Hospitales bajo las bombas en el Líbano

<p>El vídeo publicitario del centro médico de <strong>Burj Qalaouiyah</strong> permitía apreciar las modernas instalaciones que atendían a una veintena de aldeas del entorno. Disponían de dentista, un servicio de radiología, cardiología, laboratorios de análisis y una farmacia.</p>

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 La aviación de Tel Aviv ha matado a 32 paramédicos desde el inicio de la guerra y atacado 18 hospitales y centros sanitarios, según Beirut. Israel anuncia el inicio de la ofensiva terrestre  

El vídeo publicitario del centro médico de Burj Qalaouiyah permitía apreciar las modernas instalaciones que atendían a una veintena de aldeas del entorno. Disponían de dentista, un servicio de radiología, cardiología, laboratorios de análisis y una farmacia.

«Daba servicio a unas 15.000 personas», indicó Mohamed Nurdine, antiguo alcalde de la población.

«Llevaba funcionando unos 19 años», explicó Abdullah Nurdine. El jefe del servicio de ambulancias del recinto y el antiguo funcionario se expresaban frente al esqueleto en ruinas de la edificación. Los dos pisos que antes acogían toda suerte de modernos equipos eran un compendio de la devastación más absoluta.

Puro cascajo entremezclado con cables, trozos de metal y madera, apilados en una estructura cuyos muros fueron arrancados por la explosión. El fuego apenas se había extinguido. De los restos seguía surgiendo una abundante humareda.

Mohamed Ahmed Mariai, otro integrante de los grupos de socorristas, había estado hablando por teléfono con dos de sus compañeros, Assem Sultan y Mohamed Maatu, minutos antes de que se produjera el suceso.

«Habían cenado después de concluir el ayuno -los musulmanes siguen celebrando el mes de Ramadán- y estaban descansando en el centro».

El libanés de 43 años escuchó la explosión y de inmediato supo que era en Burj Qalaouiyah. Su equipo de rescate llegó cuando el inmueble seguía envuelto en llamas.

«Había cadáveres tirados en el segundo piso, sobre el asfalto. Algunos estaban aplastados por los escombros. Estuvimos cuatro horas para sacarlos de allí porque teníamos que retirar las piedras con las manos«, relató frente al esqueleto calcinado del edificio.

Según Mariai, varios de los fallecidos eran supervivientes del sangriento ataque que sufrió un convoy de rescatistas de Taybeh -otra población sureña- durante la última conflagración.

En aquella ocasión, el 2 de octubre de 2024, los israelíes asesinaron a otro grupo de paramédicos, cuyos cadáveres no pudieron ser evacuados hasta 47 días más tarde, según denunciaron los compañeros de las víctimas.

Esta vez el balance fue todavía más trágico. Abdallah Nurdine asegura que los proyectiles que arrasaron la clínica de Burj Qalaouiyah este viernes acabaron con la vida de 12 rescatistas.

«Este no es el único ataque. Los israelíes han matado a más de 22 socorristas de los servicios de ambulancias en todo el país desde que empezó la guerra. Estaban cumpliendo su deber humanitario. Los israelíes intentan encubrir su crimen diciendo que estos vehículos [las ambulancias] se usan con fines militares. Pueden revisar todo lo que quieran», indicó Nurdine al grupo de periodistas que se había congregado frente a los restos del consultorio.

Nurdine recordó que el suceso de Burj Qalaouiyah dista mucho de ser un incidente aislado. Los muertos entre socorristas y sanitarios libaneses durante la guerra de 2024 se contaron por decenas.

«Tuvimos 95 mártires [muertos] de la Defensa Civil y las Autoridades Sanitarias y unas 120 ambulancias fueron destruidas», precisó.

El sangriento ataque que sufrió la clínica de Burj Qalaouiyah se registró a las 8:42 de la noche del viernes, según Nurdine. «No hubo ningún aviso [israelí]», agregó. Si lo hubiesen recibido, habrían evacuado el lugar, precisó.

El suceso se inscribe en los repetidos asaltos aéreos que está llevando a cabo la fuerza aérea de Israel contra las instalaciones sanitarias y las fuerzas de Protección Civil del sur del país, según han denunciado las autoridades libanesas.

Operación «limitada y selectiva» de Israel sobre el LíbanoE.M

Este lunes, los aeroplanos israelíes acabaron con la vida de otros dos socorristas en Kfarsir, al norte de Burj Qalaouiyah, al atacar otra ambulancia. Según el Ministerio de Salud libanés, hasta ahora los israelíes han acabado con la vida de 32 paramédicos, han atacado 18 hospitales y centros sanitarios y han dañado o destruido una treintena de ambulancias.

Un portavoz militar israelí, Avichay Adraee, reconoció el sábado que, para sus fuerzas, esos vehículos de asistencia y los socorristas son un objetivo, al afirmar que Hizbulá los está usando con «fines militares», sin ofrecer prueba alguna sobre tal acusación.

Los bombardeos de la fuerza aérea de Israel contra hospitales y servicios de rescate ya fueron una constante durante el genocidio de Gaza y también en la guerra que registró el Líbano durante 2024.

Un informe que hizo público el Ministerio de Salud libanés en enero del pasado año indicó que durante ese conflicto Israel bombardeó 68 hospitales o centros sanitarios en todo el país, forzando el cierre de ocho de ellos. Las repetidas agresiones israelíes causaron la muerte de más de 200 socorristas y sanitarios.

ONG como Human Rights Watch o Amnistía Internacional acusaron a las fuerzas de Tel Aviv de haber cometido probables crímenes de guerra y recordaron que, incluso si algunos de los paramédicos eran miembros de organizaciones vinculadas a Hizbulá, la legislación humanitaria sólo los convierte en objetivos legales si participan en los combates y no si se limitan a ser socorristas.

