Las protestas sociales, la inestabilidad política y la bola de nieve del déficit y la deuda han desatado una triple crisis en Francia, a la que los analistas ya llaman «el nuevo enfermo de Europa». La inquietud es tal que el primer ministro, Sébastien Lecornu, se vio obligado a comparecer el miércoles ante las cámaras de televisión. Lo hizo un día después de que el presidente, Emmanuel Macron, llamara a capítulo a sus ministros y les pidiera «empatía» con los estudiantes y «proporcionalidad» en la respuesta policial, preocupado por la imagen caótica que ha proyectado el país en la última semana.
El problema social, económico y político sume al país en el caos en plena campaña para las elecciones presidenciales
Las protestas sociales, la inestabilidad política y la bola de nieve del déficit y la deuda han desatado una triple crisis en Francia, a la que los analistas ya llaman «el nuevo enfermo de Europa». La inquietud es tal que el primer ministro, Sébastien Lecornu, se vio obligado a comparecer el miércoles ante las cámaras de televisión. Lo hizo un día después de que el presidente, Emmanuel Macron, llamara a capítulo a sus ministros y les pidiera «empatía» con los estudiantes y «proporcionalidad» en la respuesta policial, preocupado por la imagen caótica que ha proyectado el país en la última semana.
El centrista Lecornu, que asumió el cargo hace un año tras la caída de su predecesor, François Bayrou, se enfrenta a una «policrisis» sin precedentes. La agravan la crisis energética, la subida de los carburantes y un escenario político cada vez más polarizado. En plena campaña para las presidenciales de 2027, la extrema derecha de Marine Le Pen lidera las encuestas, mientras la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon confía en sacar todo el partido posible al «otoño del descontento».
«Comprendo el cansancio de quienes sienten que, apenas superada una dificultad, surge otra», reconoció Lecornu, en su inusitada intervención desde su residencia oficial en Matignon, el momento de hacer repaso a la crítica situación que vive Francia, empezando por las protestas sociales. «Las fuerzas del orden no tienen instrucciones de enfrentarse a los estudiantes, sino de actuar de una manera proporcionada en un contexto difícil«, recalcó. «Pero también hemos visto actos violentos, contra le personal docente, y alumnos agredidos, centros vandalizados y cientos de horas perdidas».
En un discurso inusual desde Matignon, su residencia oficial, Lecornu insistió en la necesidad de poner orden en las finanzas públicas para aprobar el presupuesto de 2027, que incluye un severo recorte del gasto de hasta 54.000 millones de euros. El primer ministro condenó las escenas de «violencia urbana» de los últimos días y se comprometió a escuchar las demandas de los estudiantes, en un proceso de «democracia interna», con la esperanza de poner fin al bloqueo de los institutos.
Con Macron en Croacia, donde asiste a la cumbre MED9 de los países del sur de la Unión Europea, Lecornu asumió el papel de «buen soldado» e intentó rebajar la tensión causada por la respuesta policial a la revuelta estudiantil. Según Le Parisien, el propio presidente criticó esa respuesta tras los violentos enfrentamientos del martes.
Fue precisamente la intervención de Macron la que llevó a prohibir el uso de granadas aturdidoras contra los manifestantes, como la que le amputó una mano a un estudiante en Lens. Le Pen lo acusó de «ponerse del lado de los que agreden a la policía».
Los analistas coinciden en que Macron, volcado en la política exterior y en sus cotas más bajas de popularidad, tendrá que dar la cara tarde o temprano ante los franceses. Deberá explicar cómo piensa afrontar, en el ocaso de su mandato, esta triple crisis social, económica y política.
Con una deuda pública del 119 % del PIB y un déficit superior al 5 % en los últimos tres años, el diario británico The Daily Telegraph ha rebautizado a Francia como el «nuevo enfermo» de Europa. Lo compara con el Reino Unido de los años setenta o con la Grecia de hace algo más de una década. Las alarmas volvieron a sonar esta semana, cuando la prima de riesgo de la segunda economía de la UE se disparó hasta los 133 puntos básicos, su nivel más alto desde la crisis de la deuda de 2012.
«La década de Macron ha convertido a Francia en el eslabón más débil del Viejo Continente», sostiene Bloomberg. The Wall Street Journal remata al advertir de que el país «ha perdido el contacto con la realidad presupuestaria».
