Arco: Un brillante, oportuno y distinto ejercicio de animación contra el pesimismo  (****)

<p>El pesimismo es hijo del prestigio social y primo hermano de la mirada inteligente. El pesimismo, para entendernos, lleva gafas de pasta y de, tanto en tanto, las hace descender ligeramente por el caballete de la nariz para otear el horizonte por encima del marco. El pesimismo es miope y le gusta ver borroso el paisaje. El pesimismo no hace amigos, pero tampoco los pierde. <strong>Se diría que está tan de moda el pesimismo que hay motivos para ser muy optimista sobre su más que probable crecimiento sin límites.</strong> Por eso (y por alguna razón más, pero esencialmente por eso) llama tanto la a atención <i>Arco</i>, el debut a la dirección de largometrajes del francés Ugo Bienvenu. Arco es, contra toda lógica y a pesar de las modas, una película optimista. Y no solo no se avergüenza ni pide perdón por ello, sino que, al contrario, lo celebra en cada segundo de una propuesta que recuerda tanto a Miyazaki en sus formas (que no en la narración vocacionalmente sencilla del francés) como a Robert Zemeckis en su narración (aunque también un poco en las formas algo ampulosas). <i>Arco </i>es una rareza que devuelve el término distopía que últimamente tanto se prodiga al rincón de pensar del que, probablemente, nunca debió salir. <strong>Brillante, oportuna y, por todo lo dicho, distinta. Así es </strong><i><strong>Arco</strong></i><strong>.</strong></p>

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 Entre Miyazaki y Robert Zemeckis, Ugo Bienvenu convierte un delicado juego de luces y esperanzas en una fábula a contracorriente sobre el futuro  

El pesimismo es hijo del prestigio social y primo hermano de la mirada inteligente. El pesimismo, para entendernos, lleva gafas de pasta y de, tanto en tanto, las hace descender ligeramente por el caballete de la nariz para otear el horizonte por encima del marco. El pesimismo es miope y le gusta ver borroso el paisaje. El pesimismo no hace amigos, pero tampoco los pierde. Se diría que está tan de moda el pesimismo que hay motivos para ser muy optimista sobre su más que probable crecimiento sin límites. Por eso (y por alguna razón más, pero esencialmente por eso) llama tanto la a atención Arco, el debut a la dirección de largometrajes del francés Ugo Bienvenu. Arco es, contra toda lógica y a pesar de las modas, una película optimista. Y no solo no se avergüenza ni pide perdón por ello, sino que, al contrario, lo celebra en cada segundo de una propuesta que recuerda tanto a Miyazaki en sus formas (que no en la narración vocacionalmente sencilla del francés) como a Robert Zemeckis en su narración (aunque también un poco en las formas algo ampulosas). Arco es una rareza que devuelve el término distopía que últimamente tanto se prodiga al rincón de pensar del que, probablemente, nunca debió salir. Brillante, oportuna y, por todo lo dicho, distinta. Así es Arco.

La película cuenta el improbable encuentro de un niño volador de nombre Arco y una niña con los pies en la Tierra llamada Iris. El primero es una especie de viajero del tiempo y llega al presente desde un futuro sin cataclismos ni desastres climáticos ni crisis económicas irresolubles. La segunda habita un tiempo, el nuestro, donde todos esos cataclismos, desastres y crisis se viven como una posibilidad cercana al lado de la IA. Digamos que de la unión de Arco e Iris, además de un muy obvio juego de palabras, saldrá la posibilidad de un tiempo esencialmente esperanzado. Y con futuro. Que no es poco.

Con este guion tan simple como libre de circunloquios, Bienvenu construye una película en línea recta tan delicada como emotiva, tan visualmente agradable en su artesanal 2-D como cargada de futuro. Todo en ella avanza sin sorpresas, consciente de que demasiadas veces la animación abusa del disparatado empeño de sorprender al espectador a cada paso que da. El estilo discurre de manera ordenada y clara al lado de una fábula tan clara como, en efecto, perfectamente ordenada. El optimismo también tiene estas cosas. Al optimismo no le gustan las sorpresas ni las gafas de pasta, y cuando mira el horizonte solo aspira a que sea la hora del atardecer. Bella sin duda. Utópica contra agoreros.

Dirección: Ugo Bienvenu. Guion: Ugo Bienvenu, Félix De Givry. Música: Arnaud Toulon.

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