<p>El sociólogo István Hegedüs (Budapest, 1957) preside la ONG Sociedad Húngara para Europa y lleva involucrado en política desde la caída del régimen comunista en su país en 1989. Como delegado de los grupos de la oposición, participó entonces en las negociaciones sobre la transición a la democracia de Hungría. Analiza el fin de otro régimen, el de Viktor Orban.</p>
István Hegedüs preside la ONG Sociedad Húngara para Europa y lleva involucrado en política desde la caída del régimen comunista en su país en 1989. Analiza el fin de otro régimen, el de Viktor Orban
El sociólogo István Hegedüs (Budapest, 1957) preside la ONG Sociedad Húngara para Europa y lleva involucrado en política desde la caída del régimen comunista en su país en 1989. Como delegado de los grupos de la oposición, participó entonces en las negociaciones sobre la transición a la democracia de Hungría. Analiza el fin de otro régimen, el de Viktor Orban.
- ¿Esperaba que la derrota de Orban fuera tan contundente?
- Sí, porque los institutos de investigación fiables ya venían pronosticando una victoria masiva de Tisza. Median, que es la encuestadora más rigurosa, hizo exactamente esa previsión en las últimas semanas. Sin embargo, los sondeos oficialistas hablaban de una victoria aplastante de Fidesz, y aunque yo no les creía porque forman parte de la maquinaria de propaganda de Orban, nunca se sabe. Estás aquí en el centro de Budapest y no tienes ni idea de lo que está pasando en las zonas rurales. Pero hacían trampas. Buscaban aparentar y movilizar a sus seguidores.
- Teniendo en cuenta que Peter Magyar perteneció a Fidesz hasta 2024, ¿qué le ha permitido quitarse de encima esa imagen de «hombre del sistema» y ser visto como una alternativa real?
- Para mí, resultó bastante convincente desde el primer momento. Se notaba que estaba harto de lo que pasaba dentro del partido. Al principio todo el mundo fue muy cauteloso. Poco a poco se hizo evidente que no era un infiltrado de Fidesz enviado por Orban a la oposición. Tanto a nivel intelectual como moral, fue convenciendo cada vez más a los escépticos. Esa es solo una de las razones de su victoria, pero no ha ganado solo por ser un disidente, sino porque tuvo el talento suficiente para aprovechar un nuevo movimiento tras tantos escándalos de Fidesz. Supo unir a la gente y, primero, hacerse con el control del espacio de la oposición. Después fue más allá, con una retórica directa, un lenguaje claro, mensajes nítidos y muchísimo trabajo. Los votantes que querían librarse de Orban tenían muchos problemas con la llamada «vieja oposición», daba igual si llevaban ahí desde la caída del comunismo o si eran relativamente nuevos. Paso a paso, los votantes se han convencido de que Péter Magyar era una alternativa fiable. Ya fueran de izquierdas, verdes, socialistas, conservadores moderados o liberales, decidieron formar una especie de coalición ciudadana para apoyarle. Hay quienes son realmente seguidores de Magyar, pero otros simplemente empezaron a creer que él es, por fin, el hombre que era capaz de vencer a Orban.
- En la rueda de prensa de ayer, Magyar afirmó: «No tenemos tiempo que perder; el país ha sido saqueado y cargado de deudas». ¿Cree que estas palabras marcarán el punto de partida de su Gobierno?
- Podrían pasar algunas semanas, o quizás un mes, hasta que sea investido primer ministro. Pero sí, es de esperar que comience con un cambio muy rápido, con una nueva estructura de Gobierno y nuevas políticas, especialmente en asuntos clave de política nacional como la sanidad, la educación o la economía, entre otros. Pero también habrá cambios en la esfera internacional: dejará atrás esa postura prorrusa y antiucraniana para alinearse con la posición europea mayoritaria. Eso es lo que preveo para las próximas semanas.
- Tras varios años muy complicados con Orban, ¿qué puede esperar la Unión Europea del próximo primer ministro húngaro?
- Cooperación y un alineamiento con la corriente mayoritaria europea: dejará de vetar cualquier decisión que los demás Estados miembros quieran sacar adelante. Durante su campaña, dijo que tenemos que elegir entre Oriente y Occidente, y él apuesta, por supuesto, por Occidente, lo que en la retórica húngara significa Europa. El domingo, durante las celebraciones y el «día de la liberación», la gente coreaba «¡Europa, Europa!». Así que creo que la UE se encontrará con un nuevo socio, no con alguien que culpe a Bruselas —sea lo que sea que eso signifique para él— de todo: de la guerra, de las sanciones o de la inflación, que es lo que hacía Orban. Para los líderes de la UE y de los Estados miembro, el cambio será abismal. Ahora hay un político y un nuevo gobierno dispuestos a colaborar en los temas más importantes. Magyar quiere desbloquear los fondos congelados destinados a Hungría y está dispuesto a aceptar todas las condiciones impuestas: me refiero a las cláusulas sobre derechos humanos y Estado de derecho que cualquier Estado miembro debería cumplir por defecto.
