El botín: La difícil tarea de rimar emoción y acción (**)

<p>De todas las formas posibles de demostrar una teoría la más imaginativa siempre fue la denominada reducción al absurdo (<i>reductio ad absurdum,</i> en latín). Se trata de proponer la tesis contraria a la que se quiere dilucidar y deducir de ella o una contradicción o una conclusión lo suficientemente absurda para dar por buena la tesis original.<i> El botín,</i> la última película de un director bregado en todo tipo de thrillers de acción (incluido <i>Shadow Force, </i>el más malo de todos) como Joe Carnahan, es si quiere un ejemplo paradigmático de este tipo de demostración. <strong>El problema es que la propia cinta no es la tesis original que se quiere validar sino su contraria, la que acaba en absurdo;</strong> es decir, la que serviría para probar que lo mejor y más útil para hacer una buena película de acción es un buen guion, un buen libreto del que El botín carece hasta unos límites en verdad extremos.</p>

Seguir leyendo

 Matt Damon y Ben Affleck se vuelven a juntar para demostrar al mundo la importancia de un buen guion del que esta película carece completamente  

De todas las formas posibles de demostrar una teoría la más imaginativa siempre fue la denominada reducción al absurdo (reductio ad absurdum, en latín). Se trata de proponer la tesis contraria a la que se quiere dilucidar y deducir de ella o una contradicción o una conclusión lo suficientemente absurda para dar por buena la tesis original. El botín, la última película de un director bregado en todo tipo de thrillers de acción (incluido Shadow Force, el más malo de todos) como Joe Carnahan, es si quiere un ejemplo paradigmático de este tipo de demostración. El problema es que la propia cinta no es la tesis original que se quiere validar sino su contraria, la que acaba en absurdo; es decir, la que serviría para probar que lo mejor y más útil para hacer una buena película de acción es un buen guion, un buen libreto del que El botín carece hasta unos límites en verdad extremos.

Se cuenta la historia de dos policías (Matt Damon y Ben Affleck) arrasados por la pena. Uno perdió hace tiempo a su hijo y el otro acaba de ver morir a su amante, también agente del orden, mientras investigaba el paradero de un botín sin dueño de muchos millones de dólares. De repente, se enciende todas las alarmas: ¿hay acaso un topo entre los colegas del cuerpo? ¿Tiene sentido reportar el paradero del dinero en vez de quedárselo y acabar con todos los pesares? ¿Son tan amigos los que parecen amigos? ¿Por qué los narcos, propietarios de semejante tesoro, no quieren saber nada de él? ¿Y el perro? ¿Por qué es tan majo el perro?

La idea original, y a ello se aplica con todo El botín, es construir una especie de melodrama a vueltas con la redención alrededor de un thriller tan clásico como ortodoxo en el mejor y más febril de los sentidos. Acción y emoción sería el lema que probablemente inspiró todo esto. Pensemos por un momento en Heat, de Michael Mann, por citar al más clásico y mejor de todos. Carnahan alterna a ritmo binario las escenas enrabietadas a puerta cerrada de dos hombres destruidos con las secuencias de acción en el fragor de la noche. Por momentos, la propuesta del director enseña lo que en algún momento en las sesiones de trabajo quiso ser. Y ahí que aparece un panorama claustrofóbico habitado por unos tipos encerrados en un caserón junto a una cantidad obscena de dinero sin saber quién es el culpable, quién les ataca, en quién confiar y sobre quién disparar. Pero pronto, y para desilusión de todos, las buenas intenciones quedan reducidas al polvo de unas interpretaciones algo histéricas, unas balaceras bastante confusas y, ya se ha dicho, un guion tan ambicioso como finalmente fallido. La resolución final tan sorprendente como ligeramente ridícula no hace más que confirmar lo sospechado: tenemos lo absurdo, nos falta la película original que se quería demostrar.

Dirección: Joe Carnahan. Intérpretes: Matt Damon, Ben Affleck, Steven Yeun, Teyana Taylor. Duración: 105 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.

 Cine