<p>Entre las risas de sus acompañantes, <a href=»https://www.elmundo.es/e/do/donald-trump.html»><strong>Donald Trump</strong></a> aseguró esta semana, a bordo del Air Force One, que <a href=»https://www.elmundo.es/internacional/dinamarca.html»>Dinamarca</a> ha reforzado la protección de <strong>Groenlandia</strong> con la adquisición de un trineo de perros. Una falsedad y, al mismo tiempo, una verdad a medias. Otro factor de confusión en lo que políticos y medios daneses consideran una campaña de desinformación orquestada por la Casa Blanca que también incluye menciones de buques chinos y rusos junto a las costas groenlandesas, masivas inversiones chinas en la isla y denuncias de colonialismo danés.</p>
Los datos desmienten las acusaciones de la Administración Trump sobre la inversión danesa en su Defensa militar, la presencia de buques chinos y rusos en sus costas, las inversiones masivas chinas y el estatus jurídico de la isla
Entre las risas de sus acompañantes, Donald Trump aseguró esta semana, a bordo del Air Force One, que Dinamarca ha reforzado la protección de Groenlandia con la adquisición de un trineo de perros. Una falsedad y, al mismo tiempo, una verdad a medias. Otro factor de confusión en lo que políticos y medios daneses consideran una campaña de desinformación orquestada por la Casa Blanca que también incluye menciones de buques chinos y rusos junto a las costas groenlandesas, masivas inversiones chinas en la isla y denuncias de colonialismo danés.
No es la primera vez que Trump habla de trineos, pero lo cierto es que entre los 42.000 millones de coronas (5.620 millones de euros) que Dinamarca gastará para su rearme militar en el Ártico no hay ni una sola corona destinada a trineos de perros. Es decir, no ha comprado ninguno y los que ya tiene la denominada Patrulla Sirius se utilizan más bien para misiones de inspección y rescate, no como elemento de disuasión ante eventuales ejércitos enemigos.
Las compras más importantes contempladas con los 42.000 millones incluyen cinco buques de inspección ártica de última generación para sustituir a los desgastados buques de la gama Thetis; cuatro drones de largo alcance MQ-9B SeaGuardian; aviones de patrulla marítima del tipo Boeing P-8 Poseidon; sistemas de satélite; un radar de vigilancia aérea en las Islas Feroe para vigilar aviones y misiles en el Atlántico Norte; y un radar de vigilancia aérea para el este de Groenlandia.
Sí es cierto, como insinúa el presidente estadounidense, que sobre el terreno todavía no ha ocurrido prácticamente nada. La entrega de la totalidad de las adquisiciones danesas no se completará hasta 2030 o 2031. «Ahora mismo la situación no ha cambiado, ni en tierra ni en el mar», ha explicado Marc Jacobsen, especialista en política internacional en el Ártico de la Academia de Defensa, al diario Berlingske. «Pero el suministro de este tipo de material lleva su tiempo, algo que Trump debería saber».
En cualquier caso, el ministro de Asuntos Exteriores danés, el moderado Lars Løkke Rasmussen, ha manifestado que la seguridad de Groenlandia, clave para la OTAN por su situación geográfica en el globo terráqueo, con Norteamérica a un lado y Rusia y Europa al otro (el camino más corto para un misil ruso disparado contra territorio estadounidense pasaría por encima de la isla ártica), no debe ser entendida como una responsabilidad exclusiva de Dinamarca, sino como una tarea conjunta para todos los miembros de la Alianza Atlántica.
Especialmente para Estados Unidos, que ya cuenta con la Base Espacial de Pituffik (con 150 soldados), y que en los años 50 del siglo pasado llegó a tener en la isla hasta cuatro bases más y una decena de instalaciones adicionales (con un total de 6.000 soldados), las cuales decidió ir cerrando por cuenta propia en décadas posteriores.
Løkke ha negado también otra de las acusaciones de Trump, quien sostiene que en las costas de Groenlandia «hay buques rusos y chinos por todas partes que se pueden ven a simple vista sin necesidad de anteojos». No hay constancia, sin embargo, de presencia rusa o china ni en los datos de tráfico marítimo ni en las observaciones de los barcos de pesca locales.
El Arctic Institute, un organismo con sede en Washington especializado en estudios de seguridad polares, apunta que los buques rusos navegan más bien por el mar de Barents y cerca de las costas noruegas, así como que la posible presencia de submarinos rusos por la zona de Groenlandia no es superior a la que pueda haber por ciertas islas canadienses o por Islandia. Los buques chinos se encuentran más cerca de Rusia o de Alaska.
La Casa Blanca ha insistido también en su inquietud ante la fuerte actividad inversora china en Groenlandia en sectores críticos como la minería, las comunicaciones y las infraestructuras. Según el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU, el patrón que sigue Pekín para su expansión internacional es claro: comienza con intereses económicos, continúa con presiones políticas y, eventualmente, acaba aplicando también presiones militares.
