Hizbulá traslada a Líbano el escenario ucraniano a través del uso de drones con fibra óptica: «Son el mayor desafío para Israel»

«Una historia de victoria, los mártires de Majdal Zoun». Una mano anónima dibujó con pintura amarilla ese lema sobre un muro de la pequeña aldea libanesa.

 La multiplicación del uso de los últimos modelos de aparatos no tripulados por parte de Hizbulá provoca la alarma en Israel, cuyos militares admiten que no tienen «una respuesta» para estos artilugios  

«Una historia de victoria, los mártires de Majdal Zoun». Una mano anónima dibujó con pintura amarilla ese lema sobre un muro de la pequeña aldea libanesa.

Un lema que difícilmente resultaba compatible con la devastación que sufre el villorrio, sito a poco más de 10 kilómetros de la divisoria con Israel. La imagen que domina la carretera costera que discurre desde la ciudad sureña de Tiro y que después se adentra hacia las colinas, a través de Mansouri, hasta llegar a Majdal Zoun, es una acumulación sucesiva de ruinas. Y de retratos de militantes de Hizbulá caídos en los enfrentamientos con Israel. Son decenas. Tanto en los accesos de Mansouri como en los de Majdal Zoun. Su número rivaliza con el de los edificios deventrados o reducidos a puras montañas de cascotes.

«Parece Gaza. Lo han arrasado todo», admite Jaafar Zabad, uno de los residentes de Mansouri. «La infraestructura está destruida y alrededor del 80% de las casas han sido demolidas», le secunda Abdel Ammar, un miembro de la alcaldía.

Majdal Zoun es el último poblado al que se puede acceder en el sur del Líbano al sur de Tiro. El resto, los enclaves de la llamada primera línea de la frontera con Israel, están ahora bajo el control directo o indirecto de las fuerzas de Tel Aviv. Una de las nuevas posiciones israelíes se divisa en una montaña cercana.

Aquí la orden es perentoria. Cualquier vehículo que se dirija hacia el sur de Tiro es un posible objetivo de los uniformados del país vecino. Junto al mar, en la carretera, todavía permanecen varados varios vehículos que decidieron ignorar esa orden días antes. Carcasas de metal, calcinadas por los ataques de los drones israelíes.

El entierro de los siete militantes de Hizbulá ha congregado a miles de residentes en Majdal Zoun, que ha decidido desafiar la prohibición israelí. Una multitud dominada por el color negro -en señal de luto-, que camina entre la desolación al grito de «¡Muerte a Israel! ¡Muerte a América [EEUU]!».

Azuzados por la rabia, algunos de los correligionarios de los fallecidos saludan la llegada de los féretros con ráfagas de ametralladoras al aire. Otros disparan sus pistolas, hasta que los más viejos les instan a no tentar más la suerte. El zumbido del dron israelí que sobrevuela la zona es inconfundible.

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En esta región, la teórica extensión del cese de hostilidades hasta el próximo 17 de mayo no va más allá de la mera declaración. Lo confirman los disparos de obuses de tanque que explotan levantando columnas de humo no lejos del funeral. También las noticias que hablan de la muerte de cuatro personas alcanzadas por proyectiles israelíes más al norte, en Yohmor al Shafiq, un suceso ocurrido al mismo tiempo que se llevan a cabo las exequias.

El entierro masivo de Majdal Zoun fue uno más del largo listado de sepelios que se están llevando a cabo en las poblaciones del sur del Líbano en las últimas jornadas, aprovechando que la inestable tregua pactada entre Beirut y Tel Aviv el pasado día 16 parecía haber reducido la violencia.

Sin embargo, durante el pasado fin de semana los dos rivales han intensificado la escalada bélica, el número de víctimas mortales y el cruce de una dialéctica incendiaria incompatible con el deseo de mantener esta tregua hipotética. En este sentido, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, amenazó este lunes al Líbano con un «fuego que arrasará todo» el país.

La mayoría de los expertos coincide en que la persistencia de este interludio está directamente ligada a la reanudación o no de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el principal apoyo ideológico y logístico del grupo libanés Hizbulá.

Parte del arsenal incautado a miembros de Hizbulá en Líbano, con varios drones FPV
Parte del arsenal incautado a miembros de Hizbulá en Líbano, con varios drones FPVE. M.

