Un proyectil de origen desconocido impactó el martes contra un buque en la costa de Omán, en el Estrecho de Ormuz, punto más caliente del conflicto entre Irán y Estados Unidos. La agresión se produjo pocas horas después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, insistió en que la vía marítima podría reabrirse «en cuestión de horas», una declaración que fue repetida por su secretario del Tesoro, que citó el miércoles como nueva fecha para el regreso a la normalidad en Ormuz, blanco de más de 60 ataques desde el inicio de la guerra en febrero.
Irán avanza en las conversaciones sobre el control de la vía marítima, mientras los países del Golfo presionan a Trump para que frene los ataques ante las pésimas consecuencias de su estrategia
Un proyectil de origen desconocido impactó el martes contra un buque en la costa de Omán, en el Estrecho de Ormuz, punto más caliente del conflicto entre Irán y Estados Unidos. La agresión se produjo pocas horas después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, insistió en que la vía marítima podría reabrirse «en cuestión de horas», una declaración que fue repetida por su secretario del Tesoro, que citó el miércoles como nueva fecha para el regreso a la normalidad en Ormuz, blanco de más de 60 ataques desde el inicio de la guerra en febrero.
Mientras Trump alimenta las expectativas de un acuerdo inminente, el portavoz de Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei asegura que se han logrado avances para el posible acuerdo con Omán que ansía la República Islámica, un plan que otorgará a ambos países el control total del tráfico marítimo entrante en el Estrecho. Según fuentes iraníes a Reuters, los últimos compases de las negociaciones apuntan que Teherán supervisará la entrada de buques al Estrecho y Mascate autorizará la salida de éstos, tras notificar a Irán. El acuerdo incluye una «tasa de servicio» para cubrir el «impacto ambiental» y seguridad de los buques, que se repartirá a partes iguales entre Irán y Omán. «Es improbable que Teherán acepte cualquier otra alternativa para reabrir el Estrecho», sentenció la fuente iraní.
De concretarse el acuerdo, se ratificará el control de Teherán sobre lo que, antes de la guerra, era una vía marítima internacional abierta. Baqaei advirtió esta semana que el acuerdo con Omán «no tiene nada que ver con si el Estrecho de Ormuz se reabre o permanece cerrado» aunque admitió que «está por verse» si el pacto «podría conducir a una desescalada de las tensiones regionales».
«Si en Oriente Próximo un país puede decidir controlar una vía marítima internacional con el cobro de peajes y, si no se paga, hacer explotar barcos, habremos creado un precedente muy peligroso que se repetirá en otras partes del mundo», advirtió el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, aunque confirmó los progresos en las conversaciones con Irán y Omán. El pacto con Mascate sería desde luego una victoria diplomática para Teherán, que avanza en su agenda al margen de Washington, cada vez más desquiciado en el pulso con Teherán. De hecho, los países del Golfo parecen preferir agilizar el retorno a la normalidad en Ormuz aunque sea a costa de cimentar la influencia iraní en la región, según expertos.
Este giro diplomático se produce después de que Trump se abstuviera de lanzar un nuevo ataque contra Irán, a pesar de que según fuentes estadounidenses, los misiles estaban listos, los objetivos fijados y las fuerzas preparadas para lo que el presidente describió como «el mayor ataque desde la Segunda Guerra Mundial».
La presión para frenar los ataques se intensificó entre las monarquías del Golfo. El sábado, el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, lanzó una advertencia directa a Trump, según Axios. Afirmó que un ataque estadounidense a gran escala probablemente desencadenaría una represalia iraní contra la infraestructura energética del Golfo, lo que podría provocar graves trastornos en los mercados mundiales. «Los saudíes expresaron su preocupación y pidieron que se aclarara el plan de acción», declaró un funcionario estadounidense. La llamada a la contención se produjo a pesar del ataque conjunto estadounidense-saudí de la semana pasada contra milicias proiraníes en Irak. Otras potencias regionales, como Emiratos Árabes Unidos, Turquía y Pakistán, también están presionando a Estados Unidos e Irán para que reduzcan las tensiones. Qatar, país mediador, declaró el martes que los esfuerzos para una solución diplomática continúan, pero que no hay previstas conversaciones directas entre las partes.
Otro encuentro podría haber influido en la decisión de Trump de no atacar Irán, según CNN y The Wall Street Journal. El vicepresidente, JD Vance, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, le advirtieron durante una reunión en la Casa Blanca que continuar al ritmo bélico actual conllevaba el riesgo de agotar las reservas críticas de interceptores necesarias para futuros conflictos, en particular contra China o Rusia.
En medio de este tablero diplomático y militar, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, realizó una peregrinación a la ciudad santa iraquí de Kerbala con motivo de la conmemoración de Arbaeen -en el que se honran los 40 días de luto por la muerte del nieto del profeta Mahoma-, describiendo el evento como una demostración masiva de la unidad entre los dos países. Millones de musulmanes chiíes observaron la peregrinación bajo la sombra de las continuas tensiones regionales y con la incertidumbre de si las conversaciones indirectas entre Teherán y Washington volverán a descarrilar.
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