Gotland, una gran isla caliza formada sobre antiguos arrecifes, fue uno de los principales puertos en el medievo. Otra isla menor, Fårö, separada del norte de Gotland por un estrecho, comparte sus suelos pobres y playas pedregosas. En invierno es un aletargado satélite de hielo sobre caliza, y sin embargo, durante siglos fue tierra de pescadores y campesinos, antes de quedar asociada al cine de Ingmar Bergman. Hoy es un enclave estratégico para proteger el Báltico si Rusia lanzase una escalada en esa zona: es el trozo de tierra firme que está más en el centro de un mar bautizado como «lago de la OTAN» desde que Suecia y Finlandia se sumaron a la Alianza aprovechando que EEUU está más desvinculado que nunca de Europa.
El país afronta sus primeras elecciones en la OTAN con un rearme aún incompleto: «Militarmente hemos despertado, pero todavía estamos en pijama»
Gotland, una gran isla caliza formada sobre antiguos arrecifes, fue uno de los principales puertos en el medievo. Otra isla menor, Fårö, separada del norte de Gotland por un estrecho, comparte sus suelos pobres y playas pedregosas. En invierno es un aletargado satélite de hielo sobre caliza, y sin embargo, durante siglos fue tierra de pescadores y campesinos, antes de quedar asociada al cine de Ingmar Bergman. Hoy es un enclave estratégico para proteger el Báltico si Rusia lanzase una escalada en esa zona: es el trozo de tierra firme que está más en el centro de un mar bautizado como «lago de la OTAN» desde que Suecia y Finlandia se sumaron a la Alianza aprovechando que EEUU está más desvinculado que nunca de Europa.
Gotland resume en una isla todo el giro militar de Suecia. Durante la Guerra Fría podía reunir unos 25.000 soldados tras una movilización completa, pero el último gran regimiento fue clausurado en 2005 y sólo quedó una reducida Guardia Nacional. La anexión rusa de Crimea cambió los cálculos despreocupados de Estocolmo en 2014. En realidad fue un año antes cuando se produjo el despertar: cuando una medianoche fueron detectados dos bombarderos Tu-22M3 escoltados por cuatro cazas Su-27 acercándose desde San Petersburgo.
Normalmente siempre giran al sur al pasar junto a Kaliningrado, el enclave donde Rusia tiene colocados misiles hipersónicos, cazas y -según analistas- cabezas nucleares. Pero esta vez siguieron su ruta, directos hacia Gotland. Era un ensayo de ataque nuclear, con dos objetivos situados en la Suecia continental, uno de ellos a poco más de un kilómetro de uno de los palacios de la familia real sueca. Tal y como habían calculado los rusos, ningún caza sueco les salió al encuentro: era festivo y los pilotos que montan guardia en modo alerta rápida estaban en casa con sus familias.
Suecia celebró este domingo su primera elección parlamentaria como miembro de la OTAN después de cerrar en 2024 una tradición de neutralidad y no alineamiento que se remonta a 1812. La Defensa ha pasado por la campaña sueca como una política de Estado más que como una disputa diaria, pero las compras muestran el tipo de guerra que Suecia quiere poder afrontar: HIMARS aporta fuego de precisión a larga distancia, más Patriot, misiles de crucero y antibuque. Sus corbetas Visby recibirán defensa aérea y la flota sumará cuatro fragatas francesas. «Suecia no está en guerra. Pero tampoco hay paz», dijo el primer ministro Ulf Kristersson hace un año y medio. «El gasto en Defensa alcanza niveles históricos y las alianzas con amigos pronto podrían desaparecer», titulaba el diario Svenska Dagnbladet hace dos semanas.
Rusia es una sombra alargada, pero distante. «La adhesión ha reducido el número de cuestiones que Rusia puede explotar, porque la pertenencia de Suecia a la OTAN ha dejado de ser una cuestión abierta: ya somos miembros y formamos parte de la planificación de una seguridad común europea», apunta Magnus Hjort, director general de la Agencia Sueca de Defensa Psicológica, que en cuanto a los rusos cree que «su objetivo principal en Europa consiste en convencernos de que dejemos de apoyar a Ucrania».
Suecia estudió entre 1945 y 1972 fabricar su propia bomba antes de abandonar el proyecto. Algunas voces instan a recuperar la idea: «Suecia debería recuperar el programa nuclear, desarrollar una capacidad real de disuasión es mucho más importante que participar en el juego retórico que mantenemos actualmente con Rusia», explica Johan Wennström, politólogo e investigador de la Universidad Sueca de Defensa. Es autor de The Stay Behinds: Sweden’s Cold War Guardians, que describe la organización secreta creada en 1949 para preparar una resistencia clandestina si la Unión Soviética ocupaba Suecia.
Con esa quietud nórdica, los suecos han ido reforzando su fuerza militar de una manera mucho más callada que los bálticos, que necesitan una interacción permanente con el resto de los socios debido a su exposición y su escasa profundidad estratégica. Pero el factor Suecia en cualquier guerra salta a la vista sólo con mirar el mapa: ocupa la larga orilla occidental del Báltico, su extremo meridional vigila, junto con Dinamarca, los estrechos que comunican este mar con el Atlántico. En una crisis, las carreteras, vías férreas, bases aéreas y terminales suecas servirían para trasladar fuerzas y suministros entre ambos espacios: el territorio sueco funciona a la vez como flanco, retaguardia y corredor de refuerzo.
El problema es que algunas de esas capacidades todavía sólo existen sobre el papel, y si una escalada se produjese este año Suecia no podía dar toda la ayuda necesaria. «Diría que militarmente hemos despertado, pero todavía estamos en pijama«, explica un analista del Ministerio de Defensa.
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