denominada guerra cultural que los republicanos han rentabilizado en su cruzada anti woke. Larkin centró su campaña en la necesidad de mejorar una economía maltrecha por la subida de precios y la pérdida de poder adquisitivo, pero Moskowitz, quien se define como un «pragmático», lo ha derrotado en un estado que se ha teñido de rojo con el trumpismo y en el que la línea más izquierdista choca con comunidades que han escapado de regímenes comunistas en Cuba, Venezuela o Nicaragua.

El candidato demócrata a gobernador de Florida, David Jolly (derecha), junto a su familia durante una fiesta por las elecciones primarias.
El candidato demócrata a gobernador de Florida, David Jolly (derecha), junto a su familia durante una fiesta por las elecciones primarias.Rebecca BlackwellAP

No todo han sido malas noticias para los socialistas en las primarias de Florida. La gran sorpresa se ha producido en la carrera por el Senado: Angie Nixon, afiliada al DSA, venció holgadamente al teniente coronel retirado Alex Vindman, quien fue un testigo clave en el primer proceso de impeachment contra Trump y tenía el apoyo de la plana mayor de los demócratas. Los millones que recaudó para la campaña no bastaron para opacar a su rival, quien ha declarado que no va a permitir que la cataloguen de «comunista» y se muestra muy crítica con el régimen de La Habana, consciente del peso de sus palabras entre el electorado cubanoamericano.

Aunque en un estado como Florida los progresistas encontrarán resistencia en noviembre, confían en el impulso que han tomado en otras partes del país. En las primarias de Minnesota, Peggy Flanagan se impuso a una contendiente más centrista para un escaño en el Senado. Y en Michigan ganó las primarias a la misma Cámara Alta el también progresista Abdul El-Sayed. Ambos lo lograron marcando distancias con el DSA (ni Flanagan ni El-Sayed militan en esta facción) y con el respaldo de Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, quieres lideran el movimiento progresista. El estratega David Axelrod, que en el pasado fue asesor del ex presidente Barack Obama, insiste en que el éxito con la base del Partido radica en subrayar lo que preocupa a los ciudadanos: la inflación, el problema de la vivienda, el alto coste de la sanidad y de la educación.

Mientras El-Sayed recalcó en su campaña que es un «capitalista» convencido, Francesca Hong, militante del DSA, al final salió derrotada por muy poco en las primarias a la gobernación en Wisconsin contra un demócrata más moderado, el afroamericano David Crowley. A Hong le hicieron daño controversias del pasado, como haber abogado por erradicar la festividad de Acción de Gracias o quitarles fondos a las autoridades policiales. Además, la izquierdista no contó el respaldo de Sanders, mentor de los jóvenes valores que en el Partido presionan por el cambio generacional. Según datos del Democratic Fundraising Platform Oath, más de 80 candidatos de la Generación Z y millennials aspirarán en este ciclo electoral contra congresistas demócratas que tienen más de 65 años.

Esto nos lleva a la situación en el Partido Republicano, que, más que un desafío generacional, que lo tiene -Donald Trump es el presidente de más edad en la historia del país-, lo que se juega es la pervivencia de su legado. En este ciclo de primarias, algunos de los candidatos que ha respaldado Trump han ganado, pero otros, como Mike Lindell, en Minnesota, han perdido contra republicanos menos plegados a la lealtad perruna que exige el mandatario. Lindell, un negacionista de los resultados de las elecciones presidenciales en 2020, perdió en las primarias a la gobernación contra una oponente más moderada. Era la tercera derrota de candidatos MAGA en dos semanas. El presidente se ha resarcido en las primarias de Florida con el triunfo de su candidato, Byron Donalds, quien aspira a ocupar el puesto de gobernador que deja DeSantis repitiendo el lema de América Primero.

Aunque no se diga en voz alta, dentro del Partido Republicano se debate si la retórica trumpista ya está en declive. El nerviosismo crece antes de unas elecciones de medio mandato que suelen ser un referéndum sobre la gestión del presidente de turno. Y los índices de aprobación de Trump son los más bajos que se registran de un inquilino de la Casa Blanca en su segundo mandato. Su promesa de rescatar la «grandeza» de Estados Unidos se ha disipado por el mal rumbo de la economía (no se puede culpar a los inmigrantes del alto coste de los huevos); el avispero en el que se ha metido con una costosa guerra contra Irán que no tiene visos de concluir. O el deterioro de una Administración cuyo presidente presta más atención a la construcción de su fastuoso salón de baile que a los hombres y mujeres que ha enviado a vigilar el Estrecho de Ormuz.

Es tiempo de bonanza para los estrategas políticos con sus mensajes y contra mensajes. Al final, ¿quién venderá con más maña la promesa de que todo irá a mejor? Dentro de dos años, los electores volverán a plantearse la viabilidad del sueño americano. O lo que queda de él.

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