El rey Carlos III y Camila descartan mudarse al Palacio de Buckingham

El rey Carlos III ha descartado fijar su hogar permanente en el palacio de Buckingham, dando un golpe de timón en las costumbres británicas que rompe con casi dos siglos de tradición monárquica. La decisión, que fue adelantada en la noche del jueves 25, despeja finalmente rumores y comentarios sobre el limitado afecto que el heredero de Isabel II siente por el suntuoso edificio del centro de Londres, cuya verja bordea una rotonda pública y popular donde convergen los parques de Saint James y Green Park.

 La icónica sede londinense de la monarquía británica funcionará como «centro ceremonial de la vida regia», destino turístico y lugar de trabajo  

El rey Carlos III ha descartado fijar su hogar permanente en el palacio de Buckingham, dando un golpe de timón en las costumbres británicas que rompe con casi dos siglos de tradición monárquica. La decisión, que fue adelantada en la noche del jueves 25, despeja finalmente rumores y comentarios sobre el limitado afecto que el heredero de Isabel II siente por el suntuoso edificio del centro de Londres, cuya verja bordea una rotonda pública y popular donde convergen los parques de Saint James y Green Park.

La extensa rehabilitación del imponente recinto palaciego londinense, dentro de un programa de obras presupuestado en unos 430 millones de euros a lo largo de diez años, previno la mudanza de Carlos y su esposa, la reina Camila, en el momento de la sucesión al trono, en septiembre de 2022.

Los reyes se mantuvieron en su residencia de la capital británica, Clarence House, la llamada ‘Casa Blanca’ de la avenida del Mall, que ocupan desde hace más de veinte años. La vivienda colinda con el histórico palacio de Saint James, se sitúa a pocos metros del palacio de Buckingham y fue la última morada de la querida abuela de Carlos, conocida popularmente como la reina madre Isabel.

El palacio ha servido a los monarcas británicos de hogar en la capital desde que Victoria inauguró la tradición, en 1837, al heredar la Corona. La reina emperatriz – demás de tatarabuela de la mayoría de los ‘royal’ europeos actuales- amplió la estructura original, añadió el balcón central que se ha convertido en símbolo de visibilidad de la Familia Real e introdujo adelantos técnicos, cono el cableado eléctrico y telefónico, entre otras innovaciones.

Isabel II será, en vistas de la decisión tomada por su primogénito, la última inquilina regia de la casona estatal, que cuenta con 775 estancias y extensos jardines. El programa de modernización de fachadas e interiores- desde tuberías y tendido eléctrico a baños, ascensores o sistema de calefacción- está previsto de concluir para 2027.

El remozado Buckingham emprenderá una nueva trayectoria como sede ceremonial de funciones oficiales, oficina de los empleados de la Casa Real y destino turístico. «El papel de la monarquía moderna continúa adaptándose a las demandas de un mundo en constante evolución, en el que el ‘poder suave’ de la familia real desempeña un papel diplomático crecientemente vital», señaló el responsable de las finanzas de la Casa Real, James Chalmers, al dar a conocer los planes domésticos de Carlos III.

Fuentes palaciegas aseguraban a su vez que el rey «siente gran cariño por el palacio de Buckingham y un profundo respeto por el papel que desempeña en la vida real y pública«.

El objetivo de Carlos apunta a redoblar la función del palacio como «centro ceremonial» de recepciones, cumbres o visitas de Estado y a modernizar oficinas y despachos del que será el principal espacio de trabajo de miembros y empleados de la Casa Real.

Además, el desalojo permanente de los reyes dará pie, según los planes desvelados la noche del jueves, a un incremento de las oportunidades que el público tendrá para «acceder a este bien del patrimonio nacional».

«Será un hervidero de actividad real de una forma u otra», celebró el portavoz del palacio. Los críticos temen que se convierta a la larga en un museo de la historia y funciones de Estado.

El rey preserva como refugio campestre la finca de Highgrove, en la pintoresca región de los Cotswolds, que curiosamente quedó bajo propiedad del príncipe Guillermo en el traspaso de herencias a la muerte de Isabel II. Carlos heredó entonces el ducado de Lancaster, fuente ‘privada’ de financiación de los monarcas británicos, y su hijo se hizo cargo del ducado de Cornualles, que el propio rey regentaba siendo príncipe de Gales.

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