Es de sobra sabido que a Vladimir Putin no le van las cosas como desearía en la guerra que emprendió con la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. Pero si el Kremlin tiene que recurrir ya incluso a los milagros, quizá es que le vayan incluso peor de lo que se presupone.
El autócrata del Kremlin celebra el hallazgo de los restos en extraordinario estado del gran príncipe Dmitri Donskói
Es de sobra sabido que a Vladimir Putin no le van las cosas como desearía en la guerra que emprendió con la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. Pero si el Kremlin tiene que recurrir ya incluso a los milagros, quizá es que le vayan incluso peor de lo que se presupone.
El caso es que, en un clima de abatimiento social, con un 60% de los ciudadanos con altos niveles de ansiedad y depresión por las consecuencias derivadas de la contienda, como señalan las encuestas, de creciente desconfianza hacia el Gobierno y con las condiciones económicas resintiendo duramente los bolsillos, Putin ha vuelto a hacer alarde de la gloria rusa con un homenaje al gran príncipe Dmitri Donskói, que accedió al trono del Principado de Moscú en 1359, porque se acaban de encontrar sus restos en un estado tan extraordinario que las autoridades políticas y religiosas del país lo han calificado como un hecho sobrenatural.
Todo un milagro, auténtico o no, como decíamos. Y, claro, políticos y altos funcionarios vinculados al Kremlin han aprovechado para destacar lo simbólico que resulta que el hallazgo coincida con un momento tan decisivo de lo que llaman la campaña militar en Ucrania. Sostienen, como si vivieran en una atmósfera a lo Divinas Palabras de Valle-Inclán, que el cuerpo incorrupto del príncipe Dmitri va a servir para levantar la moral de la soldadesca. Lo mismo los infelices llevados por miles al frente como carne de cañón tienen otra opinión, pero naturalmente la suya no se refleja en ningún medio ruso.
Los huesecillos y la carne aún pegada de Dmitri Ivánovich Donskói permanecían a buen recaudo desde su muerte, hace casi siete siglos, en un sarcófago, junto a los de otros príncipes casi coetáneos, Iván Krasny y Dmitri Zilka de Uglich. Los tres se encontraban en la Catedral del Arcángel Miguel, construida a principios del siglo XVI, uno de los templos del recinto del Kremlin de Moscú. Pero ha sido ahora, durante unas obras de restauración de emergencia de la Catedral por el hundimiento de unas baldosas del suelo que amenazaban con derrumbe, cuando los obreros han descubierto los sarcófagos. Y los popes ortodoxos se quedaron tan maravillados al abrir el de Donskói que les faltó tiempo para instar a Putin a que corriera él mismo a ver con sus propios ojos el milagro del cadáver que no presenta descomposición natural.
Si bien la presencia de los restos estaba documentada, las reliquias nunca habían sido exhumadas. «La combinación de datos históricos, el contexto arqueológico del lugar de enterramiento y los resultados de un estudio antropológico han confirmado la autenticidad de los restos», declaró una fuente de la Iglesia Ortodoxa Rusa a la agencia de noticias TAAS.
Cabe subrayar que Dmitri Donskói había sido canonizado por la Iglesia Ortodoxa Rusa en 1988 por los servicios prestados a la nación y por la vida piadosa que al parecer habría llevado. Y es que sus contemporáneos destacaron su piedad, su generosidad cristiana, su clemencia con los necesitados y sus elevadas cualidades morales. Así las cosas, encontrar ahora su cuerpo incorrupto dispara todavía más su aura de santidad.
«Es un hallazgo único y milagroso. Esto refuerza los cimientos de nuestra historia», destacó el propio Putin tras ver, maravillado, los huesecillos, antes de ser devueltos al sarcófago. El autócrata ruso ha participado en un homenaje al príncipe y en una ceremonia religiosa presidida por el Patriarca Kirill de Moscú y de toda Rusia, quien también bendijo tres fragmentos de reliquias que fueron retirados y colocados en tres relicarios para que puedan ser venerados desde ahora por todos los fieles.
Dmitri Donskói ha pasado a la Historia como el primer príncipe de Moscú que desafió abiertamente a la autoridad tártara en Rusia. Y, de hecho, es legendaria su importante victoria contra la Horda de Oro -el Estado mongol que que abarcaba, entre otros territorios, parte de las actuales Rusia, Ucrania y Kazajistán- en la batalla de Kulikovo (1380), a pesar de que Moscú siguió bajo el yugo mongol hasta el siglo XV.
La Historia dice que este príncipe ordenó poner la primera piedra del Kremlin, que se convertiría en la mayor fortaleza de la región nororiental de Rusia. Cómo para que hoy Putin no se acoja a su protección y trate de sacar partido al milagro del príncipe santo en el que probablemente quiere ver inspiración.
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