La carretera a Burj Qalaouiyah asciende desde la ciudad sureña de Tiro a través de todo un rosario de poblaciones casi desiertas ante el acoso diario que sufren por parte de la aviación israelí. La más cercana a Tiro es Aabasiyeh, un enclave que acumula tantas guerras como muertos desde que comenzó la disputa entre el Líbano e Israel, tras la creación de este último Estado en 1948.

En Deir Qanoun An Nahar -la ciudad natal de Hashem Safieddine, quien debía haber sido el nuevo líder de Hizbulá y que fue asesinado en octubre de 2024-, los retratos de docenas de militantes de la formación proiraní se alinean en las inmediaciones del cementerio, certificando el ingente castigo que ha sufrido la agrupación en los últimos años.

El mínimo tráfico que se observa en las villas más cercanas a Tiro desaparece por completo cuando se traspasa Maaroub. Aquí, los residentes han dejado clara su filiación erigiendo enormes fotografías del desaparecido líder iraní Ali Jamenei.

Durante el último recorrido del periodista por esta misma ruta se prodigaban las ruinas, que ahora han pasado a ser solares. Atrapados en este ciclo de violencia infinita, los residentes de la región ya empiezan a contabilizar nuevas viviendas derruidas, cuyos restos se multiplican conforme se pasan localidades como Srifa -que ya fue parcialmente arrasada en la última guerra- o Ghandouriyeh.

Las casi únicas personas visibles en los casi 30 kilómetros de recorridos son precisamente los socorristas de las unidades de protección civil, que permanecen en cada villorrio en emplazamientos claramente marcados con banderas blancas. Pero la presencia de los militantes del grupo armado que lidera Naim Qassem en la zona es también tan obvia como las dos detonaciones que sonaron en Burj Qalaouiyah justo al llegar el convoy de informadores.

«Son de salida [en dirección a las posiciones israelíes]. Dos morteros«, comentó uno de los informadores.

La acción de los paramilitares se vió respondida por el sobrevuelo a baja altura de las aeronaves israelíes, que atronaban el cielo con sus reactores, generando la inquietud entre los informadores. Poco después, mientras los testigos del suceso explicaban lo acaecido este viernes, la artillería israelí comenzó a disparar en las inmediaciones.

Los responsables militares de Tel Aviv aseguran que han destruido entre el 85% y el 90% del arsenal de cohetes de Hizbulá, una estimación que el propio diario israelí The Jerusalem Post matizó al reconocer que «el verdadero potencial» de los irregulares «ha sorprendido al ejército», ya que están siendo capaces de «lanzar alrededor 100 cohetes o drones diarios, incluyendo unos 200 el 11 de marzo».

Pese a que Israel ha enviado a cinco divisiones al sur del Líbano, sus fuerzas no han conseguido avanzar hasta ahora de forma significativa en la región fronteriza.

Filtraciones canalizadas a través de los medios israelíes y norteamericanos han difundido la supuesta intención de Tel Aviv de lanzar una amplia ofensiva contra el Estado árabe, que sería la quinta desde 1978, destinada a capturar toda la región al sur del río Litani.

El citado Avichay Adraee anunció este lunes que las fuerzas israelíes han iniciado «operaciones terrestres limitadas y selectivas» en la zona divisoria «con el objetivo de reforzar la zona de defensa avanzada». La página israelí Ynet indicó que los militares ya han conseguido progresar entre siete y nueve kilómetros en el área fronteriza, una información desmentida por los acólitos de Hizbulá.

Durante la visita a Burj Qalaouiyah, organizada por la agrupación chía, uno de los portavoces de Hizbulá en el área, Salman Harb, indicó que «tras 15 días de combates el enemigo no ha podido avanzar hacia el corazón del sur del Líbano. Ha establecido posiciones a lo largo de la línea del frente, pero no puede penetrar más«.

Los medios libaneses se hicieron eco de violentas confrontaciones en poblaciones como Jiam, Yaroun, Maroun al Ras o Al Taybeh, todas ellas aldeas situadas en la primera línea del territorio libanés fronterizo con Israel.

Este domingo, durante el recorrido por el sur del Líbano, este reportero pudo constatar cómo el ejército libanés retiraba media docena de los tanques que había desplegado en esa zona, quizás anticipándose a la intensificación de los combates.

El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, indicó durante la jornada que las cientos de miles de personas que han sido desplazadas ya por la ofensiva de sus soldados en el sur –son ya más de un millón en todo el país– no podrán retornar a sus hogares «hasta que se garantice la seguridad de los residentes del norte» de Israel.

The Jerusalem Post citó al propio Katz y dijo que la pretensión de los militares era replicar la estrategia de Gaza y convertir todas las aldeas del área en un «páramo», arrasándolas como hicieron en la franja palestina.

Para Mohamed Ahmed Mariai, el ataque contra los paramédicos y la clínica de Burj Qalaouiyah se inscribe dentro de los planes militares de Tel Aviv, que según él buscan «atemorizar» a la población local y forzar su huida. Reconoce que, en cierta manera, lo han conseguido. «Antes del ataque había 170 familias, pero ya sólo quedan 60», comentó. La suya está refugiada en Beirut.

Pero Mariai recuerda que esta guerra forma parte de las muchas que ha librado el Líbano contra Israel. «Llevamos así desde 1948». Desde que se creó Israel. «Nuestros abuelos ya nos contaban estas cosas, y después nuestros padres. Nosotros enseñamos a los bebés que tienen que defender esta tierra», concluye, desafiante pese al estruendo de los obuses que caen en las proximidades.

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