Un disparo mortal del ICE y un país en ebullición bajo el nuevo mandato de Trump

<p>La reciente oleada de violencia atribuida a agentes del Servicio de Aduanas y Control de Inmigración (<strong>ICE</strong>, por sus siglas en inglés) ha vuelto a encender los ánimos en las calles. Este sábado estaban previstas cerca de un millar de protestas en todo <a href=»https://www.elmundo.es/internacional/estados-unidos.html» target=»_blank»><strong>Estados Unidos</strong></a> -desde Texas hasta Kansas, California, Ohio y Florida- en rechazo a la brutalidad de los agentes federales, después de que el miércoles <a href=»https://www.elmundo.es/internacional/2026/01/08/695ffa7fe85ece034f8b45ad.html» target=»_blank»>uno de ellos acabara con la vida de una mujer</a> de 37 años en <strong>Minneapolis</strong>, madre de tres hijos, y de que el jueves hiriera de bala a otras dos personas en <strong>Portland</strong>.</p>

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 La muerte de Renée Good, desarmada y sin antecedentes migratorios, marca un punto de inflexión en la política de deportaciones y la respuesta social  

La reciente oleada de violencia atribuida a agentes del Servicio de Aduanas y Control de Inmigración (ICE, por sus siglas en inglés) ha vuelto a encender los ánimos en las calles. Este sábado estaban previstas cerca de un millar de protestas en todo Estados Unidos -desde Texas hasta Kansas, California, Ohio y Florida- en rechazo a la brutalidad de los agentes federales, después de que el miércoles uno de ellos acabara con la vida de una mujer de 37 años en Minneapolis, madre de tres hijos, y de que el jueves hiriera de bala a otras dos personas en Portland.

Como era previsible, la muerte a tiros de Renée Good en Minneapolis, tras negarse a bajar de su vehículo e intentar huir de un agente del ICE, ha desatado una oleada de indignación en el país y una sensación generalizada de cambio de paradigma bajo el nuevo Gobierno de Donald Trump. La mujer, nacida en Colorado Springs, no tenía problemas con las autoridades migratorias y no iba armada. Son muchas las voces de ciudadanos las que en los últimos días han manifestado su temor a que les pueda suceder lo mismo.

En Minneapolis, una coalición de grupos defensores de los derechos de los migrantes había convocado una marcha en Powderhorn Park, un amplio espacio verde cercano al lugar donde Good perdió la vida a bordo de su Honda Pilot. La concentración pretendía rendir homenaje a la fallecida y exigir el «fin del terror letal en nuestras calles».

Tanto el jueves como el viernes se registraron enfrentamientos en las inmediaciones del aeropuerto, con lanzamiento de piedras y bolas de nieve contra los agentes que custodiaban el edificio federal utilizado como base para el operativo migratorio en la ciudad. El balance es de 29 personas detenidas y un agente de policía herido, según confirmó el jefe de la Policía de Minneapolis, Brian O’Hara.

El alcalde de la ciudad, Jacob Frey, pidió a los ciudadanos que «no muerdan el anzuelo» del trumpismo, que ha defendido sin fisuras la actuación del agente del ICE. «No vamos a contrarrestar el caos de Donald Trump con nuestra propia versión de caos», afirmó Frey, al tiempo que elogió el carácter pacífico de la mayoría de los manifestantes.

Tanto el presidente Trump como su vicepresidente, JD Vance, y la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, han indicado que la respuesta del agente del ICE fue correcta, puesto que «su vida estaba en peligro». Los vídeos indican claramente lo contrario. Trump llamó agitadora profesional a Good y Noem afirmó que se trataba de un incidente de «terrorismo doméstico». Vance, por su parte, afirmó que el responsable de la muerte de Good tiene «inmunidad absoluta» y culpó a la izquierda radical del incidente y a la propia fallecida. «¿Una tragedia? Sin duda. Pero una tragedia que recae sobre esta mujer y sobre todos los radicales que enseñan a la gente que la inmigración es el único tipo de ley con la que los alborotadores tienen derecho a interferir», indicó.

La muerte de Good agrava el clima de tensión que Minneapolis arrastra desde hace semanas. El despliegue de miles de agentes federales en Minnesota forma parte de la campaña de Trump para ejecutar su plan de deportaciones masivas, que ya se ha dejado sentir en grandes ciudades como Los Ángeles, Washington y Chicago.

Muchos de los más de 2.000 agentes que participan en el operativo fueron trasladados a Minnesota tras su abrupta retirada de Nueva Orleans, donde formaban parte de otra operación iniciada el mes pasado y que, en principio, estaba prevista hasta febrero.

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