<p>Fue en noviembre de 2022 cuando <strong>Corea del Norte </strong>mostró por primera vez al mundo una carta que hasta entonces había mantenido oculta: la hija de <strong>Kim Jong-un</strong>. La escena parecía sacada de un guion propagandístico escrito con ironía. Padre e hija, cogidos de la mano, caminaban ante las cámaras junto al Hwasong-17 -el «monstruo», como lo bautizaron los propios norcoreanos-, uno de los misiles balísticos intercontinentales más potentes del arsenal de <strong>Pyongyang</strong>. El mensaje parecía transparente: el futuro del régimen y su capacidad de destrucción, todo en la misma imagen.</p>
La agencia de inteligencia de Corea del Sur ha asegurado este jueves que Kim está preparando a Kim Ju-ae para ser su sucesora
Fue en noviembre de 2022 cuando Corea del Norte mostró por primera vez al mundo una carta que hasta entonces había mantenido oculta: la hija de Kim Jong-un. La escena parecía sacada de un guion propagandístico escrito con ironía. Padre e hija, cogidos de la mano, caminaban ante las cámaras junto al Hwasong-17 -el «monstruo», como lo bautizaron los propios norcoreanos-, uno de los misiles balísticos intercontinentales más potentes del arsenal de Pyongyang. El mensaje parecía transparente: el futuro del régimen y su capacidad de destrucción, todo en la misma imagen.
El nombre de la niña no lo reveló la prensa estatal, sino un personaje improbable: Dennis Rodman. El ex jugador de la NBA, que presume de amistad con el líder norcoreano, contó tras una visita a Pyongyang en 2013 que había sostenido en brazos a un bebé llamado Kim Ju-ae, hija del «mariscal». Se cree que nació en torno a ese año, aunque en Corea del Norte hasta las fechas forman parte del secreto de Estado.
Desde aquella aparición cuidadosamente coreografiada, las imágenes de Kim Jong-un junto a su hija se han multiplicado: desfiles militares, pruebas de misiles, visitas a unidades estratégicas. No eran solo fotos familiares, sino señales políticas.
Este jueves, la agencia de inteligencia de Corea del Sur ha asegurado que Kim está preparando a Ju-ae para ser su sucesora. La evaluación, comunicada a puerta cerrada a los legisladores en Seúl y difundida después por la agencia Yonhap, refuerza la tesis que desde hace tiempo manejan casi todos los analistas: la niña será la heredera de la dinastía que gobierna el régimen norcoreano desde hace más de siete décadas.
Corea del Norte funciona como una monarquía hereditaria de partido único. Desde 1948 el poder ha pasado de Kim Il-sung a su hijo Kim Jong-il y de este a Kim Jong-un, en transiciones muy cocinadas durante años. La propaganda estatal desempeña un papel decisivo: antes de cada sucesión, el heredero es introducido gradualmente en la iconografía oficial, aparece junto al líder en actos militares y comienza a recibir títulos que lo sitúan en la jerarquía del gobernante Partido de los Trabajadores.
Ese patrón parece repetirse ahora. La imagen de Ju-ae es cuidadosamente difundida por la prensa estatal. En enero, por ejemplo, apareció durante la prueba de un sistema de cohetes múltiples de gran calibre, ocupando un lugar prominente junto a su padre.
Según han explicado en una rueda de prensa los diputados surcoreanos Park Seon-won y Lee Seong-gwon tras recibir el informe del Servicio Nacional de Inteligencia, la presencia pública de Ju-ae no ha dejado de aumentar. Ha aparecido en actos simbólicos de alto valor político, como una visita al Palacio del Sol de Kumsusan, el mausoleo donde reposan los restos de Kim Il-sung y Kim Jong-il. En la liturgia norcoreana, ese lugar es mucho más que un monumento: es el centro de la legitimidad dinástica, el santuario donde la familia Kim se presenta como linaje casi sagrado.
«Creemos que han entrado en la fase de selección de sucesión», afirmó Lee ante los periodistas, utilizando una fórmula prudente que, en el lenguaje habitual de la inteligencia surcoreana, suele significar que existen indicios consistentes, aunque todavía no haya un anuncio formal. Los espías surcoreanos citaron como señales de la sucesión que la pequeña Ju-ae expresaba «sus puntos de vista sobre ciertas políticas estatales».
Las anteriores sucesiones en Corea del Norte se anunciaron de forma indirecta. Kim Jong-il fue presentado gradualmente en la década de 1970, cuando aún vivía su padre, y asumió cargos clave en el partido y el ejército antes de la muerte de Kim Il-sung en 1994.
A Kim Jong-un, por su parte, se le concedió el rango de general de cuatro estrellas y puestos en la cúpula del partido en 2010, apenas un año antes del fallecimiento de Kim Jong-il. En ambos casos, la propaganda comenzó a construir la imagen del heredero mucho antes de la transición formal.
El posible ascenso ahora de una mujer como heredera abre además interrogantes en una sociedad profundamente patriarcal y militarizada. Aunque la propaganda norcoreana ha mostrado a figuras femeninas influyentes (como Kim Yo-jong, hermana del líder y la segunda que más manda en el país), nunca antes se ha preparado a una mujer para ocupar el cargo supremo. Los medios especializados en el aislado régimen asiático explican que, si finalmente se confirma esta sucesión, el régimen tendrá que construir un relato ideológico capaz de justificar esa ruptura con la tradición sin debilitar el culto a la familia Kim.
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