Un Papa y un presidente, por primera vez, coinciden en el mismo momento histórico siendo los estadounidenses más importantes del mundo. El jefe de la Casa Blanca, hace unas semanas, atacó por primera vez al Pontífice sentando un grave precedente en las relaciones entre EEUU y el Vaticano. Antonio Spadaro (Messina, 1966), sacerdote, jesuita, periodista y persona de confianza del Pontífice Francisco; es hoy subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede y conocida firma en medios italianos como La Repubblica y ex director de la revista jesuita La Civiltà Cattolica. En una entrevista con EL MUNDO analiza el desafío dialéctico y mesiánico de Trump ante dos «cristianismos diferentes» y dos «antropologías incompatibles».
Este sacerdote, jesuita y periodista analiza el desafío dialéctico y mesiánico del presidente de EEUU ante dos «cristianismos diferentes» y dos «antropologías incompatibles»
Un Papa y un presidente, por primera vez, coinciden en el mismo momento histórico siendo los estadounidenses más importantes del mundo. El jefe de la Casa Blanca, hace unas semanas, atacó por primera vez al Pontífice sentando un grave precedente en las relaciones entre EEUU y el Vaticano. Antonio Spadaro (Messina, 1966), sacerdote, jesuita, periodista y persona de confianza del Pontífice Francisco; es hoy subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede y conocida firma en medios italianos como La Repubblica y ex director de la revista jesuita La Civiltà Cattolica. En una entrevista con EL MUNDO analiza el desafío dialéctico y mesiánico de Trump ante dos «cristianismos diferentes» y dos «antropologías incompatibles».
- ¿En qué momento se encuentra el Pontificado de León XIV después del primer año?
- Su Papado arrancó ante un mundo que se encontraba y se halla en una condición de desmoronamiento acelerado: la guerra en Ucrania todavía en curso, Oriente Próximo en llamas, el ataque americano-israelí a Irán, Venezuela bajo presión militar, África en medio de conflictos olvidados, el sistema multilateral desgastado y las instituciones internacionales vaciadas. No era el momento de un Pontificado de transición, sino uno de asentamiento.
- ¿Con qué objetivo?
- Mantener unido aquello que se rompe, como esencia de su Pontificado. No es la búsqueda de un equilibrio intermedio en el que todos pierden algo. Sino un método agustino: la unidad como tensión, no como uniformidad. Lo dijo con claridad desde el principio: las divisiones, las contraposiciones y la polarización, son trampas que paralizan la misión. No se trata de nivelar, sino de reconocer las diferencias dentro de la Iglesia Católica en el mundo.
- Donald Trump, fuera de toda lógica, afirmó que el Papa León XIV «está poniendo en peligro a muchos católicos» al apoyar que «Irán tenga armas nucleares» y aseguró que «le gusta el crimen». Palabras sin ningún fundamento.
- La idea de que el Papa «ama el crimen» o «aprueba el arma nuclear iraní» es totalmente absurda, roza lo inverosímil si no fuera el jefe de una de las instituciones más antiguas del mundo.
- ¿Qué sentido tiene esta narrativa contra el Pontífice creando una crisis sin precedentes entre EEUU y la Santa Sede?
- Trump necesita un adversario reconocible. Su lenguaje político es teatral: hace falta un héroe y un villano, un duelo identificable, un desafío personal. El problema es que León XIV rechaza entrar en esa dramaturgia. El Papa no ataca a Trump: enuncia principios evangélicos. Y esos principios son anteriores a Trump y sobrevivirán a Trump.
- Como el contundente rechazo a la guerra.
- La condena de la guerra no es una opinión política disfrazada de fe: es una consecuencia directa del Evangelio, de la antropología cristiana fundada sobre el imago Dei en cada ser humano, en la centralidad de la cruz como rechazo a la violencia. Cuando León XIV declara que la guerra es impensable o moralmente indefendible, no sólo está expresando una opinión religiosa. Está redefiniendo la posición de los católicos en la vida pública, con efectos concretos en la opinión pública global. Esta influencia normativa es la que Trump trata de neutralizar con sus ataques. Pero cuanto más la ataca, más la reconoce. Es una contradicción en la que ha entrado él solo.
- Tras los ataques del presidente de EEUU, Prevost ha demostrado una gran contundencia y fortaleza. Las palabras «no tengo miedo de la Administración Trump» fueron un antes y un después.
- Se trata de una cualidad que siempre estuvo ahí. El «antes y después» no tiene relación con la persona de Prevost, sino con nuestra percepción de él. El Pontífice ha elegido, desde el primer momento, una fórmula fulgurante: una paz «desarmada y desarmante». Ese doble adjetivo, pasivo y activo juntos, describe su forma de ejercer la autoridad: no grita, pero es escuchado. A nivel político internacional, con León XIV se consolida la idea, algo que se comprobó con Francisco, de que el Papa es el único líder moral de alcance global.
- León XIV, en Semana Santa, subrayó que hacer la guerra es ir en contra de Dios y de Jesús. ¿Cuál es el peligro, en lo teológico, del discurso mesiánico y belicista de la actual Administración de EEUU?
- El peligro no es la retórica belicista en sí, sino su sacralización: la investidura del poder político de una función mesiánica, la transformación del líder en figura casi divina, la identificación de la nación con un sujeto teológico-redentor. Esto es lo que la tradición cristiana llama idolatría. Las imágenes de Trump como mesías no son simples provocaciones satíricas, sino el síntoma visible del evangelicalismo político estadounidense que está realizando una síntesis entre fe cristiana y nacionalismo americano.
- ¿Qué diferencias hay, en términos de cristianismo, entre Prevost y Trump?
- La diferencia es radical. Trump representa una fe cristiana en versión instrumental: como pegamento identitario y como legitimación del poder. León XIV representa una versión sustancial: la fe como transformación interior y una visión crítica del poder, a través de una solidaridad concreta con los pobres y una apertura universal que precede cualquier pertenencia nacional.
- Desde que fue elegido se destaca al Papa León XIV como el anti-Trump. ¿No es más bien Trump el anti-Prevost?
- Definir a León XIV como el anti-Trump significa aceptar la gramática trumpiana del mundo, en la que el presidente estadounidense es el centro de la escena y todos los demás se definen en relación a él: a favor o en contra, aliados o enemigos. Es una visión narcisista del poder, pero que no corresponde a la realidad. Quien presenta todo esto como un duelo, el de León contra Trump, hace una lectura equivocada y reductiva. Y favorece a quien quiere retratar al Papa como un rival político que hay que derrotar. No es lo que está ocurriendo: no es el Papa contra un presidente, sino un Papa contra la guerra.
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