La manifestación que convocó a 110.000 manifestantes en París acabó con nuevos enfrentamientos con la policía, que lanzó gases lacrimógenos y cañones de agua contra la multitud. La marcha a la que se sumó Jean-Luc Mélencho, líder de La Francia Insumisa, discurrió pacíficamente y sin apenas incidentes durante tres horas, entre la Puerta de Italia y la Puerta de Vincennes, en un recorrido impuesto a última hora por la prefectura local.
410.000 manifestantes salen en todo el país, según Interior, y 800.000, según los sindicatos
La manifestación que convocó a 110.000 manifestantes en París acabó con nuevos enfrentamientos con la policía, que lanzó gases lacrimógenos y cañones de agua contra la multitud. La marcha a la que se sumó Jean-Luc Mélencho, líder de La Francia Insumisa, discurrió pacíficamente y sin apenas incidentes durante tres horas, entre la Puerta de Italia y la Puerta de Vincennes, en un recorrido impuesto a última hora por la prefectura local.
Pasadas las cinco y media de la tarde, la policía impartió por megafonía órdenes de «abandonar la escena«, recibidas entre abucheos y a los gritos de «Todo el mundo odia a la policía» y con cánticos de la Marsellesa. Ni la carga policía ni la lluvia que cayó en el último tramo lograron disuadir a los manifestantes, que se sumaron en masa y con aire festivo a la marcha convocada finalmente en el sur de París, tras el ‘cerrojazo’ policial de la plaza de la Bastilla.
Unas 410.000 personas según el Ministerio de Interior (800.000 según el sindicato CGT) salieron a la calle en toda Francia en la segunda jornada de movilización nacional a la que se sumaron también los ‘chalecos amarillos’. Pese a los toques de queda y las prohibiciones impuestas en decenas de ciudades como Lyon, Limoges o Rouen, la cifra de manifestantes fue prácticamente la misma que el 17 de octubre.
El número inicial de detenidos era de 135, pero subió a lo largo del día con graves incidentes como los ocurridos en Tolouse, donde un manifestante resultó gravemente herido y perdió varios dedos de una mano en circunstancias aún no aclaradas. En Marsella, Lyon, Burdeos y Niza hubo también duros enfrentamientos con la policía.
«La estrategia ha sido clara: dividirnos y dispersarnos», se lamentaba Berntrand Avrois, del sindicato Confederación General de Trabajadores (CGT). «La Policía nos impuso una nueva ruta a última hora y no tuvimos más remedio que cambiar de planes o arriesgarnos a detenciones masivas».
«La única fuente de caos y desorganización es el poder, que está buscando una escalada para sofocar el derecho a manifestarse», denunció por su parte el líder La Francia Insumisa (LFI), Jean-Luc Mélenchon, tras el cambio de recorrido en la manifestación sindical en París. «La historia recordará a este presidente: dos mandatos catastróficos que terminan con la represión de manifestaciones centradas en reivindicaciones que él mismo considera legítimas. Lo que está ocurriendo es grotesco».
«Manifestarse es más que un derecho, ahora es un deber», podía leerse en la pancarta de cartón que ondeaba Sarah Auvray, de 21 años, estudiante en la universidad Sciences Po de París. «Yo estuve a punto de no venir, después de haber tragado los gases lacrimógenos la semana pasada. Pero anoche nos juntamos decidimos que había que estar aquí y todas la veces que haga falta. Este movimiento seguirá creciendo a pesar de la represión policial«.
La plataforma intersindical calificó el cambio de ruta impuesto a última hora por la Policía como «inaceptable». Tras perder un recurso judicial, la CGT dio, sin embargo, instrucciones a sus militantes para enfilar hacia la plaza de Italia y advirtió que quienes se manifiesten en La Bastilla «correrán peligro frente a la represión policial y judicial».
El «cerrojazo» policial en París se extendió del centro de la ciudad hasta el arco del Triunfo, con varias estaciones de metro cerradas para evitar que los manifestantes se acercaran al Palacio del Elíseo. El Museo del Louvre cerró sus puertas, al igual que decenas de comercios por el temor a disturbios como lo que causaron más de 2.000 detenido, 3.000 tiendas saqueadas y cerca de un millar de heridos el 17-O.
Otro punto conflictivo a lo largo del día será la ciudad de Orleans, donde la Agrupación Nacional (RN) de Marine de Le Pen celebra su congreso. Se espera que hasta 30.000 personas se sumen a una contramanifestación «contra el fascismo» convocada por los partidos de izquierda, con el alcalde «insumiso» de Saint-Denis Bally Bagayoko a la cabeza.
«Nosotros no somos los alborotadores, somos los defensores de la República», declaró Bagayoko a su llegada a Orleans. «Estamos aquí para reclamar el derecho democrático a manifestarse frente a la violencia institucional».
El presidente Macron anunció el jueves la prohibición de manifestaciones «no legítimas» el 24 de octubre y la autorización únicamente de las marchas «sindicales». Tras imponer toques de queda durante la semana, decenas de ciudades anticiparon la prohibición las manifestaciones anunciadas para este sábado. Limoges, tras el fuego que destruyó el Ayuntamiento hace una semana, y Lyon, por el incendio provocado de una emblemática oficina de turismo, se pusieron a la cabeza de las prohibiciones.
La excepción de última hora fue Marsella, donde decenas de asaltantes intentaron forzar la entrada al Ayuntamiento el 17 de octubre. La prefectura local y los sindicatos llegaron finalmente a un acuerdo para una marcha «legítima» que discurrirá a partir de las dos de la tarde entre Réformés y la Puerta de Aix.
Los chalecos amarillos, que se sumaron por primera vez a las protestas el sábado pasado, han desafiado por su cuenta a Macron y han convocado más de medio millar de actos (entre manifestaciones y bloques) en todo el territorio francés. El precio de los carburantes y el coste de la vida vuelven a ser las reivindicaciones del movimiento renacido al hilo de las protestas estudiantiles contra la precariedad de la educación pública que empezaron a finales de diciembre y que encendieron la chispa de las protestas sociales que sacuden el país.
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