Cuando Macron llegó al Elíseo, la deuda pública estaba por debajo del 100 % del PIB y el déficit, en el 2,8 %. Bajo la supervisión del presidente, antiguo inspector de Finanzas, los sucesivos gobiernos centristas aplicaron la política del quoi qu’il en coûte —«cueste lo que cueste»—. Para sofocar la crisis de los chalecos amarillos y amortiguar el impacto de la pandemia, Francia recurrió a un gasto público sin precedentes. Ahora está pagando la factura.
En los últimos años, todos los intentos de ajustar las cuentas y recortar el gasto social han caído en saco roto o incluso han tumbado a primeros ministros. Lecornu ha vuelto a toparse este año con la dificultad de sacar adelante un presupuesto sin mayoría parlamentaria, que se perdió, también por «gentileza» de Macron, en las elecciones anticipadas de julio de 2024.
Lecornu presentó sus cuentas para 2027 en plena eclosión de las protestas estudiantiles. Su propuesta, un recorte de entre 43.000 y 54.000 millones de euros, incluye la congelación del sueldo de los funcionarios, más impuestos a las pensiones más altas y menos ayudas al estudio y a la vivienda. Ha caído como aceite hirviendo sobre unas protestas que denuncian el deterioro de la educación pública.
«Francia ha actuado como un polizón en Europa durante años, si no décadas», advierte Kevin Thozet, analista de la gestora francesa Carmignac. «Se ha salido con la suya con sus excesos fiscales, y la estrategia funcionó mientras nadie se daba cuenta. Ahora la gente ha empezado a notarlo».
Mientras tanto, las demandas sociales y los ajustes presupuestarios tiran en direcciones opuestas en la campaña presidencial. «Se ha vuelto imposible para los candidatos ignorar el problema de la deuda francesa, pero la mayoría de sus respuestas carecen de credibilidad», advierte el Financial Times. «El peor escenario posible para los inversores en bonos es una segunda vuelta entre Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon».
Frente al caos social y económico, la líder de Agrupación Nacional (RN), Marine Le Pen, clara favorita en los sondeos, presentó esta semana su «contrapresupuesto», con un ahorro estimado de 140.000 millones de euros. «Francia se está convirtiendo en el objeto de todas las preocupaciones de los inversores», reconoció Le Pen, que promete reducir el déficit del 5,4 % al 3 % en 2030.
Los analistas cuestionan esas cifras, porque Le Pen pretende al mismo tiempo bajar los impuestos en más de 53.000 millones de euros. Entre sus medidas están rebajar el IVA de la energía y de los productos básicos, eximir del impuesto sobre la renta a los trabajadores jóvenes y suspender la reforma de las pensiones y el retraso de la edad de jubilación.
Le Pen se ha desmarcado de las protestas estudiantiles, en las que denuncia la infiltración de «elementos de ultraizquierda». Con su propuesta, la líder de RN busca ganar credibilidad económica y política, arropada por su delfín, Jordan Bardella, tocado por el escándalo de los comentarios antisemitas que supuestamente hizo cuando era un joven militante del Frente Nacional.
Aun así, Le Pen sigue volando alto en las encuestas. Tiene un 36 % de intención de voto en primera vuelta, frente al 15 % de Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, y el 12 % del ex primer ministro centrista Édouard Philippe. El sondeo de Toluna Harris publicado esta semana prevé un duelo cada vez más probable entre Le Pen y Mélenchon en la segunda vuelta, que ganaría por amplio margen la líder de extrema derecha: un 69 % frente a un 31 %.
Mélenchon, por su parte, está sacando todo el partido posible del malestar social y de las protestas estudiantiles. Según otro sondeo, de Odoxa y Backbone para Le Figaro, el 78 % de los franceses cree que el líder de la izquierda radical está «manipulando a los jóvenes con fines electorales». Sin embargo, el 62 % considera justificadas las protestas.
El candidato insumiso fue recibido con gritos de «¡presidente, presidente!» en la manifestación del martes en París, que acabó en duros enfrentamientos con la policía. La mayoría de las fuerzas políticas acusan a Mélenchon de instigar las protestas y de haber «legitimado» la violencia. El candidato de Los Republicanos y exministro del Interior, Bruno Retailleau, rebautizó el partido de Mélenchon como «La Francia Incendiaria» y aseguró que estudiaría su ilegalización si llega a la presidencia.
En cualquier caso, las protestas estudiantiles han alterado sustancialmente la carrera al Elíseo y han dado un impulso extra a Mélenchon frente a candidatos de la izquierda moderada como Raphaël Glucksmann y Ségolène Royal, que este fin de semana se disputan las primarias de un Partido Socialista cada vez más marginal.
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