La aviación israelí bombardea Beirut mientras cientos de miles de personas huyen: «Salvad vuestras vidas»

<p>El<strong> desplazamiento forzoso de la población civil </strong>es un crimen de guerra estipulado por normativas como la Convención de Ginebra o el Estatuto de Roma. Sin embargo, este jueves Israel anunció públicamente que pensaba pisotear una vez más tales directrices al exigir a las cerca de<strong> 700.000 de personas que viven en los barrios del sur de Beirut</strong> que abandonaran sus residencias, so pena de perder la vida.</p>

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 Tel Aviv ordena el desplazamiento forzoso de cerca de 700.000 personas, generando el caos absoluto en la capital del Líbano  

El desplazamiento forzoso de la población civil es un crimen de guerra estipulado por normativas como la Convención de Ginebra o el Estatuto de Roma. Sin embargo, este jueves Israel anunció públicamente que pensaba pisotear una vez más tales directrices al exigir a las cerca de 700.000 de personas que viven en los barrios del sur de Beirut que abandonaran sus residencias, so pena de perder la vida.

Poco después de las 2:30 de la tarde, los habitantes de estos distritos -donde la comunidad chií musulmana es mayoría- recibieron un aviso «urgente» en sus redes sociales o incluso a través de los SMS de sus teléfonos con un mensaje en árabe conminatorio: «¡Salvad vuestras vidas y evacuar vuestras casas de forma inmediata!». «Ir al norte, a Trípoli, hacia la montaña. Está prohibido ir hacia el sur. Eso pondría en peligro vuestras vidas. Ya os informaremos del momento en el que podeis volver a vuestras casas».

El aviso, que llevaba el sello del ejército israelí, marcaba amplias zonas de la capital en «rojo». No sólo Dahiya, donde además de la población civil también se encuentran numerosas instalaciones de Hizbulá, la formacion paramilitar enfrentada a Israel, sino también Hadath, un barrio de mayoría cristiana.

La orden no admitía discusión. No marcaba diferencias entre civiles o militantes. Era explícita. Se dirigía a «todos los residentes» de esas localizaciones.

La noticia generó un absoluto caos inmediato en la principal villa libanesa. Los ciudadanos del país árabe saben que este tipo de amenazas israelíes vienen acompañadas horas después de bombardeos devastadores.

Por si alguien tenía alguna duda, uno de los ministros israelíes, el fundamentalista Bezalel Smotrich, difundió un vídeo en el que se adelantaba a la acción armada y decía: «Dahiya se parecerá muy pronto a Jan Yunis». Se refería a la localidad palestina de Gaza que ha sido literalmente aplastada durante el genocidio cometido por el ejército israelí en ese territorio.

Las palabras de Smotrich coincidían con los avisos filtrados por varios medios de comunicación israelíes como el Canal 14 de su televisión, que indicó que la aviación de su países se disponía a demoler decenas de bloques de apartamentos en Beirut.

Conscientes de la tragedia que se avecinaba, una auténtica marea humana comenzó a desbordarse hacia todas las direcciones. La acumulación de vehículos colapsó durante horas las principales avenidas de la villa.

Los gritos de los conductores se entremezclaban con los claxon de sus coches, en un embotellamiento infernal. Las columnas de vehículos intentaban abandonar la ciudad a toda prisa.

Muchos terminaron bloqueados. Jalil al-Haj concluyó aparcando su coche en la playa de Beirut, sin saber a dónde dirigirse. El libanés de 55 años ya pasó 6 meses desplazado cuando los israelíes le obligaron a huir de Dahiya en 2024. «Nosotros no tenemos nada que ver con esta guerra, pero somos los que pagamos la factura», declaró.

Jalil se encontraba en su casa plácidamente cuando todo se transformó en absoluto desconcierto. El anuncio israelí movilizó a todos sus vecinos. Las escaleras del edificio se llenaron de personas presas del pánico.

«En un segundo todos los niños estaban llorando y las mujeres gritando», recordaba a media tarde, mientras seguía esperando a que las bombas israelíes dictaran su suerte.

«Sabemos que los israelíes no mienten. Siempre que nos mandan un aviso de ese tipo y marcan algo en rojo, lo arrasan hasta los cimientos», agregó Jalil.

