<p>Setenta años después de la intervención soviética en Budapest, Rusia intenta volver a moldear la política húngara. Esta vez no es con tanques, sino con operaciones encubiertas, desinformación y presión sobre el proceso electoral. El momento es crítico: <a href=»https://www.elmundo.es/e/vi/viktor-orban.html»>Viktor Orban</a>, que mantiene bloqueada en Bruselas la ayuda europea a Ucrania, llega a las elecciones del 12 de abril más debilitado que en cualquier otro momento de su largo mandato.</p>
Vladimir Putin cruza todas las líneas para que su ‘peón’ en la UE siga en el poder
Setenta años después de la intervención soviética en Budapest, Rusia intenta volver a moldear la política húngara. Esta vez no es con tanques, sino con operaciones encubiertas, desinformación y presión sobre el proceso electoral. El momento es crítico: Viktor Orban, que mantiene bloqueada en Bruselas la ayuda europea a Ucrania, llega a las elecciones del 12 de abril más debilitado que en cualquier otro momento de su largo mandato.
La oposición del partido Tisza, dirigido por Péter Magyar, ha logrado colocarse por delante en algunos sondeos, en una campaña que aboca al país a una elección de alto riesgo para el sistema construido por el partido gubernamental Fidesz. Para Vladimir Putin, perder a Orban no sería solo un revés político: sería perder a su hombre de confianza dentro de la UE. Por eso los ‘hombres del Kremlin’ en Budapest están dispuestos hasta a simular un intento de asesinato contra Orban para sacarlo del pozo electoral en el que se encuentra.
Moscú ha encargado sus operaciones de influencia a la Agencia para el Diseño Social, una estructura especializada en intoxicación digital y propaganda política. No es una consultora cualquiera: es una herramienta de influencia para salvar un activo como Orban, que le sirve para erosionar la unidad europea, retrasar decisiones sobre Ucrania y convertir cada Consejo Europeo en una negociación en la que Moscú está en la práctica sentado en la sala de al lado.
Según un documento interno del servicio de inteligencia ruso SVR publicado por el ‘Financial Times’, agentes rusos llegaron a plantear un «punto de inflexión» para ‘rescatar’ la campaña de Orban: escenificar un falso intento de asesinato que permitiera cambiar el eje del debate electoral, sacar el debate del deterioro económico y llevarlo al terreno de la seguridad y el miedo, con un llamamiento a la lealtad nacional. Perdida la batalla argumental por el desgaste en el poder, la lógica rusa ya no sería convencer con propaganda, sino conmocionar con hechos. No persuadir, sino alterar el marco mental del votante. El Kremlin lo niega, pero la oficina de prensa de la embajada rusa en Budapest y el propio embajador ruso, Evgeny Stanislavov, han atacado a Magyar, acusándolo de difundir falsedades.
Moscú ya ha enviado a Budapest un equipo para interferir en las parlamentarias, supervisado por Serguei Kiriyenko, mano derecha de Vladimir Putin en lo que se refiere a gestión de regímenes del antiguo bloque socialista. Su cargo oficial es el de subdirector de la Administración Presidencial de Rusia. Su misión ahora mismo es organizar una campaña en redes sociales dirigida contra Magyar y su partido, Tisza. Al parecer, la estrategia del gobierno de Orban en las redes sociales ha sido hasta ahora poco efectiva. Tras probar —sin éxito suficiente— métodos parecidos en Moldavia, Moscú estaría aplicando ahora ese mismo manual en un Estado miembro de la Unión. El año pasado Kiriyenko asumió con éxito la tarea de facilitar la victoria del exponente pro-Kremlin Badra Gunba en las elecciones presidenciales de Abjasia, el territorio desgajado de Georgia bajo la protección de Moscú. Así ha conseguido la confianza de Putin para canalizar la influencia rusa con un estilo más directo. En reuniones a puerta en el Parlamento húngaro se han discutido las advertencias de los servicios de inteligencia sobre la presencia de estrategas políticos rusos en Budapest.
Candidatos duplicados
En la propia papeleta aparecerán señales conocidas de los ‘trucos rusos’, como los candidatos duplicados. Repitiendo lo ocurrido en algunas elecciones locales y regionales en Rusia, en estas elecciones han aparecido candidatos con el mismo nombre que el líder opositor, Peter Magyar. El plan es dividir el voto y restar apoyos al candidato auténtico. En 2021, el concejal opositor Boris Vishnevsky denunció que dos rivales en San Petersburgo no sólo adoptaron su mismo nombre, sino también una apariencia casi idéntica para confundir al electorado.
Estos días en los pasillos de Bruselas el escándalo es máximo después de que ‘The Washington’ Post publicase que el ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, llama durante los recesos de reuniones europeas a Serguei Lavrov para transmitirle en tiempo real qué se estaba discutiendo y qué decisiones podían tomarse. El gobierno de Orban mantiene lazos más estrechos con Rusia que cualquier otro en Europa. Hungría es un consumidor habitual de energía rusa, comprando ahora más gas ruso que antes de que el Kremlin lanzara su guerra total contra Ucrania en 2022, a pesar de las sanciones impuestas por la UE y EEUU.
Desde el comienzo de la invasión a gran escala, el ministro húngaro Szijjártó ha viajado 16 veces a Moscú. Y la semana pasada volvió a situarse en la misma línea argumental del Kremlin al denunciar un supuesto ataque ucraniano contra el gasoducto TurkStream, exactamente el tipo de relato que Moscú necesita para presentar a Kiev como amenaza para los intereses energéticos europeos.
En 2025, Putin elogió a Orban como un «líder que representa los intereses nacionales» y dijo que Europa «renacería» bajo el liderazgo de políticos como el primer ministro. Como gesto de amistad, Putin acaba de entregar a dos prisioneros de guerra ucranianos de ascendencia húngara que previamente habían expresado sentimientos prorrusos en videos de propaganda del Kremlin emitidos por los medios estatales húngaros. El líder ruso incluso amenazó con cortar el suministro de energía a la Unión Europea, pero matizó sus palabras después diciendo que Rusia abastece a socios fiables como Hungría y Eslovaquia: otro mensaje para movilizar a los votantes de Orban. Todas estas declaraciones y gestos de Putin sobre Hungría, así como la influencia encubierta de Rusia, indican que las elecciones húngaras se convertirán, en última instancia, en una cuestión geopolítica.
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