Estados Unidos ha asombrado al mundo con su segunda gran operación militar en Venezuela. En esta ocasión, el objetivo no era la dictadura chavista, sino el mítico líder del Tren de Aragua (TdA), mafia transnacional surgida en la cárcel de Tocorón, a dos horas de Caracas. Desde sus instalaciones, reconvertidas en comandancia general del TdA, con discoteca, restaurantes, piscina, oficinas bancarias y hasta un zoológico, sus soldados se distribuyeron por las Américas, incluso llegaron a España, escondidos entre la diáspora gracias a la connivencia de la revolución chavista.
Un dron estadounidense acabó con la leyenda del líder del Tren de Aragua. Su fin le iguala con otros grandes capos históricos de la droga, como Pablo Escobar
Estados Unidos ha asombrado al mundo con su segunda gran operación militar en Venezuela. En esta ocasión, el objetivo no era la dictadura chavista, sino el mítico líder del Tren de Aragua (TdA), mafia transnacional surgida en la cárcel de Tocorón, a dos horas de Caracas. Desde sus instalaciones, reconvertidas en comandancia general del TdA, con discoteca, restaurantes, piscina, oficinas bancarias y hasta un zoológico, sus soldados se distribuyeron por las Américas, incluso llegaron a España, escondidos entre la diáspora gracias a la connivencia de la revolución chavista.
En Tocorón nadie volvió a llamar a Héctor Rusthenford Guerrero Flores por su nombre. El Niño Guerrero, con una recompensa cifrada en cinco millones de dólares, se convirtió en un caudillo misterioso en la era de las exhibicionistas redes sociales. Del temido delincuente, capaz de tejer una gruesa tela de araña donde cabía casi todo (microtráfico, extorsión, trata de personas, prostitución, sicariato, secuestros) no existen casi imágenes. La década gloriosa del TdA, con varios miles de integrantes, elevó al grupo del Niño Guerrero a los altares de la delincuencia continental, en competencia con los cárteles mexicanos, las guerrillas colombianas y las maras centroamericanas.
Quien se lo iba a decir a quien parecía un malandro de poca monta en su natal Maracay (capital de Aragua), un joven alocado que mató a un policía en 2005, cuando a Venezuela se la devoraba la mayor violencia urbana del planeta, capaz de asesinar cada 20 minutos. Tras una primera fuga de Tocorón, regresó a su cárcel favorita, condenado a 17 años por homicidio y tráfico de armas de guerra, para convertirse en el jefe de un grupo que comenzó a sonar en los medios como la primera gran banda venezolana, hasta ese momento caracterizada por la existencia de grupúsculos que se disputaban los distintos territorios.
Incluso su final, con 42 años, bombardeado por un dron como si de una guerra se tratara, le iguala con otros grandes capos históricos, como Pablo Escobar, en cuya biografía también destacan sus fugas carcelarias, como la protagonizada por Niño Guerrero en 2023, cuando Maduro envió a miles de sus agentes en una inútil demostración de fuerza: una extensa red de túneles facilitó su huida y la de sus hombres de confianza.
Desde entonces la rumorología le ha situado en distintos sitios, como corresponde a los grandes capos de la mafia: desde Colombia a una isla del Caribe, aunque todo apuntaba que se había hecho fuerte en el territorio salvaje de las minas de oro. Desde el lunes pasado, tropas venezolanas comenzaron una operación militar en el sur del Orinoco, donde el TdA ha traficado con el metal dorado y que ahora, bajo tutela de Washington, se quiere convertir en un lugar para inversiones internacionales.
«Ha sido eliminado un socio de la dictadura de Delcy y su cúpula, este criminal siempre estuvo bajo su protección. Desde la cárcel de Tocorón manejaba su imperio. Nada de eso hubiera sido posible si no hubiera protección y autorización de la dictadura y precisamente fueron ellos los que lo sacaron para llevarlo a otro destino como las zonas mineras para que les garantizara nuevos y mejores ingresos con el oro de sangre del arco minero», precisa Andrés Velásquez, dirigente opositor a quien el chavismo arrebató la gobernación de Bolívar, estado fronterizo con Brasil donde se encuentran las minas, para entregársela a un general que participaba en el negocio del contrabando de oro.
El giro geopolítico en esta zona del mundo acabó con quien parecía inmortal. «Bajo mis órdenes, el Comando Sur llevó a cabo un ataque cinético rápido y letal para eliminar a Niño Guerrero, el infame líder del Tren de Aragua, una de las organizaciones terroristas más infame del planeta», anunció Donald Trump justo cuando su selección debutaba con su primer gol en el Mundial de Fútbol.
Dos horas más tarde reaccionó el gobierno encargado de Delcy, que aseguró que se trató de «una operación combinada entre organismos de seguridad».
Militares rebeldes en el exilio han desvelado que la operación comenzó hace dos semanas con la llegada a Caracas del general Dan Caine, comandante del Estado Mayor Conjunto, quien habría lanzado un ultimátum para acabar con el líder del TdA. El bombardeo con drones del viernes abre además varios interrogantes sobre otros grupos que han convertido a Venezuela, por su cercanía con Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en su santuario, ya sea el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y Segunda Marquetalia, una de las disidencias de las FARC.
Al primer vídeo publicado por Trump en sus redes sociales, similar a los que acompañan los hundimientos de las narcolanchas en el Caribe y en el Pacífico, con la diferencia de que esta ocasión se trataba de una casa rural en las Claritas, corazón del Arco Minero, se añadieron ayer imágenes de mineros y pobladores, que confirman el ataque. Eso sí, para la mayoría de la gente se trataba del cuartel general del Sindicato (mafia local) y no de la guarida del más buscado en Venezuela.
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