¿Y si nadie defiende Taiwan?

Después de acostumbrarnos al insulto a adversarios y amigos, DonaldTrump ha medido cada palabra ante Xi Jinping con suma delicadeza. Pekín le ha embelesado con una cumbre entre emperadores, de igual a igual, y le ha dejado claro que Taiwan es su principal preocupación. Según Trump, el propio Xi le preguntó si defendería el territorio en caso de ataque.

 El viaje de Trump a China no ha alterado formalmente ni una coma la política oficial de la Casa Blanca sobre la isla  

Después de acostumbrarnos al insulto a adversarios y amigos, DonaldTrump ha medido cada palabra ante Xi Jinping con suma delicadeza. Pekín le ha embelesado con una cumbre entre emperadores, de igual a igual, y le ha dejado claro que Taiwan es su principal preocupación. Según Trump, el propio Xi le preguntó si defendería el territorio en caso de ataque.

«Le dije que yo no hablo de eso», aclaró el presidente en el Air Force One, haciendo gala de la ambigüedad estratégica que Washington maneja desde 1979.

El régimen chino aspira a dominar la isla de aquí a 2049, antes de que cumpla un siglo fuera de su control. Xi Jinping cree que la «reunificación» es «esencial para el rejuvenecimiento de la nación». Si Pekín da el paso por las bravas, ¿qué hará Estados Unidos? La posibilidad de un choque militar entre superpotencias ha alimentado miles de análisis, señalando la guerra casi como un destino inevitable.

El consenso entre los estrategas de Estados Unidos es que Washington debe fortalecer al máximo la disuasión para que el coste del asalto sea demasiado elevado para China. Si Pekín logra su objetivo, obtendría mayor profundidad estratégica en el Mar del Sur de China desde un punto crítico para el tráfico marítimo mundial.

Taiwan es el canario en la mina para otros países del Pacífico. Dejar caer la isla tumbaría la credibilidad de Washington ante sus aliados en la región. Sabrían desde ese momento que nadie vendrá al rescate. Como fábrica del 90% de los chips más avanzados, Taiwan es también un elemento principal en la competencia tecnológica entre los dos países.

Son razones de peso para defender la isla, pero no todos en Washington comparten el argumento. Los think tanks más reacios al intervencionismo consideran que implica demasiados riesgos y puede arrastrar a EEUU a un escenario catastrófico, cuando China ya supera en número de buques —no en capacidades— a la US Navy. Los restrainers creen que la caída de Taiwan sería un revés estratégico para Washington, pero no un desafío existencial. Incluso podría servir de revulsivo si EEUU conserva la superioridad militar desde la segunda cadena de islas que rodea China a la vez que aliados como Japón y Corea del Sur aceleran su rearme por temor a nuevos ataques. Washington podría impulsar la fabricación doméstica de chips avanzados y conservar la propiedad intelectual de los modelos más sofisticados. De hecho, el plan de repatriación de la industria ya está en marcha desde tiempos de Biden, con esperanzas de lograr suficiente capacidad a partir de 2030.

El viaje de Trump a China no ha alterado formalmente ni una coma la política oficial de la Casa Blanca sobre Taiwan. Otra cosa son las declaraciones posteriores del presidente. Trump ya ha dejado en el aire el mayor contrato de armas estadounidenses a la isla —14.000 millones de dólares— para usarlo como baza negociadora con Xi Jinping. Ha acusado a Taiwan de robar a Estados Unidos la industria de los microchips y ha recalcado que la isla está demasiado lejos si hay que ir en su ayuda. Como es habitual, el presidente hace ver que todo es negociable. Lo ha hecho con los aliados europeos y en la defensa de Ucrania. Todo está en venta. Quizá también Taiwan y su democracia.

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