La resaca del terremoto electoral de Sajonia-Anhalt ha dejado en Alemania una bronca política que va mucho más allá del resultado de las urnas y que vuelve a colocar en el centro del debate una palabra cargada desde hace años de polémica: «remigración». Es el término que utiliza Alternativa para Alemania (AfD) para definir una parte sustancial de su política migratoria y al que Friedrich Merz acaba de dar una dimensión mucho más explosiva. Para el canciller alemán, «remigración» no es otra cosa que «un sinónimo de limpieza étnica».
Merz dijo ayer que es un sinónimo de «limpieza étnica», lo que retrotrae al nazismo. El concepto que maneja la formación de Sajonia-Anhalt no se circunscribe a los inmigrantes ilegales, figuran expresamente los ucranianos
La resaca del terremoto electoral de Sajonia-Anhalt ha dejado en Alemania una bronca política que va mucho más allá del resultado de las urnas y que vuelve a colocar en el centro del debate una palabra cargada desde hace años de polémica: «remigración». Es el término que utiliza Alternativa para Alemania (AfD) para definir una parte sustancial de su política migratoria y al que Friedrich Merz acaba de dar una dimensión mucho más explosiva. Para el canciller alemán, «remigración» no es otra cosa que «un sinónimo de limpieza étnica».
La expresión no es inocua. «Limpieza étnica» tiene una gravedad excepcional en cualquier país, pero pronunciada por un canciller alemán adquiere una carga histórica particularmente explosiva. Remite a la expulsión de poblaciones por criterios étnicos y roza inevitablemente la memoria de las políticas raciales del nazismo.
De ahí la relevancia de la reacción de Michael Wolffsohn, historiador germano-israelí, especialista en historia judía y descendiente de una familia judía alemana que huyó del nazismo a Palestina. «Con toda la crítica que merecen los planes de remigración de la AfD, no se puede hablar de limpieza étnica«, declaró a Bild. Wolffsohn reclama además una desescalada del lenguaje político: «No deberíamos echar ahora todavía más aceite al fuego».
No es una objeción aislada. Oliver W. Lembcke, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Bochum e investigador sobre democracia, considera que Merz hace una interpretación «muy agudizada» del programa de la AfD. El politólogo reconoce que el canciller señala un problema real: la concepción étnica del pueblo presente en el partido y su aspiración a una mayor homogeneidad. Pero cuando se trata de equipararla con una limpieza étnica marca distancias: «Considero que es la categoría equivocada».
La distinción no es menor. Este mismo jueves, mientras Alemania discutía las palabras de Merz, su ministro del Interior, Alexander Dobrindt, comparecía en el Bundestag para presumir precisamente del endurecimiento de la política migratoria del Gobierno. «Hemos convertido la ola migratoria en un giro migratorio», afirmó.
Dobrindt acompañó la frase con cifras. Según el ministro, las solicitudes iniciales de asilo han caído un 75% respecto a 2024; desde el comienzo de la legislatura se han impedido 60.000 entradas ilegales y 42.000 personas sin derecho de asilo han sido devueltas durante el primer año de la coalición. Alemania, añadió, ha pasado de ser el principal destino de la inmigración irregular en Europa al cuarto, por detrás de Francia, Italia y España.
Y quiere ir más lejos. Dobrindt pretende establecer los llamados «Return Hubs», centros de retorno en terceros países fuera de la Unión Europea a los que puedan ser trasladadas personas sin derecho de asilo cuando no sea posible devolverlas directamente a sus países de origen.
Deportar, por tanto, no es la anomalía del debate alemán. Es política de Gobierno. El propio Merz lo reconoció en la misma intervención en la que acusó a la AfD de promover una «limpieza étnica»: existe consenso dentro de la coalición, dijo, en que hay personas que no tienen derecho a permanecer permanentemente en Alemania y en que deben producirse más deportaciones.
La frontera entre el Gobierno y la AfD no puede trazarse, por tanto, simplemente entre quienes quieren expulsiones y quienes se oponen a ellas. Ambos defienden deportaciones. La cuestión es otra: a quién se pretende expulsar y con qué criterios.
La AfD sostiene que cuando habla de «remigración» se refiere a extranjeros que carecen de derecho a permanecer en Alemania y que cualquier expulsión debe realizarse dentro de la ley. Bernd Baumann, uno de sus principales dirigentes parlamentarios, respondió a Merz que para su partido el término significa «la deportación consecuente —de acuerdo con la ley— de todos los extranjeros obligados a abandonar el país; nada más». Atribuirle una política de limpieza étnica, sostuvo, es un intento de demonizar a la AfD para mantener en pie el cortafuegos político levantado a su alrededor.
Pero el concepto que maneja la AfD de Sajonia-Anhalt no se circunscribe a los inmigrantes ilegales. Entre los colectivos a los que apunta figuran expresamente los ucranianos. Su programa plantea una «ofensiva de remigración hacia Ucrania», con medidas destinadas a incentivar su regreso. No se trata, por tanto, únicamente de afganos, sirios o inmigrantes procedentes de África y Oriente Próximo: los ucranianos son europeos, mayoritariamente blancos y de tradición cristiana.
La palabra funciona además en sentido inverso. El mismo programa incluye un «programa de remigración para profesionales alemanes emigrados», destinado a conseguir que médicos, ingenieros, científicos, técnicos y otros trabajadores cualificados que abandonaron Alemania regresen al país. El propio Ulrich Siegmund lo ha resumido como recuperar a «nuestra propia gente».
La palabra tiene también una historia que conduce a Potsdam. El 25 de noviembre de 2023, en un hotel próximo a la capital de Brandeburgo, se celebró una reunión mantenida en secreto entre representantes de la derecha radical, miembros de la AfD y empresarios. El encuentro no se conoció hasta enero de 2024, cuando la organización de investigación Correctiv publicó una reconstrucción que provocó una conmoción política y manifestaciones multitudinarias contra la extrema derecha en numerosas ciudades alemanas.
El protagonista de aquella reunión fue Martin Sellner, activista austríaco y una de las figuras del movimiento identitario. Sellner presentó allí su concepto de «remigración». Lo que describió iba bastante más allá de acelerar la deportación de extranjeros sin derecho de residencia.
Según la reconstrucción de Correctiv, el proyecto alcanzaba también a extranjeros con derecho a residir en Alemania e incluso a ciudadanos alemanes de origen inmigrante considerados «no asimilados». Sellner planteó mecanismos de presión destinados a favorecer su salida y una estrategia que debía desarrollarse durante años.
Entre quienes le escuchaban estaba Ulrich Siegmund, el hombre que acaba de conducir a la AfD a su mayor victoria electoral en Alemania. Según la investigación sobre Potsdam, Siegmund intervino en aquella reunión y habló de hacer Sajonia-Anhalt «lo menos atractivo posible» para determinadas personas. Posteriormente aseguró que había asistido a título privado y negó defender expulsiones contrarias a la ley.
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