<p>Ojalá alguien que me quiera tanto en esta vida como <strong>Timothée Chalamet</strong> quiere al <strong>Oscar </strong>al mejor actor. Con tal desesperación que no teme al ridículo, tan abiertamente que no disimula ni por educación, con tanto despecho acumulado a sus escasos 30 años que no hay nada que no diga o haga por convencer a la Academia de que es él y no esos otros cuatro matados (un tal <strong>DiCaprio</strong>, un tal Hawke, un Michael Jordan de palo…) quien lo merece.</p>
Cae mal porque es arrogante, vanidoso, egoísta, obsesionado con la percepción que el mundo tiene de él… También es el mejor actor de su generación. De largo
Ojalá alguien que me quiera tanto en esta vida como Timothée Chalamet quiere al Oscar al mejor actor. Con tal desesperación que no teme al ridículo, tan abiertamente que no disimula ni por educación, con tanto despecho acumulado a sus escasos 30 años que no hay nada que no diga o haga por convencer a la Academia de que es él y no esos otros cuatro matados (un tal DiCaprio, un tal Hawke, un Michael Jordan de palo…) quien lo merece.
Durante la promoción de Marty Supreme, donde lo borda, ha rapeado y ha bailado, ha gastado más tela naranja que todo el sistema penitenciario yanqui y ha acudido a eventos acompañado de señores disfrazados de pelotas de ping pong, como el pijo del barrio de Salamanca que viste de Ralph Lauren al perro para pasear. Por si a alguien no le quedaba claro cuánto merece el premio, fue a la tele a decir lo siguiente: «Este es mi mejor papel y eso que llevo siete u ocho años dando interpretaciones de élite. Quiero que la gente lo valore. Lo mío es realmente mierda de primer nivel». A estas alturas, lo único que aún sorprende es que no hable de sí mismo en tercera persona. No tardará.
Chalamet ha hecho el canelo de tantas formas diferentes que sería lamentable que acabara perdiendo otra vez (sería la tercera y Michael B. Jordan, al que aquí se ama desde The Wire, está fabuloso en la no menos fabulosa Sinners) por la única cosa en todo este vergonzoso tour promocional que ha dicho sin pensar en el premio y que, además, es cierta. Aunque nos duela a los que nos gusta, la ópera y el ballet no le importan a nadie. Al menos desde la perspectiva generacional y de número de espectadores que maneja una estrella joven de Hollywood. Es lo que hay y masacrarle por ello es puro clasismo intelectual.
Chalamet cae mal, especialmente a los hombres de más de 40, y cae mal porque es un cretino integral. Eso es así. Arrogante, vanidoso, egoísta, obsesionado con la percepción que el mundo tiene de él. Vale, ¿y qué? También fueron así antes Leo DiCaprio, Christian Bale, Edward Norton, Russell Crowe, Dustin Hoffman, Al Pacino, Marlon Brando… Unos maduraron mejor y otros peor, pero todos fueroinsoportables. La historia de la cultura está plagada de gilipollas con talento.De hecho, es justo que el mejor papel de Chalamet hasta la fecha haya sido interpretar al artista más entregado a perpetuar su cretinez de todos los tiempos: Bob Dylan.
Dylan es también, por supuesto, un dios. Chalamet está muy lejos, pero sí que es el mejor actor de su generación. De largo. Recogiendo las palabras del sabio, dejen a los chavales que camelen y denle el Oscar a este muchacho antes de que haga una tontería. Bueno, otra.
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