Prince, ese es su apodo militar, se ha reunido con el resto de sus seis compañeros de agrupación debajo de una arboleda. Ya han sacado los B-2 de la furgoneta. Cargan los drones (UAV) empaquetados. Como si fueran pizzas. Cada uno encajado en el armazón de madera con el que salen de fábrica.
Ucrania intenta algo inédito en la historia, establecer un cerco a la Península ocupada por Rusia desde 2014, sólo mediante aviones no tripulados de bajo coste. Moscú se ve obligada a declarar el «estado de emergencia» en ese territorio
Prince, ese es su apodo militar, se ha reunido con el resto de sus seis compañeros de agrupación debajo de una arboleda. Ya han sacado los B-2 de la furgoneta. Cargan los drones (UAV) empaquetados. Como si fueran pizzas. Cada uno encajado en el armazón de madera con el que salen de fábrica.
El equipo del Sexto Batallón de los Pájaros de Magyar ha elegido una amplia plantación agrícola como escenario para iniciar su operativo. Son poco menos de las 20:00.
«El objetivo es atacar la carretera cerca de Mariupol», indica Prince. El joven de 34 años, un antiguo experto en finanzas, residió durante varios años en Mallorca. «Buenos días, señor», afirma al presentarse en un simpático tono español. La gorra que lleva, adornada con la típica figura del toro de Osborne y las letras de España, también es un guiño a esa experiencia.
Los B-2 son un perfecto ejemplo de la combinación de tecnología y eficacia que caracteriza al ejército ucraniano. Un aparato fabricado «con una especie de plástico» -palabras de Prince-, propulsado con un ingenio propio de una motocicleta y capaz de cargar 10 kilos de explosivo. Los expertos estiman que su coste no excede de unos pocos miles de dólares.
Los militares los preparan para el lanzamiento cortando cinta adhesiva con los dientes, usando destornilladores y mangueras de plástico para rellenarlos de gasolina. Después los colocan sobre una catapulta que utilizan para iniciar el vuelo.
Parece un sistema rudimentario, pero esconde un concepto tan sofisticado como inédito. El piloto maniobra desde la distancia. «Está sentado a decenas de kilómetros, quizás tomándose un café. Él será quien dirija el dron», precisa Rubeirod, otro miembro de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados (USF), que comanda Robert Magyar Brovdi, y a las que pertenece la escuadra de Prince.
Esta escena se repite, a diario, en decenas de ocasiones a lo largo del este de Ucrania. En mayo, la USF contabilizó cerca de 4.000 acciones de este tipo. Forman parte de la llamada ofensiva de «ataques de alcance medio», que primero devastó las defensas aéreas rusas y ahora amenaza con sitiar la simbólica Península de Crimea, un hecho que marcaría una histórica evolución en la estrategia militar, que nunca asistió a un cerco por medio de estos artilugios de bajo coste.
«Nuestra intención es que Crimea vuelva a la madre patria», proclama Prince.
Para el ex piloto, diseñador de drones y experto en esta nueva táctica bélica, Anatoliy Khrapchinskyy, elegir Crimea como objetivo tiene un enorme simbolismo tanto para su país, Ucrania, como para la Rusia de Vladimir Putin. «Ahí empezó todo», dice, en referencia a la ocupación que organizó Moscú en 2014. «Rusia se enfrenta a una guerra de agotamiento. Fue lo que pasó en Jersón. Decidieron que era imposible mantener esas posiciones», aclara.
Al inicio de la invasión general rusa en 2022, Ucrania carecía de medios militares para golpear las bases logísticas rusas situadas a decenas o cientos de kilómetros del frente. La llegada de los cohetes procedentes de Estados Unidos y Europa, en el verano, propició un cambio en el panorama y, gracias a sus devastadores efectos, Kiev consiguió forzar el repliegue ruso en varias zonas, especialmente en la mencionada Jersón, en noviembre.
Moscú logró revertir la situación al interferir los sistemas de los Himars y replicar con su propia acometida aérea, gracias a sus bombas «voladoras» KAB, proyectiles de más de 250 kilos.
Sin embargo, a lo largo del año pasado la inventiva local dio paso a la aparición de nuevos UAV como el referido B-2 y otros más sofisticados como el FP-2, que permiten destruir con cerca de 100 kilos de explosivos, objetivos ubicados entre 50 y más de 200 kilómetros de distancia.
En un breve texto escrito para resumir la historia de los ataques de medio alcance, el jefe de este proyecto en el Sexto Batallón, que se identifica como Justo, asegura que «al principio, varios fabricantes» les llegaron a «regalar» los drones, al comprender la significación que podía alcanzar este proyecto.
«Tuvimos que superar numerosos desafíos técnicos. Pero el sistema comenzó a mejorar mes tras mes, a partir del pasado mes de septiembre. El primer año ya logramos atacar con éxito los sistemas de defensa aérea rusos. Siempre hemos defendido que la logística, y no la defensa aérea, debía ser la prioridad. Por eso, en la primavera pasada, la logística ya era nuestra misión principal», relata el militar.
Según Rubeirod, las unidades integradas en la USF están utilizando ahora mismo «una docena de modelos [de drones] diferentes y entre el 80% y el 90% de sus componentes son de procedencia ucraniana. No queremos depender más de las entregas del extranjero», apunta.
La proliferación de estas máquinas permitió que se multiplicaran las unidades especializadas en estas acciones. Según la publicación ucraniana de Defensa, ahora mismo hasta 27 agrupaciones militares diferentes se encuentran enfrascadas en esta ofensiva general.
