La campaña electoral para las elecciones presidenciales de 2028 empezó el martes por la noche, poco después de las 22.00, hora de Washington. En ese momento, con las dos cámaras del Congreso en manos Demócratas, el presidente Donald Trump empezó a hablar con periodistas, a coger sus llamadas, y aceptó que su partido había sufrido una derrota abrumadora. Lo hizo aceptando que la guerra de Irán tenía algo de responsabilidad, más o menos. Que tendría que colaborar con la oposición. Pero lavándose las manos por lo ocurrido: «Yo no estaba en la papeleta», se defendió después de llevar meses sosteniendo justamente lo contrario y de haber convertido las legislativas en un plebiscito sobre su gestión y su agenda.
El vicepresidente esboza una hoja de ruta para evitar otro desastre en 2028: «poner fin a la guerra en Irán, centrarse en el costo de vida y la inflación, America First y cambiar nuestra relación con Israel»
La campaña electoral para las elecciones presidenciales de 2028 empezó el martes por la noche, poco después de las 22.00, hora de Washington. En ese momento, con las dos cámaras del Congreso en manos Demócratas, el presidente Donald Trump empezó a hablar con periodistas, a coger sus llamadas, y aceptó que su partido había sufrido una derrota abrumadora. Lo hizo aceptando que la guerra de Irán tenía algo de responsabilidad, más o menos. Que tendría que colaborar con la oposición. Pero lavándose las manos por lo ocurrido: «Yo no estaba en la papeleta», se defendió después de llevar meses sosteniendo justamente lo contrario y de haber convertido las legislativas en un plebiscito sobre su gestión y su agenda.
La derrota, devastadora, mostró al país al Trump más débil y vulnerable. Al Trump Pato Cojo, al Trump que dejará el cargo en dos años y que ha fracturado el movimiento MAGA. Y abrió las puertas para empezar a pensar en su reemplazo. Doce horas después, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, ha sido el primero en dar un paso al frente, de una forma directa, agresiva y sobre todo muy arriesgada. Postulándose sin decirlo y de una manera inédita, porque lo ha hecho contradiciendo al presidente, desafiando su relato sobre la guerra y gritando a los cuatro vientos que la razón, la causa evidente del ‘tsunami azul’ de anoche es Irán. Y por tanto, la razón y el responsable último es Donald Trump.
El choque está lleno de matices, derivadas e intereses cruzados. A lo largo del miércoles le preguntaron a Trump en repetidas ocasiones si de verdad aceptaba que la derrota era culpa de Irán, y por tanto si se arrepentía de ello o iba a terminar las hostilidades de una vez. Trump, a su manera, admitió que la tesis de la culpa de Irán «es en gran medida cierta», pero rápidamente recalcó que «si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría que hacerlo de nuevo. No pueden tener un arma nuclear…», dijo en referencia a Teherán. En otras intervenciones matizó que el problema no era la intervención en Oriente Próximo en sí, y que la gente estaba con él en eso, sino las consecuencias. Y que quizás su Administración no ha sabido explicarlo.
Su posición es contraria a la de Vance, aunque puedan parecer similares. Pero por las mismas razones. Vance, que desde febrero ha ido colocando la narrativa de que él fue casi el único en la Administración en oponerse a bombardear Irán, a diferencia por ejemplo de Marco Rubio, se la ha jugado con un movimiento osado. Es consciente de que es muy difícil, imposible, ser presidente sin el apoyo explícito y el endorsment de Donald Trump. Pero también sabe que ha perdido iniciativa frente a Rubio, de que no tiene la popularidad necesaria. La campaña lo ha mostrado. Y de que seguir la agenda de Trump otros dos años acabaría con sus aspiraciones. Así que ha hecho una apuesta.