La contienda ha experimentado un significativo giro en las últimas semanas ante la multiplicación del uso por parte de Hizbulá de los temidos drones de fibra óptica, que se dieron a conocer en la guerra de Ucrania.

Desde finales de marzo, los paramilitares a las órdenes de Naim Qassem, han comenzado a difundir vídeos con acciones de estos UAV contra blindados y todo tipos de vehículos militares de Israel, recuperando la estética bélica que ha definido la contienda ucraniana desde el 2024.

Grabaciones como la del día 26 de marzo permitía ver cómo el dron se aproximaba a través de colinas y laderas hasta identificar al tanque Merkaba israelí, aparcado en un lateral de un camino de tierra. Totalmente expuesto y sin ningún tipo de protección contra estos artilugios. Una imagen que sería casi imposible de encontrar en los campos de batalla de Ucrania.

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Según el Instituto para el Estudio de la Guerra, este asalto aéreo fue «la primera acción del grupo armado libanés con un dron FPV [de fibra óptica] contra un blindado israelí» en la pugna bélica que se mantiene en el sur del país.

La proliferación del uso de FPV en el Líbano incide en el histórico cambio de era al que se asiste en la forma de llevar a cabo las guerras, dictado por los campos de batalla de Ucrania.

La irrupción de los drones de fibra óptica ha generado una conmoción mediática en Israel. El pasado día 20 el experto militar del diario israelí Maariv, Avi Ashkenazi, alertaba sobre este nuevo fenómeno en el que dijo que Hizbulá «ha desplegado cientos, sino miles, de drones de fibra óptica», una amenaza para la que los uniformados de su país todavía tienen que encontrar una «respuesta».

Aunque los portavoces del ejército explicaron que hasta ahora «los daños causados por estos» enjambres de drones «son limitados», el analista recupera la atribulada memoria de la ocupación israelí del Líbano entre 1978 y 2000 -donde murieron cerca de un millar de soldados de ese país- y añadía: «El ejército de Israel vuelve a meterse en el lodo libanés».

El matutino Haaretz recordaba que estos aparatos «desarrollados en Ucrania están llegando a la región, ofreciendo a Hizbulá un arma barata y precisa, que puede sortear las defensas electrónicas de Israel. Algo ha cambiado». «Los drones de fibra óptica se han convertido en el mayor desafío» para el ejército de Israel, le secundaba la página Walla.

Según el corresponsal militar de la publicación israelí Mako, al menos 38 soldados de ese país resultaron heridos por la acción de los nuevos FPV de Hizbulá desde marzo.

Para el analista Nicholas Bradford, la aparición de FPV con fibra óptica en el arsenal del grupo armado libanés son un «elemento significativo que confirma que Hizbulá ha estado tomando nota de la guerra de Ucrania».

«Es un arma barata y fácil de fabricar. Pero es demasiado pronto para decir si va a cambiar la forma de hacer la guerra en esta zona. De momento no supone un cambio radical. La mayoría de las bajas que están causando son heridos», explicó en una conversación telefónica.

El domingo, sin embargo, Tel Aviv admitió el fallecimiento de un primer militar bajo la acción de estos artilugios en un suceso que dejó heridos a otros seis uniformados.

El vídeo del suceso que difundieron los propios israelíes permitía ver cómo otro aparato explotaba en las inmediaciones del helicóptero que evacuaba a una de las bajas. Los militares evitaron un desastre por una cuestión de metros.

«¿Dónde están nuestras defensas? No podemos caer en una guerra de desgaste», se cuestionaba horas después el diario The Jerusalem Post.

Las grabaciones difundidas por los militantes chiíes han generado también una avalancha de análisis de los expertos en tácticas militares que señalan que los pilotos del grupo no parecen todavía muy avezados y que el número de aeronaves que despliegan sigue siendo muy limitado, pero las imágenes también ponen de relieve la ausencia casi general de la percepción que existe en Ucrania sobre el riesgo que representa este nuevo armamento.

En uno de los vídeos se observa a un grupo de soldados israelíes haciéndose un selfie delante de un tanque, en un camino completamente abierto y sin que nadie vigile la aproximación del FPV que termina explotando contra el grupo.

El think tank israelí Alma Center, especializado en el estudio de Hizbulá, indicó este lunes que la mayoría de las acciones de los paramilitares desde el 16 de abril han sido llevadas a cabo con estos UAV.

