<p>Llegará el día en que le preguntemos a nuestra IA conversacional preferida por las películas sobre IA y, directamente, explote. Eso o caiga a nuestros pies muerta de aburrimiento. De un tiempo a esta parte, las distopías sobre un futuro amenazado por máquinas capaces de pensar por sí mismas han llegado a tal grado de previsibilidad, homogeneidad y cansancio que quizá sea el momento de confiar en, en efecto, las máquinas. Está claro que determinados guionistas no dan más de sí. <i>Sin piedad </i>es buen ejemplo de lo anterior o de lo que se nos ocurra por el camino. <strong>No es que la película repita tópicos o subraye cosas ya dichas, lo suyo es más arriesgado: la idea es repetir todo, pero todo, lo que ya se ha dicho sobre el asunto, pero hacerlo gritando,</strong> para que nadie tenga la tentación siquiera de pensar. Más que una película distópica es ella misma una distopía hecha realidad. </p>
La Inteligencia Artificial vuelve a convertirse en la excusa para una película esencialmente tosca y muy evidente sobre el futuro y las distopías
Llegará el día en que le preguntemos a nuestra IA conversacional preferida por las películas sobre IA y, directamente, explote. Eso o caiga a nuestros pies muerta de aburrimiento. De un tiempo a esta parte, las distopías sobre un futuro amenazado por máquinas capaces de pensar por sí mismas han llegado a tal grado de previsibilidad, homogeneidad y cansancio que quizá sea el momento de confiar en, en efecto, las máquinas. Está claro que determinados guionistas no dan más de sí. Sin piedad es buen ejemplo de lo anterior o de lo que se nos ocurra por el camino. No es que la película repita tópicos o subraye cosas ya dichas, lo suyo es más arriesgado: la idea es repetir todo, pero todo, lo que ya se ha dicho sobre el asunto, pero hacerlo gritando, para que nadie tenga la tentación siquiera de pensar. Más que una película distópica es ella misma una distopía hecha realidad.
El director ruso Timur Bekmambetov, al que debemos ejercicios arriesgados de confusión como Wanted (Se busca) o la inaudita Abraham Lincoln: Cazador de vampiros, tiene claro que lo más importante para mantener la atención del espectador es tenerle distraído y con la mente desperdigada por mil asuntos tan arbitrarios (los más) como espeluznantes (alguno hay) durante lo que dura la película. Y a ello se aplica con una pasión y una fe desusada. Se cuenta la historia de un hombre, policía para más señas, acusado de haber matado a su mujer. Él no se acuerda. No pasa muy a menudo, pero a veces la memoria nos juega malas pasadas. Sea como sea, el espectador sabe, porque ya lo ha visto antes, que algo raro pasa y que el hombre, nos pongamos como nos pongamos, no es tan culpable como parece.
Le juzgará una máquina con la voz y la presencia de Rebecca Ferguson (lo mejor de todo esto) encargada de analizar pruebas, dictar sentencia y ejecutar la condena en una hora y media. Como lo del Fiscal General, por así decirlo, pero a lo bestia. Por momentos estamos en Minority Report, a ratos en Juez Dredd y cuando no queda más remedio en Robocop, Terminator o, un escalón más abajo, Yo, robot. Incluso el clásico de Rudolph Maté Con las horas contadas asoma en alguna que otra intención. Digamos que todo es saqueado con la misma falta de rigor y sin atender a más motivación que el nerviosismo. En realidad, y pese a lo catastrofista del párrafo que nos ocupa y precedentes, hay algo en el alumno no por fuerza aventajado de Tony Scott que es Bekmambetov que se mantiene a salvo y es su fe en el desastre.
En rigor todo discurre en un único escenario. Chris Pratt, con esa rara habilidad que va consolidando poco a poco a elegir mal, permanece amarrado a una especie de silla eléctrica en su lucha contra el reloj por demostrar su inocencia. Delante de él pasa el mundo y las pruebas que le facilita la IA y en ese estar dentro pero fuera, y al revés, la película se antoja tan artificial y aparatosa como solo desquiciante. Definitivamente, no funciona o, como diría el poeta: «¿Qué es distopía?, dices mientras clavas/ en mi pupila tu pupila azul./ ¿Qué es distopía? ¿Y tú me lo preguntas?/ Distopía… eres tú».
—
Director: Timur Bekmambetov. Intérpretes: Chris Pratt, Rebecca Ferguson, Annabelle Wallis. Duración: 100 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.
Cine
