«Saquearon las marcas buenas y ahora podemos ser los siguientes»: el pequeño comercio de Marsella teme una segunda ola de pillajes

Con una carta en mano, Karim intenta atraer a clientela hacia el Istambul City Kitchen, en el centro de Marsella, al sureste de Francia. El reloj marca las 11.00 horas de la mañana. Ofrecen cafés y desayunos. «Vamos a apurar hasta la cena de hoy, pero el resto del fin de semana no abrimos. Ni sábado, ni domingo. Es mejor no jugársela«.

 Los comerciantes tapian sus negocios y se inclinan por cesar su actividad este fin de semana anticipándose a nuevos asaltos pese a que se hayan prohibido las manifestaciones en la ciudad  

Con una carta en mano, Karim intenta atraer a clientela hacia el Istambul City Kitchen, en el centro de Marsella, al sureste de Francia. El reloj marca las 11.00 horas de la mañana. Ofrecen cafés y desayunos. «Vamos a apurar hasta la cena de hoy, pero el resto del fin de semana no abrimos. Ni sábado, ni domingo. Es mejor no jugársela«.

El suyo es uno de los negocios que, como tantos, cerrarán sus puertas para proteger sus productos y prevenir destrozos ante la segunda jornada de protestas convocadas en toda Francia para este sábado. El clima de inquietud se palpa entre sus calles, muchas de ellas con pintadas que recuerdan a la violencia callejera y los disturbios que marcaron el fin de semana pasado.

Marsella, la segunda ciudad más grande de Francia, fue uno de los enclaves más castigados. El saldo del 17 de octubre en la ciudad foceana fue de 100 detenidos y 500 establecimientos saqueados (el 16,7% del total nacional, que asciende a 3.000). De ahí que las autoridades de la región, Bocas del Ródano, hayan prohibido toda manifestación este fin de semana e impuesto toques de queda que afectarán a toda la población. Además, mañana, el transporte público no estará disponible.

Karim, detrás de la barra de su establecimiento, que cerrará el fin de semana.
Karim, detrás de la barra de su establecimiento, que cerrará el fin de semana.

En la principal calle comercial de la ciudad, la Canebière, las vitrinas reventadas suceden a las persianas bajadas. Y entre los que hoy atienden al público, no son pocos los que tienen preparadas las placas de seguridad a las puertas de sus establecimientos. Es común ver a propietarios y dependientes cargar con planchas de madera y vigas. El Ayuntamiento ha donado algunas y los comerciantes las recogen en rincones de la ciudad. Frente a sus negocios, recortan, ajustan y colocan el material sobre sus escaparates mientras lamentan los importantes daños materiales sufridos y la incertidumbre de no saber cuándo podrán recuperar la normalidad. Los bancos del centro y sus cajeros, todos tapiados.

«Nosotros no vamos a tapiar las vitrinas porque confiamos en que no pase nada. La gente saldrá a manifestarse mañana, a pesar de la prohibición en la región, pero creemos que no será como la semana pasada», apunta Karim, desde la cocina de su establecimiento.

Pero Wahiba, dueña de una tienda de ropa dos locales más abajo, no opina lo mismo. «Yo tengo miedo. La semana pasada tuvimos suerte y nuestra tienda quedó intacta porque saquearon las marcas buenas. Vuitton, firmas de deporte… Claro que ahora ya no queda nada eso. Y podemos ser los siguientes«.

Las vitrinas reventadas y escaparates tapiados en la Canbière.
Las vitrinas reventadas y escaparates tapiados en la Canbière.

El elevado coste de vida, la reforma del sistema educativo, la altísima inflación, la degradación de los servicios públicos y el encarecimiento de los carburantes impulsaron a más de medio millón de galos a echarse a las calles la semana pasada. Las protestas, que muchos vecinos consideran «justas» derivaron en episodios de vandalismo, saqueos y graves enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Y en un nuevo desafío al Gobierno, los chalecos amarillos convocaron una nueva jornada de manifestaciones para este sábado.

Una joven estudiante de 23 años que prefiere no compartir su nombre lamenta que el vandalismo y los pillajes sean protagonistas de unas jornadas que «debían destinarse a reivindicar causas justas«. Mientras trabaja en una tienda de perfumes, estudia para convertirse en asistente de ingeniería.

«Yo soy estudiante. Sé las horas que pasamos en clase, sé el mal estado en el que están las aulas y sé la mierda de futuro que tenemos todos por delante. Pero la violencia que se ha desatado no es normal. Y la verdad es que estamos en shock por la magnitud que ha alcanzado. El fondo de las protestas es bueno, pero ¿la forma? La forma, no», expresa.

Una pintada sobre un local cargando contra el Gobierno de Francia.
Una pintada sobre un local cargando contra el Gobierno de Francia.

Entre las medidas previstas por el Gobierno francés para hacer frente a la difícil situación comercial, se prevén préstamos sin intereses y aplazamientos de deudas tributarias. Además el ministro de Cuentas Públicas del país, David Amiel, compareció esta semana para afirmar que «se debe hacer pagar a los saqueadores». Así, avanzó una próxima tramitación del proyecto de ley «quién rompe paga», una iniciativa que busca lograr que los ingresos ilícitos procedentes de tráficos clandestinos, hurtos o la recepción de bienes robados se descuenten de las ayudas públicas que perciba el infractor.

Pese a los esfuerzos por limpiar la ciudad, aún quedan rescoldos de las reivindicaciones y de la violencia de la anterior jornada de protestas. «Hemos hecho como Macron y sus colegas: barra libre«, reza una pintada sobre el lateral de un comercio en la arteria comercial de Marsella.

Richard lleva 27 años sentado detrás del mostrador del primer quiosco de la Canbière. «Esta es la tercera vez que me rompen los cristales, y ya no puedo más». Ha colocado cinta de balizamiento sobre los paneles destrozados para que nadie se corte, después de haber barrido del suelo los cristales hechos añicos. «Cierro a la hora de comer y ya no vuelvo hasta el lunes, puede que el martes. Me han destruido el negocio y ya no me compensa ni abrir«.

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