<p>El ataque nocturno ordenado por <a href=»https://www.elmundo.es/internacional/2026/01/08/695ef24b21efa0140a8b4586.html» target=»_blank»>Donald Trump</a> para capturar a <a href=»https://www.elmundo.es/internacional/2026/01/03/6958bba9e9cf4a69368b458f.html» target=»_blank»>Nicolás Maduro</a> ha reabierto un debate incómodo muy lejos de Caracas: si la primera potencia del mundo puede <i>decapitar</i> por la fuerza a un régimen hostil en su vecindario inmediato, <strong>¿qué impide a China hacer lo propio con Taiwan?</strong></p>
Tras la operación de Trump en Venezuela, ¿qué impide a China invadir la que considera su isla rebelde?
El ataque nocturno ordenado por Donald Trump para capturar a Nicolás Maduro ha reabierto un debate incómodo muy lejos de Caracas: si la primera potencia del mundo puede decapitar por la fuerza a un régimen hostil en su vecindario inmediato, ¿qué impide a China hacer lo propio con Taiwan?
En Pekín, donde cada gesto de Washington se analiza en clave estratégica, ha habido una fuerte reacción contra el ataque estadounidense a Venezuela. De puertas hacia fuera, a diferencia de la cautela y la división europea, los funcionarios chinos exigieron la liberación de Maduro y respaldaron la convocatoria de una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.
En el patio casero chino, editoriales de los medios controlados por el gobernante Partido Comunista (PCCh), así como académicos y comentaristas nacionalistas en redes sociales, comenzaron a deslizar algunos paralelismos entre Caracas y Taipei, alimentando una vía ansiada por muchos en el gigante asiático: el uso de la fuerza para lograr la «reunificación» de Taiwan, la isla autogobernada de 23 millones de habitantes que China reclama desde 1949 como parte «inalienable» de su territorio.
La comparación entre el caso venezolano y el taiwanés llegaba poco después de uno de los mayores simulacros de invasión de Taiwan por parte del Ejército Popular de Liberación (EPL) de China. Desde 2022, después de la visita de Nancy Pelosi -entonces presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU- a Taipei, Pekín ha normalizado en el estrecho que les separa las maniobras militares que simulan bloqueos marítimos, ataques de precisión contra infraestructuras críticas y operaciones de desembarco anfibio.
Algunos altos funcionarios taiwaneses, consultados por teléfono por este periódico, señalan que, aunque la tentadora comparación era de esperar (superpotencias militares frente a dos actores mucho más pequeño, dependiente de apoyos externos y con capacidades defensivas limitadas), también es muy engañosa.
Mientras que Venezuela es un Estado internacionalmente reconocido, gobernado por un régimen autoritario aislado, con una economía colapsada y sin alianzas militares capaces de disuadir a Washington, Taiwan funciona como una democracia independiente de facto, integrada en las cadenas de valor más sensibles del planeta y respaldada militarmente por EEUU y -probablemente- por otros actores regionales importantes, como Japón.
Mientras que Venezuela es un exportador de materias primas cuya principal palanca -el petróleo- lleva años sancionada, Taiwan es el epicentro de la industria global de los semiconductores más avanzados, indispensables para la industria tecnológica global. La isla es un nodo crítico para las cadenas de suministro internacionales. Produce más del 90% de los chips más avanzados. Un bloqueo o invasión del ejército provocaría un inmediato shock en el sector de la electrónica en todo el mundo.
Mientras que Trump ha ordenado el ataque a Caracas y una efectiva operación quirúrgica para capturar a Maduro sin que, por ahora, haya enfrentado consecuencias por ello, el líder chino Xi Jinping tendría que lidiar con amplias sanciones internacionales en caso de una ofensiva militar contra Taiwan, lo que sacudiría a una economía china debilitada en los últimos años por el colapso inmobiliario y los largos cierres durante la pandemia.
El pasado jueves, en una entrevista con The New York Times, Trump aseguró que la situación en Taiwan no representa para China el mismo tipo de amenaza que suponía el régimen de Maduro para Estados Unidos. También subrayó que no cree que Xi haga «ningún movimiento contra Taiwan» durante su Presidencia, que termina en 2029.
«Él [Xi] lo considera parte de China, y es cosa suya lo que hará», contestó el estadounidense respecto a las lecciones qué podría sacar su homólogo chino de la operación militar de Washington en Venezuela. Tras los comentarios de Trump, una portavoz del Ministerio de Exteriores chino dijo el viernes que «la cuestión de Taiwan es un asunto puramente interno de China» y que Pekín no «admite ninguna interferencia externa».
Washington justificó la vulneración de la soberanía venezolana y la operación contra Maduro combinando acusaciones de narcotráfico, terrorismo y violaciones masivas de derechos humanos, apoyándose en jurisdicciones extraterritoriales de su sistema judicial. En el caso de Taiwan, las autoridades chinas sostienen que, de intervenir militarmente, se trataría de un asunto interno porque la isla es parte del territorio chino.
Esa postura la reitera estos días Shen Dingli, uno de los analistas en relaciones internacionales más influyentes del país asiático: lo que sucede entre ambos lados del estrecho no es una cuestión internacional, por tanto, la actuación de Estados Unidos en Venezuela es irrelevante para el caso taiwanés. También lo explicaba bien Ryan Hass, ex diplomático estadounidense e investigador del think tank Brookings Institution: «China no se ha abstenido de usar la fuerza por respeto al derecho internacional, sino porque ha considerado más eficaz una estrategia prolongada de coerción sin guerra abierta».
Diplomáticos y funcionarios chinos y taiwaneses consultados estos días coinciden en señalar que el paralelismo con Venezuela se queda aparcado en el terreno mediático y en redes sociales. En Pekín ahora están más centrados en presentar al presidente Xi Jinping como adalid del multilateralismo y la estabilidad global frente al caos que deja a su paso Donald Trump.
«Cuando Rusia atacó Ucrania, los medios occidentales estuvieron meses publicando análisis erróneos sobre que China iba tomar nota de la reacción de Occidente y a aprovechar la distracción de esa guerra para atacar Taiwan. Pero es que ahora, en el caso de Venezuela, son dos contextos sociales, políticos e históricos completamente diferentes», asegura un funcionario del Ministerio de Exteriores chino.
El Gobierno de Xi ha denunciado que la captura de Maduro ha puesto de relieve la erosión acelerada del orden internacional basado en reglas y critica la tibieza de muchos aliados occidentales de Estados Unidos, preocupados por no enfadar a Washington en plenas negociaciones comerciales. En Europa sí ha habido estos días algunas voces, como la de Emily Thornberry, presidenta del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento británico, que alertó de que la ausencia de una condena clara a la operación estadounidense en Venezuela podría envalentonar a potencias como China y Rusia. Tong Zhao, investigador del Carnegie Endowment, advertía en Foreign Affairs de que esta indulgencia va a reducir aún más la «autoridad moral de Occidente para criticar la coerción china».
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