Israel se encuentra en alerta ante la posibilidad de que Irán le incluya entre sus objetivos en el intercambio de ataques con Estados Unidos en torno al Estrecho de Ormuz y a los desentendidos del Memorando de Entendimiento. De momento, el régimen iraní no lanza misiles hacia territorio israelí sino advertencias que son mutuas.
El presidente Trump es cada vez menos popular en el país, sobre todo desde el acuerdo con Teherán
Israel se encuentra en alerta ante la posibilidad de que Irán le incluya entre sus objetivos en el intercambio de ataques con Estados Unidos en torno al Estrecho de Ormuz y a los desentendidos del Memorando de Entendimiento. De momento, el régimen iraní no lanza misiles hacia territorio israelí sino advertencias que son mutuas.
«Estamos preparados para cualquier escenario. Solo puedo decirles una cosa, y se la digo a los dirigentes de Irán: no den por hecho que habrá calma si nos atacan. No den por hecho que habrá una repetición de la acción que ya fue lo suficientemente poderosa. Será una respuesta diferente, mucho más contundente«, ha avisado el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu sin perder de vista lo que sucede en Jerusalén (disolución de la Knésset 25 ante las elecciones en octubre), Teherán (el gran enemigo) y Washington (el gran aliado).
Tres focos que confluyen en su deseo de reunirse lo antes posible con el presidente estadounidense Donald Trump. El firmante del acuerdo con Irán es el mismo que eleva la apuesta militar de forma aún controlada. Es decir, ataques limitados en respuesta a las acciones iraníes contra buques, dejando al margen a su partner israelí en la guerra que iniciaron el pasado 28 de febrero.
No es descabellado pensar que hay dirigentes en Israel deseando que el régimen iraní cometa «el error» de atacarles para así poder reanudar su ofensiva aérea en Irán. Especialmente después de que, a principios de junio, Trump exigió a Netanyahu no responder de forma amplia al disparo de misiles iraníes contra territorio israelí tras el bombardeo contra un objetivo de Hizbulá en Beirut.
La Fuerza Aérea israelí se sumaría a la escalada en el caso de un ataque iraní, la identificación de preparativos para realizarlo de forma inmediata o si EEUU se lo pide.
De momento, Israel se limita a tener sus baterías defensivas antiaéreas y sus cazas de combate en alerta ya que todo puede cambiar en minutos pasando de observador a jugar el partido.
Las autoridades israelíes tomaron nota el jueves de los avisos procedentes de Irán de extender sus represalias a otros frentes en caso de que Estados Unidos siga sus bombardeos y los amplíe contra puentes y centrales eléctricas tal y como advierte Trump si Teherán no regresa a la mesa de negociaciones.
El zigzag de Trump en la región y su creciente impaciencia hacia Netanyahu suponen un desafío para la estrategia regional y política del veterano dirigente. Éste debe oscilar entre presumir de estrechas relaciones con Trump o criticarle para demostrar a los suyos que sabe decirle «no» en asuntos de Estado. Su línea es seguir apostando por elogiar a Trump como «el mejor aliado que nunca tuvo Israel» y deslizando críticas «suaves» como por ejemplo contra la posible venta de los cazas F-35 a Turquía.
Otro factor en el juego de equilibrios en Israel es la repentina reducción del respaldo de Trump motivado en primer lugar por el memorando firmado con el régimen de los ayatolás. Su enorme popularidad entre los israelíes en sus seis años presidenciales ha caído en picado en el último mes.
Trump ha pasado de ser visto como «el mejor amigo» que trasladó la embajada a Jerusalén, que impulsó los Acuerdos de Abraham con varios países árabes, que logró la vuelta de los secuestrados de Gaza, al imponer un acuerdo de alto el fuego; el que lanzó con Israel una ofensiva aérea sin precedentes contra el régimen iraní, a ser considerado por muchos como quien decide en sus asuntos internos -y encima presume de ello- y sobre todo quien «capituló» ante Irán tras el tocado pero no hundido Memorando de Entendimiento.
Según la mayoría de analistas locales en Israel, dio a Irán una victoria estratégica para permitir la reapertura del Estrecho de Ormuz sin que incluyese ningún compromiso sobre su plan nuclear, sus misiles balísticos y su apoyo a grupos como Hizbulá (Líbano), Hamas (Gaza) o Hutíes (Yemen).
Otra razón del malestar especialmente en el Gobierno israelí es la decisión de Trump de imponer el alto el fuego aunque limitado en Líbano. Lo que para él era una medida imprescindible para evitar el descarrilamiento de la vía negociadora con Irán, para Israel es una línea roja que le evita golpear a Hizbulá especialmente en su feudo en Beirut.Trump además declaró que Siria lo haría mejor que el Tsáhal ante el grupo proiraní.
La alianza y amistad de Trump con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan -«entre nosotros es química» en palabras del primero- y la posible venta de los F-35 no ayudan precisamente a su imagen en un país que ve al líder islamista como «antisemita que sueña restaurar el Imperio Otomano».
Tampoco sus declaraciones asegurando que Israel sería borrado del mapa sin EEUU bajo su mando.
Otro motivo del desencanto, rozando la incredulidad, en Israel es su interferencia sin precedentes exigiendo al presidente Isaac Herzog el indulto para Netanyahu en su juico por corrupción. Incluso diputados de la coalición ultranacionalista no vieron bien un paso acompañado por insultos a Herzog.
«Me resulta imposible entender como una persona judía puede votar por el Partido Demócrata…porque yo he sido el mejor presidente en la historia de Israel. Por cierto, en Israel creo que estaba en el 99% o algo así», declaró Trump ofreciendo un dato imposible. Según un sondeo del Canal 12, realizado tras el acuerdo con Irán en junio, indicaba que el 42% de los israelíes cree que Trump es malo para Israel mientras el 21% lo sigue considerando bueno y el 37% sencillamente no sabe.
Si hace medio año, el 72% le consideraba el presidente estadounidense más amistoso con Israel en su historia, hoy la cifra se reduce al 54%. Según un sondeo del Instituto Israelí para la Democracia, el 28% de los israelíes consideraba en junio que la seguridad de Israel es una consideración central de Trump mientras en mayo así lo pensaba el 44%.
«Nos llevamos muy bien. Tu sabes quién es el jefe. Él también sabe quién es el jefe«, dijo Trump a un periodista de Axios en el marco de su dilatado historial de referencias sobre Netanyahu. Si algunas palabras de Trump y sobre todo del vicepresidente, JD Vance, en los últimos dos meses fueran firmadas por Barack Obama o Joe Biden, Netanyahu hubiera respondido de forma rotunda y pública.
La enorme cautela con la que se mueve contrasta con el órdago que lanzó a Obama en 2015 cuando, a sus espaldas, realizó un discurso en el Congreso para arremeter contra el acuerdo nuclear con Irán. Hoy no puede hacer lo mismo con el imprevisible Trump y un cada vez más enfadado Vance. Además, Israel es cada vez menos popular no solo entre demócratas sino también entre los republicanos.
La calculada prudencia de Netanyahu ante el inquilino de la Casa Blanca contrasta con la dureza de algunos comunicadores afines. En el Canal 14, donde celebraron con una euforia indescriptible la victoria electoral de Trump, un presentador famoso por su ilimitado apoyo a Netanyahu le llamó «perdedor» e insultó a Vance tras el acuerdo de Irán.
Internacional. Noticias internacionales. Última hora
