Keir Starmer no se plantea dimitir de su escaño después de dejar el cargo de primer ministro a Andy Burnham, lo que previsiblemente sucederá en julio o agosto. Así lo ha indicado su equipo, para después de que en los últimos días se hubiera especulado con la retirada total de la política del todavía primer ministro británico. Usualmente, los jefes de Gobierno defenestrados por su propio partido suelen regresar a la Cámara de los Comunes y aguantar hasta las próximas elecciones, en las que a menudo no se presentan.
El todavía primer ministro británico descarta dejar su escaño tras el relevo de Andy Burnham, aunque su falta de base política augura un papel discreto en Westminster
Keir Starmer no se plantea dimitir de su escaño después de dejar el cargo de primer ministro a Andy Burnham, lo que previsiblemente sucederá en julio o agosto. Así lo ha indicado su equipo, para después de que en los últimos días se hubiera especulado con la retirada total de la política del todavía primer ministro británico. Usualmente, los jefes de Gobierno defenestrados por su propio partido suelen regresar a la Cámara de los Comunes y aguantar hasta las próximas elecciones, en las que a menudo no se presentan.
Ése fue el caso de los conservadores Margaret Thatcher y Theresa May, y también lo hubiera sido el de Boris Johnson de no haberse visto salpicado por otro escándalo más un año después de dejar el cargo de primer ministro. La única excepción es la de David Cameron, que solo aguantó un año en el escaño, hasta que un nuevo escándalo le forzó a dimitir, también, de ese cargo. En cuanto a Liz Truss, su intención era seguir en el Parlamento, pero en 2024 la ola laborista que aupó a Starmer al poder le costó la reelección.
Lo que hará Starmer en el Parlamento es una incógnita. Pero no parece que vaya a tener mucha influencia. Algunos ex miembros del Ejecutivo regresan a Westminster convertidos en lo que en el argot político británico se denomina «Animal Enorme» (Big Beast), porque mantienen parte del poder que tenían en el Gobierno. Ése fue el caso de Cameron y, antes que él, de Kenneth Clarke, que fue ministro cinco veces con Thatcher y su sucesor, John Major.
Starmer no tiene una base de poder, su ideología es la tecnocracia y deja el Gobierno con una impopularidad récord. Así que no tiene muchas opciones para que se le note. Pero, al menos de cara a la galería, el primer ministro está tratando de poner buena cara su defenestración. «Lo importante es el laborismo, y eso es lo que yo quiero que tenga éxito», habría dicho el jefe del Gobierno a la parlamentaria de su partido Samantha Niblett.
El aún primer ministro ha tenido hoy la habitual sesión de control en el Parlamento en la que la jefa de la oposición, la conservadora Kemi Badenoch, ha aprovechado para propinar a Starmer los previsibles ‘puyazos’ verbales por su descabalgamiento. Mientras tanto, Burnham está perfilando su futuro Gobierno, y sondeando un endurecimiento del ajuste fiscal de Starmer, exactamente lo contrario de lo que esperan sus partidarios.
Con todo, Starmer mantiene algunas líneas políticas que no van a mejorar su relación con Burnham. El primer ministro confirmó en el Parlamento que el plan de inversión en Defensa será publicado antes de que deje el cargo, lo que dejará a su sucesor, al menos en principio, las manos atadas en una cuestión de la máxima importancia no solo desde el punto de vista de la seguridad del Reino Unido sino, también, de la gestión de las finanzas públicas.
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