Francia: del ocaso del macronismo a la «conquista» de la extrema derecha

<p>La utopía de una <strong>Francia </strong>»ni de derechas, ni de izquierdas» con la que Emmanuel Macron llegó al poder en el 2017 ha dejado paso a la <strong>áspera realidad </strong>de una nación con <strong>extremos cada vez más irreconciliables</strong>. «El macronismo morirá con Macron» es el principio admitido por el común de los analistas. A la agonía de una idea y la fragmentación del centro político se une el detonante del contexto internacional que está <strong>devaluando aún más la imagen del impopular presidente</strong>, con un nivel de confianza de apenas el 12% entre sus compatriotas, según el barómetro de Verian para <i>Le Figaro</i>.</p>

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 El presidente francés ha sido duramente criticado por todo el arco político por su condescendencia inicial hacia Trump por la captura de Maduro. Empieza el año sin presupuesto y con una zozobra política, económica y social  

La utopía de una Francia «ni de derechas, ni de izquierdas» con la que Emmanuel Macron llegó al poder en el 2017 ha dejado paso a la áspera realidad de una nación con extremos cada vez más irreconciliables. «El macronismo morirá con Macron» es el principio admitido por el común de los analistas. A la agonía de una idea y la fragmentación del centro político se une el detonante del contexto internacional que está devaluando aún más la imagen del impopular presidente, con un nivel de confianza de apenas el 12% entre sus compatriotas, según el barómetro de Verian para Le Figaro.

Emmanuel Macron ha sido duramente criticado por todo el arco político por su condescendencia inicial hacia Donald Trump por la captura de Nicolás Maduro, alegando que los venezolanos deberían «alegrarse» por su caída. Hasta Marine Le Pen se brindó a darle una lección de derecho internacional asegurando rotundamente que «la soberanía de los estados es innegociable, inviolable y sagrada».

Poco a poco, Macron se vio obligado a rectificar, hasta acusar finalmente a Trump de «alejarse progresivamente de sus aliados» y defender la «independencia estratégica» de Europa… un día antes del voto de Francia contra el acuerdo de la UE y Mercosur. Aislado en el contexto europeo, cediendo el protagonismo emergente al canciller alemán, Friedrich Merz, la estela internacional de Macron se está apagando pese a su empeño de convertir el Palacio del Elíseo en cuartel general de la Coalición de Voluntarios en Ucrania.

De puertas hacia entro, tampoco encuentra la salida a su propio laberinto, con tres primeros ministros en un año y el esperpento de la dimisión y la vuelta al cargo a los pocos de días de su último leal servidor, Sébastien Lecornu, que tuvo que negociar un «salvavidas» con el Partido Socialista con la renuncia temporal a la reforma de pensiones.

Lecornu es de momento el último superviviente del arca del macronismo, con la guillotina del presupuesto que deberá sacar adelante en enero y la amenaza reactivada de mociones de censura por la extrema derecha y la extrema izquierda. La situación es tan insostenible que el primer ministro está explorando la posibilidad de elecciones legislativas anticipadas en marzo.

La carrera por la sucesión de Macron es estas alturas una misión imposible, propiciada por la fragmentación del centro político a la que él mismo contribuyó con las elecciones anticipadas de junio del 2024 que dejaron el país a la deriva. Los ex primeros ministros Edouard Philippe (líder de Horizons) y Gabriel Attal (al frente de Renacimiento) se han distanciado públicamente de Macron. Philippe ha llegado a pedir su dimisión. Attal ha reconocido abiertamente: «No entiendo las decisiones del presidente».

A dos voces, como si fueran la soprano y el tenor de la extrema derecha, Marine Le Pen y Jordan Bardella han proclamado estos días que el 2026 será «el año de la conquista». La madrina de la extrema derecha y su delfín han vaticinado el fin de «un sistema sin aliento» y la caída por su propio peso de «la coalición de la supervivencia».

Los dos hicieron un llamamiento a las huestes de Agrupación Nacional (RN) para que sus ideas «se asienten en todo el territorio» y allanen el camino a «la gran alternancia» para las presidenciales del 2027. El gran dilema sigue siendo cuál de los dos portará el estandarte hasta el Elíseo, dados los problemas con la justicia de la líder histórica, de 57 años, y el fulgurante ascenso de su «heredero», de 30 años, hoy por hoy el político mejor valorado por los franceses.

La primera gran cita del año será precisamente el recurso de Le Pen contra su sentencia de cinco años de «ineligibilidad para cargos públicos» por malversación de fondos europeos. Las audiencias se celebrarán entre 13 de enero y el 12 de febrero, aunque el suspense se prolongará posiblemente semanas o meses, con las elecciones municipales de marzo como telón de fondo.

Tras el varapalo de los tribunales a Le Pen, Agrupación Nacional llegó a planear incluso una transferencia de poderes al eurodiputado y presidente del partido. El Plan B de Bardella se paralizó sin embargo tras la decisión de la líder natural de la extrema derecha de plantar batalla legal y apurar el calendario para poder llegar a tiempo a las presidenciales… si logra dar la vuelta a la sentencia.