- ¿Puede Ucrania esperar un giro significativo en la política de Hungría?
- Claro que habrá un cambio y ya se nota en la retórica. Ya no se culpa a Ucrania de todo. Orban casi llegó a criminalizar a Ucrania, convirtiéndola, según su discurso, en el enemigo de Hungría. Fue demasiado lejos, y una de las razones de su derrota puede que sea precisamente que mucha gente no se creyó ese relato. Mucha gente sí cree que existe el peligro de que los húngaros tengan que ir a la guerra, y por eso Magyar siempre recalca que los húngaros no tendrán que ir a combatir bajo ningún concepto. Pero, más allá de eso, creo que lo que busca es mejorar la relación con nuestros vecinos, incluida Ucrania. Quizá no viaje a Kiev mañana mismo, pero espero que, tarde o temprano, logre forjar una relación mucho mejor.
- ¿Espera que Rusia contraataque?
- No creo que Rusia tenga muchas posibilidades de socavar al Gobierno de Magyar. En realidad, lo que ocurría era que el propio Gobierno húngaro utilizaba y difundía la desinformación y las fake news rusas. No era un discurso que viniera directamente de Rusia, sino una versión húngara de la narrativa rusa, presentando a Ucrania como el agresor y no como la víctima. Creo que eso se ha acabado. A Rusia le resultará muy difícil interferir porque el sentimiento antirruso es mucho más fuerte que hace medio año. El domingo, los jóvenes que celebraban la victoria de la oposición coreaban «¡Rusos, a casa!», que es un viejo eslogan húngaro de la revolución del 56. Esto indica que los rusos no lo van a tener tan fácil para imponer su narrativa en esta nueva etapa de la política húngara. Es posible que veamos algo de propaganda rusa encubierta dirigida a extremistas o a los sectores más duros de Fidesz, pero no creo que su influencia llegue a ser determinante.
- ¿Cree que debilita la influencia y el relato de Donald Trump en Europa, o es solo un bache local para el movimiento populista global?
- Todo este populismo internacional ha recibido un mazazo, una derrota en toda regla. Lo ocurrido con Orban no afecta solo a Hungría, sino a todo el populismo iliberal a nivel internacional. Aunque en EEUU la gente no vaya a decidir su voto basándose en que Orban haya perdido el poder, sí que es un golpe simbólico. Trump veía a Orban como un aliado muy sólido dentro de la UE y eso se ha acabado. Ahora habrá una relación mucho más pragmática entre Hungría y EEUU, como la que existe con cualquier otro Estado miembro de la UE. Trump nunca ha sido popular en Hungría, al igual que no lo es en otros países de la Unión. El respaldo de Trump o la visita de J.D. Vance a Hungría la semana pasada no importaron lo más mínimo; no cambiaron el ánimo de una población que ya tenía decidido a quién apoyar. La gente que está harta de Orban, ya sea por motivos ideológicos o, en el caso de las zonas rurales, por el desgaste en el día a día y la política nacional, ya no compra esa imagen de «hombre fuerte». El hecho de que Trump tenga una relación especial con él no es ninguna ventaja. De hecho, tener esos vínculos tan estrechos con Putin y con Trump no le benefició en absoluto. Esa idea de que Orban es un líder fuerte capaz de decidir nuestro futuro a escala global solo cala ya en una pequeña parte de la población.
- El futuro primer ministro tiene convicciones muy conservadoras. ¿Qué pueden esperar las minorías de su Gobierno?
- No es tan conservador como podría parecer. Simplemente viene de Fidesz, que hace 20 años era menos conservador que ahora y, por supuesto, mucho menos liberal de lo que es él hoy. Magyar parece haber entendido que ha recibido mucho apoyo de votantes de izquierdas, liberales y verdes, entre otros. Yo diría que es más de centro-derecha que de centro puro, sobre todo en temas como la migración o la «corrección política», pero es muy proeuropeo. Está a favor de una política económica liberal, de los derechos humanos y también de los derechos de las minorías; y en Hungría, hablar de minorías es hablar principalmente del pueblo gitano. En su lista electoral había cinco candidatos gitanos y creo que todos han entrado en el Parlamento porque ocupaban puestos de salida. Esto demuestra que intenta ser más abierto y no utiliza esa retórica tan conservadora, cristiana o marcadamente nacionalista. Puede que sea más nacionalista que alguien con una postura progresista radical, pero es de centro-derecha. No es, para nada, un reaccionario.
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