El Parlamento húngaro ha elegido este martes como nuevo presidente de la República a András Baka, antiguo presidente del Tribunal Supremo y una de las figuras más simbólicas del enfrentamiento entre el poder político de Viktor Orban y la independencia judicial en Hungría.
El nuevo jefe de Estado ejerció como presidente del Tribunal Supremo entre 2009 y 2011
El Parlamento húngaro ha elegido este martes como nuevo presidente de la República a András Baka, antiguo presidente del Tribunal Supremo y una de las figuras más simbólicas del enfrentamiento entre el poder político de Viktor Orban y la independencia judicial en Hungría.
Baka, de 73 años, fue elegido en votación secreta por 140 votos a favor y seis en contra. Su elección no constituyó ninguna sorpresa. Era el candidato propuesto por el gobernante partido Tisza de Péter Magyar y el único que concurría a la votación. Tisza dispone desde las elecciones de abril de una mayoría de dos tercios en el Parlamento, suficiente para elegir por sí solo al jefe del Estado sin necesidad del apoyo de ninguna otra formación. Fidesz, el partido del ex primer ministro Viktor Orban, no participó en la elección.
La elección se celebró a partir de las 14:00 horas durante la sesión extraordinaria del Parlamento convocada para este lunes y martes. Baka asumirá formalmente la jefatura del Estado el próximo 19 de agosto.
Su llegada a la Presidencia tiene una fuerte carga simbólica. Baka presidió el Tribunal Supremo húngaro desde 2009, después de haber sido durante 17 años juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) en Estrasburgo. Su mandato al frente de la máxima instancia judicial debía prolongarse hasta 2015, pero terminó anticipadamente el 1 de enero de 2012, tras las reformas impulsadas por el Gobierno de Orban.
Baka había criticado públicamente varias de aquellas reformas, entre ellas las que afectaban a la organización de los tribunales y a la independencia de la judicatura. Su destitución anticipada acabó ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el conocido como caso Baka contra Hungría.
La Gran Sala del Tribunal de Estrasburgo concluyó en 2016 que Hungría había vulnerado los derechos de Baka. El TEDH consideró que la terminación anticipada de su mandato estuvo relacionada con las opiniones que había expresado públicamente en defensa de la independencia un judicial y advirtió del efecto disuasorio que una medida de ese tipo podía producir sobre el conjunto de la judicatura.
15 años después de aquel enfrentamiento, Baka regresa ahora al centro de las instituciones húngaras como jefe del Estado, en plena transformación política emprendida por el Gobierno de Péter Magyar tras el final de la era Orban.
Aunque la Presidencia húngara tiene fundamentalmente funciones representativas, el jefe del Estado dispone de competencias relevantes en el proceso legislativo: puede devolver leyes al Parlamento para su reconsideración o remitirlas al Tribunal Constitucional antes de promulgarlas.
Magyar ha anunciado que el nuevo presidente ocupará el cargo hasta la redacción de una nueva Constitución -un proceso que comenzará en otoño-, y que esa reforma podría afectar a las competencias y a la forma de elección del jefe de Estado.
La elección de Baka supone además la sustitución de Tamás Sulyok y coloca al frente del Estado a una personalidad estrechamente identificada con la defensa de la independencia judicial, uno de los principales terrenos de confrontación entre Budapest y las instituciones europeas durante los años de gobierno de Orbán. Fidesz ha rechazado el procedimiento que permitió la destitución anticipada de Sulyok y decidió no presentar candidato propio ni participar en la elección.
La paradoja política difícilmente podría ser mayor: el juez cuya carrera al frente del Tribunal Supremo quedó truncada durante el Gobierno de Orban ocupará ahora la Presidencia de la República en la Hungría que intenta desmontar parte del legado institucional dejado por el antiguo primer ministro.
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