Aquí es donde las acusaciones de Washington se alejan más de la realidad. Las inversiones directas chinas en Groenlandia en 2026 son mínimas. La mayoría de sus proyectos han sido rechazados, paralizados o asumidos por empresas occidentales. Pese a sus grandes ambiciones iniciales, la realidad es que China ha quedado al margen del desarrollo económico groenlandés. Está presente como accionista minoritario en alguna empresa minera, pero no posee infraestructuras críticas ni explota minas activas ni gestiona telecomunicaciones.
Irónicamente, sobre todo a tenor de las agresivas declaraciones de la Administración Trump sobre la necesidad de anexionarse Groenlandia, han sido sobre todo las presiones de los gobiernos danés y estadounidense, además de la aprobación de leyes medioambientales por parte del Parlamento local, las que han frustrado una penetración china a gran escala.
El sector minero fue el ámbito donde Pekín mostró mayor interés, pero también donde encontró la resistencia más fuerte. El caso más emblemático es Kuannersuit, uno de los mayores yacimientos mundiales de tierras raras. El grupo chino Shenghe Resources pasó de ser el favorito para su explotación a verse reducido a socio minoritario (9%) de Energy Transition Minerals, la empresa australiana actualmente responsable del proyecto. Paralizado, no obstante, por las leyes groenlandesas que prohíben desde 2021 excavaciones donde haya presencia de uranio.
Otro ejemplo es la mina de hierro de Isua, adquirida en 2015 por la empresa china General Nice Group. En 2021, el Gobierno autónomo retiró la licencia por falta de avances y por impagos. En Citronen Fjord, un yacimiento de zinc y plomo en el norte de Groenlandia, existió interés chino a través de NFC, pero el proyecto se financia hoy principalmente con capital de la empresa australiana Ironbark Zinc.
La influencia china ha sido aún más limitada en sectores estratégicos como las infraestructuras y las telecomunicaciones, donde Dinamarca y Estados Unidos han intervenido directamente por motivos de seguridad. En 2018, la empresa china CCCC estuvo cerca de obtener el contrato para construir los nuevos aeropuertos internacionales de Nuuk e Ilulissat, lo cual provocó una crisis diplomática que terminó con la intervención financiera del Estado danés para asegurar que los proyectos permanecieran bajo control occidental.
En telecomunicaciones, Groenlandia tomó una decisión similar en 2019, cuando la empresa estatal Tusass optó por la sueca Ericsson como proveedora de la red 5G, descartando por motivos de seguridad a su elección inicial, la china Huawei. En ambos casos, las presiones de Washington resultaron decisivas para la marcha atrás.
Tras la exclusión de China, han sido principalmente países occidentales, encabezados por Canadá, Estados Unidos, Australia y la Unión Europea, quienes han ocupado ese espacio. Estados Unidos controla el denominado proyecto Tanbreez, otro de los mayores yacimientos de tierras raras del mundo, que pasó a manos de la empresa estadounidense Critical Metals Corp entre 2024 y 2025. El Gobierno estadounidense considera incluso una participación directa para asegurar el suministro a su industria de Defensa.
La UE ha reconocido su fuerte dependencia de las materias primas chinas para la transición verde y ha convertido a Groenlandia en una prioridad estratégica. Por ello, se ha posicionado como un socio clave, combinando apoyo financiero e inversiones directas en minería de minerales críticos con acento en una industria sostenible.
Canadá, por su parte, se ha consolidado como el socio operativo más importante, gracias a su experiencia en minería ártica, su aceptación social entre la población y el desarrollo de nuevas rutas aéreas y logísticas entre Groenlandia y América del Norte. Las empresas mineras canadienses saben cómo gestionar la logística en condiciones extremas de frío y aislamiento, retos que China a menudo subestimó. Además, aplican modelos de buenas prácticas para integrar a la población inuit en sus proyectos, elemento muy valorado por los groenlandeses.
Uno de los colaboradores de Trump más hostiles hacia Dinamarca ha sido Stephen Miller, su vicesecretario de Gabinete. Durante una reciente entrevista con la cadena CNN, en un encendido alegato a favor de la anexión, Miller dijo que Groenlandia es una colonia danesa de 30.000 habitantes y se preguntó indignado: «¿Con qué derecho se arroga Dinamarca su control?» En realidad, se trata de un territorio autónomo con 57.000 habitantes y capacidad legislativa para iniciar un proceso de independencia.
La soberanía danesa está reconocida por la ONU desde 1953, cuando Groenlandia dejó de ser considerada una colonia, y por la ley de autonomía groenlandesa de 2009. Además, existe un tratado entre Estados Unidos y Dinamarca, firmado en 1916 con ocasión de la compra estadounidense de las Islas Vírgenes, hasta entonces una posesión danesa, por el que Washington, aparte de pagar 25 millones de dólares, aceptó que los daneses controlasen toda Groenlandia.
El aparente desconocimiento de Miller del fundamento jurídico sobre el que reposa la soberanía danesa le ha valido no sólo críticas en Dinamarca, sino también en Estados Unidos, incluso dentro de su propio partido. Thom Tillis, senador republicano por Carolina del Norte crítico con los planes anexionistas de Trump, se mostró muy contundente, también en la CNN: «Que Stephen Miller se limite a hablar sobre temas de los que sabe algo. Si no, que deje su puesto».
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