A esta altura es un clásico en los mítines de Luiz Inácio Lula da Silva: el presidente hace notar que nadie pensó en una mujer como oradora y que todos los que hablaron en ese acto fueron hombres. Al rescate suele salir Janja, su esposa, que se dirige con tono de escarmiento hacia el poder masculino. «Esta vez les hablaré sólo a ustedes, a las mujeres», dijo recientemente ante la cara de desconcierto y culpa de la platea mayoritariamente masculina que escuchaba.
Lula y Bolsonaro cortejan un voto femenino decisivo mientras sus partidos siguen sin traducir esa mayoría electoral en poder político
A esta altura es un clásico en los mítines de Luiz Inácio Lula da Silva: el presidente hace notar que nadie pensó en una mujer como oradora y que todos los que hablaron en ese acto fueron hombres. Al rescate suele salir Janja, su esposa, que se dirige con tono de escarmiento hacia el poder masculino. «Esta vez les hablaré sólo a ustedes, a las mujeres», dijo recientemente ante la cara de desconcierto y culpa de la platea mayoritariamente masculina que escuchaba.
«Somos mayoría y vamos a elegirte nuevamente», añadió en tono eufórico Janja, 21 años menor que su esposo, que buscará en octubre ser elegido presidente por cuarta vez y gobernar entre los 81 y los 85 años el noveno PIB mundial.
Lula, que en sus habituales momentos de espontaneidad es un compendio de comentarios machistas, lanzó otro mensaje: los hombres deben «aprender desde niños que un hombre no es mejor que una mujer, tienen que aprender que somos iguales».
Hay buenas razones para que cualquier candidato halague a las mujeres en Brasil: son el 53% de los 158 millones de votantes en un país que instituyó el voto femenino hace ya 94 años, aunque siguen claramente subrepresentadas en el Parlamento y otros cargos electivos.
El Partido de los Trabajadores (PT) de Lula podría esgrimir que la primera presidenta, Dilma Rousseff, llegó de sus filas, pero la ex mandataria fue destituida en un polémico proceso de impeachment y, desde entonces, recluida en China al frente del Banco de los BRICS, no es una figura que genere consensos ni simpatías.
De hecho, ninguna de las dos fórmulas más fuertes incluye a una mujer. Lula volvió a elegir al centroderechista Geraldo Alckmin como su candidato a vicepresidente, en tanto que Bolsonaro optó por Alfredo Gaspar, un diputado que tiene como mayor mérito ser un acérrimo anti-Lula.
El hijo mayor del ex presidente Jair Bolsonaro intentó convencer a Tereza Cristina, prestigiosa senadora y ex ministra de su padre, de ser su compañera de fórmula. Ella incluso aceptó, pero su formación política, el Partido Progresista, de centroderecha, bloqueó el intento.
La gran figura femenina del bolsonarismo es Michelle, la esposa del ex presidente, que tiene sus propias y grandes aspiraciones. Pero Michelle, que puede ser un poderoso elemento de tracción del voto femenino a favor de Flávio, no ejerce hoy precisamente ese papel.
La ex primera dama acusó a su hijastro de haberla maltratado, en un culebrón que incluyó videos cruzados, su renuncia a participar en la campaña y luego una tibia reconciliación. ¿Qué piensa una mujer de un candidato acusado por otra mujer, la esposa de su padre, de haberla agredido verbalmente? Algunas de las respuestas se podrán intuir tras la primera vuelta del 4 de octubre.
A Lula se lo acusa, y con bastante razón, de no haber trabajado lo suficiente para crear una sucesión en el PT. Fracasado el «experimento Dilma», Fernando Haddad fue candidato en 2019 sólo porque Lula estaba en prisión e inhabilitado. A Marina Silva, candidata a presidenta un par de veces como representante de una izquierda medioambientalmente sensible, la cooptó para sus gobiernos, como ministra, y lo mismo hizo con Simone Tebet, representante de un centroderecha moderado. Gleisi Hoffmann, por años presidenta del PT, ex ministra y hoy diputada, no fue más allá de eso.
La subestimación de la mujer como sujeto capaz de ejercer el poder político no es, sin embargo, exclusiva de los grandes partidos. El Supremo Tribunal Federal sólo tiene una mujer –Cármen Lúcia– entre sus once miembros, y recientemente una columnista de Folha de São Paulo, Joanna Moura, debió disculparse por haber escrito un texto en el que denunciaba la inexistencia de candidatas a la presidencia, cuando en realidad hay dos.
«Samara Martins es una mujer negra, dentista, madre de dos hijos y una de las fundadoras de la UP (Unidad Popular), partido por el que se presenta como candidata a la presidencia. Tras la publicación de la columna, la abogada Clariana Barao también fue confirmada como candidata por el partido DC (Democracia Cristiana)», escribió Moura.
«Para que la campaña electoral sea más justa, es necesario dar cabida a diferentes voces, especialmente a aquellas que suelen ser silenciadas. Por mi parte, intentaré no caer de nuevo en la trampa de ser cómplice del silenciamiento de las mujeres«, concluyó.
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