<p>Trump volvió a ser Trump, aunque los espectadores de su discurso esperaban <strong>una versión aún más extrema</strong> y la sensación final fue de alivio. En su invertebrado repaso de la actualidad, de la que es el protagonista absoluto, el rubio presidente dedicó un buen rato de su largo discurso <strong>a la guerra de Ucrania</strong>.</p>
El presidente de EEUU considera que es la OTAN y Europa quienes «deben ocuparse de Ucrania, y no Estados Unidos»
Trump volvió a ser Trump, aunque los espectadores de su discurso esperaban una versión aún más extrema y la sensación final fue de alivio. En su invertebrado repaso de la actualidad, de la que es el protagonista absoluto, el rubio presidente dedicó un buen rato de su largo discurso a la guerra de Ucrania.
Llamó la atención que en dos ocasiones recordara que «mañana [por hoy]» iba a reunirse con Volodimir Zelenski, a quien situó entre el público: «Tal vez esté viéndome por aquí». Pero el presidente de Ucrania ni estaba entre la audiencia ni se encontraba en Davos, sino en Kiev, como tuvo que recordar su oficina presidencial. Finalmente, Zelenski viaja hoy para verse con él. También sabemos, porque lo ha publicado el Kremlin, que Steve Witkoff, el enviado especial de Trump y ex promotor inmobiliario, viaja a Moscú para volver a reunirse con Vladimir Putin en el marco de las conversaciones de paz.
Donald Trump consideró que es la OTAN y Europa quienes «deben ocuparse de Ucrania, y no Estados Unidos», una posición que contrasta con la que han tenido todos los presidentes norteamericanos desde Bill Clinton. «¿Qué obtienen los Estados Unidos de todo este trabajo, de todo este dinero, aparte de muerte, destrucción y sumas colosales de dinero que van a parar a manos de personas que no aprecian lo que hacemos? No aprecian lo que hacemos, me refiero a la OTAN, me refiero a Europa. Son ellos quienes deben ocuparse de Ucrania, no nosotros».
No es la primera vez en la que el rubio presidente anuncia que desea desconectarse de este conflicto volviendo una y otra vez con el machacón argumento de que no es su guerra, sino «la guerra de Joe Biden» y que con él en el poder «jamás habría sucedido», una declaración a la que Putin se unió para masajear su ego en la reunión de ambos en Alaska.
El presidente de EEUU siguió insistiendo en la misma línea: «Estados Unidos está muy lejos, nos separa un gran y hermoso océano. No tenemos nada que ver con eso». Es una declaración que confirma lo publicado ya en la Estrategia de Seguridad Nacional, esa biblia de las relaciones internacionales en las que esta Administración ha dejado claro su alejamiento de Europa (un continente perdido, según la opinión de Trump, cuyos países están «irreconocibles», como dijo ayer) para centrarse en lo que llama «nuestro hemisferio».
Trump volvió a mostrarse optimista con las conversaciones de paz, a pesar de que el régimen ruso hace todo lo posible por demostrar lo contrario: «Estamos razonablemente cerca de un acuerdo para poner fin a la guerra en Ucrania».
El problema es que ese optimismo, como ya ha sucedido durante meses, luego no se traduce en nada. Vladimir Putin exige territorios que sus soldados ni siquiera han podido conquistar, como un 25% de la región de Donetsk que Rusia lleva cuatro años intentando tomar en vano, avanzando de forma lenta y penosa. El Kremlin no se baja de esa petición maximalista, que Zelenski rechaza de plano, apoyado por sus aliados europeos.
Ese punto, unido al de las garantías de seguridad tras la firma de una hipotética paz, con el despliegue de tropas internacionales en Ucrania (promovido por la llamada «Coalición de Voluntarios») al que Moscú se niega en redondo, la firma de cualquier compromiso resulta hoy poco menos que imposible.
Trump volvió a insistir en Davos en otra idea ya pronunciada antes, pero no por ello verdadera: «Cuando Putin está convencido de firmar, Zelenski se niega, y cuando Zelenski está de acuerdo, Putin es el que se echa atrás». Pero en realidad Ucrania ha aceptado, desde el principio, todos los alto el fuego propuestos desde Estados Unidos y ha sido Rusia la que los ha rechazado.
La pelota vuelve ahora al tejado del Kremlin. Pero incluso tratándose de un acuerdo que beneficia claramente a Rusia, no parece que Moscú vaya a aceptar la última versión del texto corregida por Ucrania y Europa, según han filtrado durante semanas los funcionarios del Kremlin a diversos medios.
Pese a los esfuerzos de apaciguamiento de Estados Unidos con el autócrata ruso, fuentes de inteligencia estadounidenses han revelado en numerosas ocasiones que Vladimir Putin no tiene una voluntad real de poner fin a la guerra. La razón es que lleva casi cuatro años recibiendo información distorsionada, como publicó Financial Times, por parte de sus generales, que le venden grandes victorias en el frente y un ejército ucraniano siempre al borde del colapso. El ejemplo es la batalla de Kupiansk, que el jefe del Estado Mayor ruso, Valery Guerasimov, vendió hace dos meses como una gran victoria. Semanas después de dar la ciudad por conquistada, las tropas ucranianas expulsaron al remanente de tropas rusas sitiadas en el centro y hasta Zelenski fue hasta allí para grabarse un vídeo-selfie.
En esta fase de la guerra, con el frente casi congelado, los que están sufriendo más son los civiles ucranianos. En ciudades como Kiev se suceden los días sin luz ni calefacción, con una infraestructura energética casi destruida por Rusia.
Hasta la famosa ciudad balneario suiza han ido estos días un puñado de oficiales ucranianos para hablar con los políticos europeos. Ayer se fotografiaron con Edgars Rinkvis, presidente de Letonia: «Tuve la oportunidad de conocer a soldados ucranianos en Davos. Están aquí para contar sus historias sobre la guerra. Defienden tanto a Ucrania como a Europa, y la libertad, y por eso merecen un enorme agradecimiento».
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