Miles de familias se encontraban a su alrededor, en la costa. Otras se acumulaban en el centro de la villa. Los desplazados intentaban agruparse en torno a emplazamientos que consideraban seguros: concentrados alrededor de iglesias, mezquitas, parques u hospitales.

En una ciudad que no olvida los límites de cada arrabal que quedaron marcados durante los años de la guerra civil del siglo pasado, las calles que bordean el hipódromo de la localidad, la «frontera» que da acceso a Dahiya, se llenaron de cientos de coches de huidos que intentaban decidir hacia donde continuaban su marcha.

La plaza de Tayouneh, uno de los puntos de entrada hacia los barrios sureños, era escenario de una avalancha de personas que escapaban acarreando bolsas de plástico. Decenas de madres empujaban los carritos de sus bebés y se juntaban en torno a las ambulancias, pensando que eso las protegería.

Otra gran muchedumbre huyó del campo de refugiados palestino de Bourj al Burujneh, también ubicado en el sur de Beirut.

«¿Cómo podemos vivir así, tirados en la calle?», se quejaba Abdel al-Hassan, de 80 años, que permanecía sentado sobre el asfalto sin saber a dónde dirigirse.

Mohamed Ali Zaeb había estacionado su coche junto a la acera, tras verse bloqueado por los que conducían en dirección contraria, azuzados por el miedo.

Hacía dos días que huyó de Nabatiyeh, en el sur del país, cuando los bombardeos israelíes se aproximaron a su domicilio. Pensó que Beirut era más seguro. Craso error.

«Me instalé en casa de mi hermano pero no he conseguido alquilar ningún piso. Se niegan a alquilármelo si mi mujer va con velo. Todos están contra nosotros (se refiere a la comunidad chií)», declaró rumiando su desagrado.

Zaeb no es el primero que denuncia la creciente fosa social que está generando en este país la nueva guerra. La presión israelí y las acciones de Hizbulá están reabriendo las grietas que siempre existieron entre las diferentes confesiones.

La decisión del Gobierno liderado por Nawaf Salam de declarar ilegal al brazo armado del también llamado Partido de Dios ha agravado la crisis entre los paramilitares aliados de Irán y el poder central.

El propio secretario general de Hizbulá, Naim Qassem, ya advirtió el miércoles en un discurso televisado que no piensan desmantelar sus milicias y arremetió contra el ejecutivo.

«El Gobierno libanés, en lugar de condenar la agresión israelí-estadounidense y buscar formas de enfrentarse a ella, se volvió contra la resistencia (alusión a Hizbulá) para completar su error y alinearse con las demandas israelíes», señaló, confirmado el grave choque político interno que enfrenta el país.

Las autoridades libanesas, empezando por el presidente Joseph Aoun, intentaron movilizar sus contactos diplomáticos para evitar la ofensiva aérea de Israel contra Beirut. El jefe de Estado indicó a través de las redes sociales que había pedido «la intervención del presidente francés Emmanuel Macron«.

La mediación de Aoun no pareció tener mayor éxito. Poco antes de las 23:00, Dahiyeh comenzó a verse sacudida por las explosiones. Los misiles iluminaban la noche y levantaban enormes columnas de humo al cielo.

«Estamos atacando con fuerza y profundizando en el Líbano. He dado órdenes para que el ejército avance a lo largo de la frontera», declaró casi a esa misma hora el jefe del estado mayor israelí, Eyal Zamir.

Las 136 órdenes de evacuación dictadas por Israel durante la guerra del 2024 -similares a la de esta jornada- afectaron a un 25 por ciento del territorio libanés y obligaron a moverse de un lado a otro a cerca de 1,4 millones de personas, según denunció en su momento la ONG Oxfam. «Podrían constituir una campaña de traslado forzoso y son una grave violación del Derecho Internacional Humanitario«, opinó la organización humanitaria en su indagatoria.

Las amenazas contra Beirut se entremezclaron con los bombardeos israelíes en el sur del país, donde sus tropas siguen ampliando las zonas que ocupaban ya desde el 2024.

Según las autoridades libanesas, los combates han dejado más de un centenar de muertos y más de 600 heridos. Tel Aviv ha reconocido que varios de sus soldados han resultado heridos en los choques con militantes de Hizbulá, que también han respondido lanzando cientos de cohetes contra el norte del país vecino.

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