Casi todos los sondeos dan a Bardella por delante de su mentora (44% a 40% según una encuesta de Ifop-Fiducial para Le Figaro), incluso entre los votantes de su propio partido. El joven y trajeadísimo aspirante, de madre italiana y con ancestros argelinos, es percibido como más moderado por la mayoría de los franceses y ha abanderado una línea cercana a Giorgia Meloni.

En los últimos meses, mientras Marine Le Pen libraba su particular forcejeo con la Justicia y seguía al frente de sus 123 diputados en la batalla de los presupuestos, Jordan Bardella ha estado haciendo una doble campaña: de cara a los empresarios para vencer los recelos hacia la extrema derecha (en la así bautizada como «estrategia de la corbata») y al encuentro de los votantes, con una gira por todo el país plasmada en un bestseller: Lo que quieren los franceses.

Fue precisamente mientras firmaba ejemplarse de su libro en Moissac, en su tour particular por la Francia de provincias, donde un jubilado, de 74 años, le estrelló a Bardella un huevo a la cabeza, días después del ataque con harina a manos de un joven estudiante de 17 años en Vesoul. «Estoy extremadamente preocupado por el clima cada vez más violento en nuestro país», reconoció el presidente de RN, que acaparó la máxima atención con el incidente. «Cuando más progresamos y más cerca estamos del poder, la intolerancia y la pura estupidez se desatan».

«Bardella no es ya el sustituto o el reemplazo de Le Pen», advierte Frédéric Dabi, director de la consultora Ifop. «Los sondeos reflejan un proceso de interiorización entre los franceses para aceptar que el candidato sea finalmente él». El ensayista y comentarista de derechas Charles Consigny ha ido estos días incluso más allá: «Jordan Bardella es la nueva Brigitte Bardot, una especie de icono francés».

Bardella despidió a Bardot, fallecida hace un par de semanas, como una «ardiente patriota», y Le Pen no desperdició la ocasión de su funeral para recordar su amistad con la actriz y sus vínculos personalísimos a través de Bernard d’Ormale, su cuarto y último marido (ex asesor de Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional). El efecto Bardot ha contribuido a la «normalización» de la extrema derecha, a la que también está ayudando a su manera Nicolas Sarkozy, con su reciente llamada a «extender el arco republicano» y sus halagos a Jordan Bardella: «Cuando le conocí, me hizo pensar en la época de Chirac; su discurso no es muy diferente al nuestro en aquel momento».

Pase lo que pase entre ellos, Le Pen y Bardella planean tener una participación muy activa en la campaña de las municipales, que serán algo así como ensayo de las presidenciales del 2027: «Vamos a dirigirnos a todo el mundo y a intentar llegar al máximo de lugares, incluidas las grandes ciudades que a priori no son favorables»…. Agrupación Nacional ha presentado más de 600 listas y ambiciona con extender su presencia por todo el territorio, del Mediterráneo al Paso de Calais.

Hoy por hoy, la mayor «conquista» de la extrema derecha es Perpiñán, la ciudad fronteriza con España de 120.000 habitantes, cuyo alcalde es Luis Aliot, ex compañero sentimental de Marine Le Pen. Fue condenado junto a ella a tres años de «inhabilitación» para cargos públicos en el mismo juicio por malversación de fondos de la UE.

La inmigración, la lucha contra la drogas y la delincuencia y la congelación de los impuestos locales serán los tres pilares de RN en la campaña de las presidenciales, en la que están ejerciendo ya un proceso da arrastre sobre Los Republicanos, el partido de la derecha tradicional, que ha experimentado también un viraje bajo la batuta del ex ministro de Interior Bruno Retailleau.

En París, la línea dura de Los Republicanos está representada por Rachida Dati, actual ministra de Cultura y candidata a la alcaldía, con la doble misión de blindar la ciudad frente a inseguridad ciudadana (empezando por vallar los Campos de Marte) y dar marcha atrás a la transición ecológica de Anne Hidalgo, su particular «bestia negra». Ex colaboradora y amiga de Sarkozy, Dati tiene también una cita con la justicia el 16 de septiembre del 2026 por corrupción y tráfico de influencias.

Comparada con Trump por sus detractores, Dati tendrá que hacer frente a una insólita alianza de la izquierda en París, con el socialista Emmaneul Grégorie presto a recoger el testigo de Hidalgo con el apoyo de los ecologistas y de los comunistas en la primera vuelta de las municipales. La Francia Insumisa librará la batalla por su cuenta, escorada también por su líder, Jean-Luc Mélenchon, hacia posiciones radicales.

Como alternativa de la izquierda moderada, en la carrera hacia las presidenciales, despunta el eurodiputado Raphaël Glucksman, al frente de Plaza Pública y con un discurso muy crítico contra Donald Trump (hasta el punto de reclamar «la devolución de la Estatua de la Libertad»).

A la chita callando, recorriendo el país con su nueva plataforma política, Francia Humanista, el ex primer ministro Dominique de Villepin aspira a abrirse paso hacia las presidenciales alertando contra los extremos: «Vivimos en un mundo cada vez más peligroso, sin reglas y sin derecho internacional. Estamos cruzando umbrales sin darnos cuenta y sin billete de vuelta».

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