Los choques en Siria sacuden la amenaza olvidada de los presos del Estado Islámico

<p>Los recientes enfrentamientos entre el ejército y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) -lideradas por milicias kurdas- en el noreste sirio han provocado una gran incertidumbre sobre la seguridad de las prisiones y centros de detención que albergan a miles de miembros y simpatizantes del <a href=»https://www.elmundo.es/e/es/estado-islamico-is.html» target=»_blank»><strong>Estado Islámico (IS)</strong></a>. A medida que las fuerzas del Gobierno han avanzado hacia el norte, se han producido choques contra las fuerzas kurdas en los alrededores de estas instalaciones, <strong>mientras los reos han aprovechado el caos para fugarse o revelarse</strong>. Ante el riesgo de otro conflicto civil en la zona, el CENTCOM, el organismo que coordina la Defensa de Washington en Oriente Próximo, <strong>anunció el traslado de 7.000 presos del grupo de </strong><a href=»https://www.elmundo.es/internacional/siria.htmlhttps://www.elmundo.es/internacional/siria.html» target=»_blank»><strong>Siria</strong></a><strong> a </strong><a href=»https://www.elmundo.es/internacional/irak.html» target=»_blank»><strong>Irak</strong></a>.</p>

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 Estados Unidos anuncia el traslado de 7.000 reclusos del grupo terrorista de prisiones sirias a Irak  

Los recientes enfrentamientos entre el ejército y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) -lideradas por milicias kurdas- en el noreste sirio han provocado una gran incertidumbre sobre la seguridad de las prisiones y centros de detención que albergan a miles de miembros y simpatizantes del Estado Islámico (IS). A medida que las fuerzas del Gobierno han avanzado hacia el norte, se han producido choques contra las fuerzas kurdas en los alrededores de estas instalaciones, mientras los reos han aprovechado el caos para fugarse o revelarse. Ante el riesgo de otro conflicto civil en la zona, el CENTCOM, el organismo que coordina la Defensa de Washington en Oriente Próximo, anunció el traslado de 7.000 presos del grupo de Siria a Irak.

Tras múltiples desacuerdos sobre el encaje de las FDS en el Gobierno interino del presidente Ahmed al Sharaa, el ejército lanzó una ofensiva en el noreste del país, logrando que las milicias kurdas cedieran dos importantes provincias -Raqqa y Deir al Zor-, que estuvieron bajo su control en la última década. Ante los continuos enfrentamientos, Al Sharaa y el líder de las fuerzas kurdas, Mazloum Abdi, lograron una tregua de cuatro días, en la que se espera que las FDS claudiquen ante las exigencias de Damasco, integrando a sus miembros en el aparato de defensa estatal.

Esta situación ha provocado unas condiciones de riesgo extremo en las instalaciones que albergan a yihadistas y simpatizantes del Estado Islámico, ya que estos centros se encuentran en zonas de combate y han pasado a manos de las fuerzas del Gobierno sin un traspaso organizado de las responsabilidades de seguridad.

Las instalaciones estaban hasta ahora gestionadas por las fuerzas kurdas con el apoyo de Estados Unidos. Sin embargo, Washington declaró esta semana que la alianza con las FDS «ha expirado» y que delegará la gestión de las prisiones al Gobierno de Al Sharaa. El traspaso marca el fin de siete años de alianza con las fuerzas kurdas y el comienzo de una nueva era de incertidumbre sobre el destino de los miles de hombres, mujeres y niños encerrados en estas instalaciones.

Sí, y ya se ha producido. Decenas de presos del IS escaparon el martes de la prisión de Shaddadi, uno de los tres centros carcelarios de Hasaka, provincia que ha sido objetivo de repetidos ataques de las fuerzas gubernamentales. Damasco aseguró que 120 reos escaparon y que ya han capturado unos 80, mientras que las fuerzas kurdas elevan la cifra de yihadistas fugados a 1.500.

En el centro de detención de Al Hol, unas instalaciones a 13 kilómetros de la frontera con Irak que albergan a más de 20.000 personas, los detenidos se revelaron en medio del caos, mientras el IS instaba a través de las redes a desplazarse a la zona para atender a los fugados. Gran parte de los presos son niños -muchos nacidos en el propio campo- y mujeres, familiares de militantes del grupo.

Estados Unidos tiene una ventana corta de cuatro días de tregua para poder trasladar con seguridad a los presos. Por el momento, el CENTCOM ha anunciado el traslado de 150 reos a una «instalación segura» no revelada de Irak. El primer traslado se produjo desde la prisión de Al Sina, en la ciudad de Hasaka, una zona bajo control kurdo que Washington teme que pueda ser escenario de nuevos combates. Según la BBC, yihadistas del IS llamaron a sus seguidores a través de redes para apoyar a los detenidos en las prisiones y centros de detención sirios.

Se estima que las prisiones del IS en el noreste del país albergan a unos 8.500 combatientes, procedentes de unos 50 países. En los últimos años, cerca de 36 países han aceptado el retorno de sus ciudadanos con 3.365 repatriaciones, en su mayoría niños.

Aparte, hay dos centros de detención, Al Hol y Roj, que albergan a 42.500 personas, con familiares de combatientes pero también civiles que vivían en las zonas del califato instaurado por el IS, según datos de 2025 de Human Rights Watch. En los centros se estima que 18.000 presos son extranjeros, entre ellos podría haber españoles. El Ejecutivo español repatrió a Yolanda Martínez y Luna Fernández -junto a varios niños- en enero de 2023 y llevó a cabo una segunda repatriación hace pocos meses, de una ciudadana española y un menor. Organizaciones humanitarias han descrito los centros de detención como una «caja de pandora» de la «ira frustrada» de miles de menores abandonados en el campo, sobreviviendo en condiciones inhumanas y en contacto constante con ideología extremista.

Bagdad ha extremado las medidas de seguridad para que la inestabilidad del país vecino no cruce sus fronteras. Por ello, el traslado de presos con ayuda de Washington podría brindarle un mayor control de los yihadistas. Sin embargo, la medida ha provocado un fuerte rechazo de las milicias iraquíes respaldadas por Irán, que catalogaron el traslado de presos como una «violación de la soberanía» del país.

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