Se busca negociador para Vladimir Putin

«Sean justos con el enemigo o éste aborrecerá la paz». La frase se atribuye a Matthias Erzberger, el político que encabezó la delegación alemana encargada de firmar el armisticio de 1918 que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Sus palabras iban dirigidas a los franceses, suplicándoles evitar una humillación que, tal y como Erzberger predijo, acabó desembocando en la Segunda Guerra Mundial.

 «Sean justos con el enemigo o éste aborrecerá la paz». La frase se atribuye a Matthias Erzberger, el político que encabezó la delegación alemana encargada de fi  

«Sean justos con el enemigo o éste aborrecerá la paz». La frase se atribuye a Matthias Erzberger, el político que encabezó la delegación alemana encargada de firmar el armisticio de 1918 que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Sus palabras iban dirigidas a los franceses, suplicándoles evitar una humillación que, tal y como Erzberger predijo, acabó desembocando en la Segunda Guerra Mundial.

La figura del negociador ha sido clave a lo largo de la Historia y en especial en el devenir del continente europeo. En la actualidad, tras largas décadas de paz, Europa se encuentra de nuevo impulsando unas conversaciones para poner fin a un conflicto, y, para ello, hay que buscar al maestro de ceremonias más adecuado para llevar el diálogo a buen puerto.

Tras cuatro años de guerra en Ucrania, los líderes europeos evalúan un intermediario de cara a unas posibles negociaciones para poner fin al conflicto. Con los contactos entre Kiev y Moscú -impulsados por Estados Unidos- encallados a raíz de la guerra de Irán, Europa ha decidido reabrir un canal formal de interlocución con Rusia. «Es el momento», ha afirmado el presidente francés, Emmanuel Macron. «Por supuesto, hay de qué hablar», ha respondido el Kremlin. «Se debe determinar quién representará a Europa en las conversaciones», ha añadido Zelenski. Pero ¿quién puede ser el hombre o la mujer que logre la confianza de todas las partes para intentar cicatrizar la última gran herida abierta en Europa?

Este mismo mes de junio, el ex canciller alemán Gerhard Schröder fue visto en el lujoso Hotel Kempinski de Moscú. El que fuera líder de la socialdemocracia germana guarda una estrecha relación con Rusia, tanto en lo personal como en lo profesional. Adoptó a dos niños, Viktoria y Gregor, de orfanatos en San Petersburgo y firmó el polémico gasoducto Nord Stream con su socio Vladimir Putin a escasos días de salir de la Cancillería, en 2005, derrotado en las urnas por Angela Merkel. La presencia de Schröder en la capital rusa no habría llamado la atención en otro momento, pero los medios de comunicación teutones han destacado esta última visita, después de que el propio Putin lo propusiera recientemente como posible negociador.

La primera reacción al nombre de Schröder ha venido ya de Bruselas. «No queremos a un lobista de Rusia, ni Rusia va a nombrar un negociador en nuestro nombre», ha sentenciado la jefa de la diplomacia europea, la estonia Kaja Kallas, altamente sensible a los asuntos rusos.

La ruleta de nombres ha seguido girando y ha aparecido el de la mencionada Angela Merkel. La ex canciller democristiana mantuvo el Nord Stream y defendió la apuesta (ya fallida) de mantener con Rusia una relación basada en la premisa de que por donde pasa la mantequilla no cruzan los tanques. Putin y Merkel son viejos conocidos. Ambos compartieron el tablero geopolítico durante los tres lustros en los que la conservadora estuvo en el poder. Sin embargo, su relación distó de la que Putin mantuvo con Schröder. El líder ruso llegó a incomodarla en más de una ocasión, como cuando introdujo a su perro labrador Koni en un encuentro en Sochi, consciente de su fobia a estos animales. En todo caso, Merkel siempre apostó por una UE en diálogo constante con Moscú y, a día de hoy, aunque ha rechazado ser una eventual interlocutora con el Kremlin, se la considera una figura capaz de entender la lógica de Putin, con quien comparte tanto el haber crecido bajo la órbita comunista como la posibilidad de comunicarse directamente en ruso y alemán.

El presidente de Finlandia, Alexander Stubb, aparece también en las quinielas. Es una de las voces más respetadas de Europa y el artífice de la aplaudida doctrina del «realismo con valores»; no le es ajena la amenaza de Rusia, con la que su país comparte 1.300 kilómetros de frontera; y además es de los escasísimos líderes europeos del agrado de Donald Trump, gracias en buena parte a su gran dominio del golf, lo que le ha granjeado el respeto del mandatario estadounidense. Stubb es partidario de volver a sentarse en la alargada mesa de Putin, pero preferiría no ser él. «Si un país como Finlandia puede trabajar entre bastidores, facilitar y ayudar en estas negociaciones, adelante, pero yo personalmente no me veo como un representante en este asunto», ha dicho.

El ex presidente del Banco Central Europeo Mario Draghi cobra fuerza, a su vez, después de que un alto cargo ucraniano deslizara que «a Zelenski le gustaría alguien como Draghi». El tecnócrata italiano goza de una imagen de fiabilidad y su procedencia de un país que puede abordar el peligro ruso con mayor distancia lo ha situado entre los favoritos.

Frente a este listado de personalidades, hay un personaje que ha dado un importante paso al frente por su cuenta y ejerce de mensajero entre Putin y Zelenski: el oligarca ruso y ex propietario del Chelsea Roman Abramovich.

¿Quién será finalmente el susurrador de Vladimir Putin? Como apuntaba estos días Angela Merkel, «subestimar al líder ruso sería un error, pero infravalorar las capacidades de Europa, también».

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