A mediados de abril, el Ministerio de Defensa de Israel realizó un «llamamiento público» solicitando «ayuda para encontrar soluciones» ante este monumental «desafío», según escribió Yediot Ahronot.

El uso de FPV de fibra óptica se ha extendido también a las facciones iraquíes aliadas de Irán, como confirmó este fin de semana el citado Instituto para el Estudio de la Guerra.

Según este think tank, «Rusia es el actor más probable que podría haber proporcionado a Irán drones de fibra óptica, que Irán probablemente compartió con grupos del Eje de la Resistencia [facciones aliadas en Irak o Hizbulá en Líbano]».

Consciente del viraje irreversible que está acometiendo la táctica militar, Tel Aviv anunció recientemente que pensaba adquirir 12.000 de estos artilugios frente a los 5.000 que había requerido el año pasado. Un aumento significativo para el escenario de Oriente Próximo pero insignificante para las cifras que se manejan en el conflicto de Ucrania.

Como recordaba The Jerusalem Post, esos 12.000 drones FPV son el equivalente a «dos días» de producción en el país europeo, cuyo total anual excede el millón de estos aparatos.

La irrupción a gran escala de los drones en el sur del Líbano no ha impedido que los militares israelíes continúen arrasando las decenas de aldeas que han capturado en esta región.

Según la contabilidad del diario libanés L’Orient Le Jour, la zona tampón que Israel intenta consolidar en la proximidad de su territorio incluye 62 aldeas libanesas, aunque el ejército del estado vecino sólo controla 47 de ellas.

El matutino local indicó que ese espacio representa un 5,8% del territorio libanés -unos 602 kilómetros cuadrados- y la acometida israelí ha forzado la expulsión de cerca de 200.000 personas que residían en esos villorrios.

Imágenes de satélites analizadas por la cadena CNN ratifican la convicción de que las fuerzas de Tel Aviv están siguiendo las mismas tácticas devastadoras que usaron en Gaza y han volado literalmente cientos de viviendas, desde que entró en vigor el supuesto alto el fuego.

«Las fuerzas israelíes han destruido mezquitas, farmacias, cafés o garajes», confirmó el análisis de la cadena norteamericana.

Las redes sociales libanesas e israelíes han recogido en las últimas jornadas vídeos donde se podían apreciar la demolición organizada de barrios enteros de localidades como Naqura o Jiam.

Las excavadoras israelíes se han convertido en uno de los objetivos predilectos de los FPV de Hizbulá, que han publicado numerosas grabaciones donde se ven como sus UAV impactan contra esta maquinaria.

Este martes, los aviones no tripulados de la milicia chií se cobraron otra víctima mortal precisamente cuando impactaron contra una de las excavadoras, matando a su conductor.

El objetivo público de la ofensiva israelí -como anunciaron sus comandantes- era impedir la agresión de los misiles antitanques de Hizbulá contra las poblaciones del norte del país, pero la acción de los FPV ha desbaratado este proyecto.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó el domingo que sus militares han puesto fin a la vida de 46 militantes de Hizbulá desde que comenzó la tregua, pero los acólitos de Naim Qassem han dejado claro que en esta ocasión -a diferencia de lo que ocurrió tras la guerra de 2024- responderán a las acciones israelíes.

Comentaristas de Tel Aviv como el analista militar de Israel Hayom, Yoav Limor, admiten que «la situación en el norte es peor que la que prevalecía en vísperas de la [última] guerra con Irán: entonces Hizbulá había aceptado que Israel podía hacer lo que quisiera, incluido eliminar a cientos de sus miembros [sin que ellos reaccionaran]. La ecuación ha cambiado y no para mejor».

«Esto no es un alto el fuego. Es una guerra de desgaste lenta y progresiva», escribió el periódico Yediot Aharonot.

Los continuos brotes de violencia y la devastación que acumula el sur del país ha provocado un efecto boomerang entre los cientos de miles de desplazados que se dirigieron hacia sus aldeas nada más anunciarse el hipotético alto de hostilidades.

Son muchos los que como el referido Jaafar Zabad han visitado durante algunas jornadas sus poblados para regresar de inmediato al domicilio -o incluso centros de acogida- que se han visto obligados a usar durante los últimos meses.

«Desgraciadamente no creo que esto sea el final de la guerra sino más bien una pausa. No pienso volver a Mansouri. Los israelíes son especialistas en incumplir los acuerdos que firman», concluye el libanés.

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