La posibilidad de que la acometida ucraniana provoque un repliegue ruso de Crimea no deja todavía de ser una mera hipótesis. Lo que sí es cierto es que el territorio enfrenta una creciente crisis de abastecimiento desde hace semanas.
Este viernes, el propio Sergey Aksyonov, máximo responsable de Moscú en esa región, anunció la entrada en vigor del «estado de emergencia» en toda la Península, admitiendo de forma tácita el significativo daño que está causando la acometida de los UAV ucranianos.
La ofensiva aérea ucraniana, que se intensificó a partir de abril, se ha centrado en el corredor terrestre, de cerca de 100 kilómetros, que une el territorio ruso y Crimea, a través de zonas del Donbás, Zaporiyia y Jersón, ocupadas por las fuerzas de Moscú, y que Moscú identifica como la R-208 Novorrosiya.
Es la misma ruta que están atacando los B-2 desplegados por Prince y sus subalternos. «No podemos decir que tengamos el control total del espacio aéreo de Crimea, pero estamos avanzando en esa dirección. Los ataques de medio alcance aumentaron un 28% en mayo, con respecto a la misma fecha del año pasado», agrega Rubeirod.
Su jefe de filas, Brovdi, estima que en las próximas semanas podrán ejercer un control absoluto sobre todo el recorrido de la R-208 Novorrosiya. En una entrevista con Reuters declaró que destruir objetivos en esa ruta es ahora «tan fácil como disparar a perdices en un campo abierto».
«En la operación Crimea no estamos simplemente destruyendo infraestructura: estamos poniendo de rodillas a todo el sistema logístico del enemigo», observa el propio Brovdi, también en unos comentarios escritos enviados a este diario.
Magyar ha incorporado a la USF que lidera la pasión que desarrolló por los números cuando era un antiguo empresario especializado en el comercio de cereales. Antes de la guerra era un adinerado personaje que se prodigaba en las subastas de arte con las que solía ampliar la cotizada colección de pintura de la que es propietario.
«Ha cambiado los camiones o las toneladas de grano por drones y objetivos», indica uno de sus subalternos.
Los Pájaros de Magyar y la USF que ha estructurado a partir de ese núcleo inicial de combatientes han alcanzado una efectividad mortal de la que se enorgullecen. «Representamos cerca del 2,5% de las Fuerzas Armadas de Ucrania, pero somos responsables de más del 30% de las bajas de personal y de la destrucción de objetivos enemigos. Además, tenemos la tasa de bajas más baja de las fuerzas armadas: menos del 1% del personal de la unidad», añade Brovdi en otra nota repleta de cifras -siguiendo su estilo- enviada a este diario a través de su portavoz.
Para completar el asedio de Crimea, los UAV ucranianos de medio alcance también intentan bloquear el paso a través del estratégico puente de Kerch -que fue inaugurado por Putin, con toda la pompa, en 2018- y las conexiones marítimas con la vecina provincia rusa de Krasnodar Krai. En las últimas jornadas se han multiplicado los ataques en esa dirección.
La arremetida ucraniana se ha traducido en el creciente pánico social que se observa en las redes sociales rusas, que muestran largas colas de vehículos en las gasolineras de la Península o cientos de coches atascados en los puntos de salida que permiten abandonar ese territorio, para regresar a Rusia. Los hoteles admiten que enfrentan una campaña masiva de cancelaciones para el verano y uno de los principales campos recreacionales de la zona, el Centro Internacional de Niños Artek, ha suspendido sus actividades.
«Sin duda, los drones están escribiendo un nuevo capítulo en la historia de la guerra. Estamos imponiendo un bloqueo remoto a toda una región. Hoy esa región es Crimea, pero este tipo de operación podría llevarse a cabo en cualquier parte del mundo. Estamos cocinando la rana a fuego lento: ya siente el calor, pero aún no se ha dado cuenta de que hervir es inevitable. Por eso los rusos más sensatos han comenzado a evacuar la península por su cuenta«, agrega el máximo líder de la USF.
En la plantación de girasoles situada en las cercanías de la provincia de Donetsk, que sirve como territorio para el operativo de los Pájaros de Magyar, los ucranianos reciben el aviso de que sus B-2 no son los únicos que están surcando los cielos.
«Hay un dron volando en el cielo y no es nuestro. Hay que dispersarse», alerta uno de los militares. El ruido del UAV se ve acompañado por un zumbido. Es uno de los drones interceptores que ha lanzado la defensa aérea ucraniana. Al cabo de unos minutos se escuchan varias explosiones. El cielo asiste a un combate aéreo sin pilotos, donde se mide la efectividad de los robots, como si se tratara de un guión de ciencia ficción.
Kiev lleva años intentando dificultar el envío de suministros a Crimea. En 2022, un camión bomba estalló en medio del viaducto de Kerch. Al año siguiente un vehículo submarino sin tripulantes explotó en el mismo lugar y en el año pasado se registró otra explosión submarina en ese emplazamiento.
Sin embargo, los UAV de medio alcance han convertido ese tipo de asaltos en algo sistemático. «Ahora son rutina. Mire las sillas que usamos. Son las que llevamos para pescar», comenta Rubeirod, señalando la hilera de asientos que han colocado los uniformados bajo unos árboles y desde donde asisten a una bucólica puesta de sol, una vez que se cancela la alarma por la presencia de drones enemigos.
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