Sostiene que la guerra de Irán es la responsable de la derrota, la única. Pero no es un ejercicio de honestidad intelectual y pura autocrítica, sino un movimento de campaña. Vance afirma que la culpa es de la guerra porque él se oponía a ella y aboga por pararla ya, no porque sea la única explicación al tsunami demócrata. Probablemente la inflación sea el elemento más determinante en el malestar de los estadounidenses, como lo fue con Joe Biden. Pero hay muchas más razones en la enmienda al trumpismo; las deportaciones, la corrupción destada, los abusos de poder, la destrucción de las instituciones. Pero Vance, como Trump, sí apoya todo eso. Por lo que para imponer su relato y sacar ventajas a posibles rivales, necesita que sólo haya una causa muy específica. La que le beneficia.
En un larguísimo post en su cuenta de X, el vicepresidente ha empezado arremetiendo contra los estrategas republicanos, que a pesar de los números clarísimos de las encuestas seguían vendiendo a la Casa Blanca un relato edulcorado sobre la «composición’, esto es, si el electorado se veía lo suficientemente cercano a 2024 para que los republicanos ganaran». Traducido: le decían al presidente que si el votante pensaba en él, la victoria era posible.
Mientras Trump se lavó las manos anoche, defendiendo sus políticas, diciendo que todo era culpa de los malos candidatos, de los medios o de que los ciudadanos se han obsesionado por la inflación y los precios (pero insistiendo en que respaldaban su política exterior), Vance coge el toro por los cuernos y pide al mundo conservador que no se engañe. «El problema principal es que muchas personas que votaron por Trump/Vance en 2024 votaron por demócratas en 2026. Habrá mucho enfrentamiento interno y discusiones sobre qué pasó y por qué. Uno de los encuestadores que realmente respeto me dijo que nuestro mensaje económico no fue lo suficientemente afilado al final. Estoy seguro de que eso es verdad. Pero la verdadera razón por la que perdimos es obvia para casi todos«, añade en su mensaje apuntando a Irán.
La parte final de su tuit es la más importante: «La razón por la que perdimos es la guerra. El propio presidente lo dijo anoche. Si quieres argumentar que valió la pena, que perder el Senado por los próximos 6 años valió la pena, entonces hazlo. Argumenta que fue un costo valioso que pagar. De acuerdo o en desacuerdo, eso al menos es honesto», ha escrito intentando presentar su análisis como una continuación del presidente, cuando en realidad es una enmienda absoluta al mismo. Trump habló de Irán, sí, y dijo que tenía relevancia… pero reiteró que no se arrepiente y dijo que volvería a hacer lo mismo. De hecho, cuando se le preguntó específicamente por la tesis de Vance reiteró que mereció la pena. «Sí, lo hizo, no teníamos otra opción».
En su reflexión, Vance traza también, con la derrota caliente y sin tiempo que perder, a hoja de ruta que cree que el partido debe de seguir para no estrellarse en 2028. Una senda destinada al mundo MAGA, con ideas básicas. Las ideas de Trump… antes de volver al poder.
1) Terminar la guerra
2) Enfocarse en el costo de vida/inflación
3) Poner a América primero
4) Cambiar nuestra relación con Israel
Vance lo presenta como las respuestas de los votantes a preguntas de «uno de los encuestadores más inteligentes» que conoce. Pero es claramente su propia agenda de cara a su nominación. Y ajusta cuentas. «Las cuatro razones anteriores son por las que muchos votaron por demócratas. Mientras muchos pasaban el lunes atacando a Rachel Campos Duffy por llamar a una resolución diplomática al conflicto [de Irán], resulta que su consejo político era sólido. (También es una gran persona)», señala el vicepresidente en referencia a una de las presentadoras de la cadena Fox, que en las últimas horas ha sido duramente criticada por sostener que un acuerdo de paz con Irán podía ser bueno para el mundo, pero que Israel no lo estaba poniendo fácil y apuntar a Netanyahu.
«A la gente que está furiosa y quiere decir ‘os lo dije’, tienen razón, nos lo dijeron», señala… hablando de sí mismo, claro, ya que fue uno de los pocos en marcar ciertas distancias y decirle a Trump que esto podía pasar. Después se subió al carro, pero sin el entusiasmo de los que le decían a Trump que la victoria era segura y fácil, como el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
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