Más de 300 días después de que entrara en vigor el alto el fuego en Gaza, una nueva normalidad se ha establecido en el enclave, con servicios al borde del colapso y miles de palestinos sin hogar y sin perspectivas de mejorar su situación. Fue en octubre de 2025 cuando Estados Unidos medió en un acuerdo para poner fin a los ataques, abrir los pasos fronterizos y suspender una ofensiva militar israelí que ya había dejado más de 70.000 muertos. Sin embargo, la tregua actual dibuja un mapa muy distinto en la Franja de Gaza, con ataques continuos, sin avances significativos en las negociaciones y con gran parte de la población hacinada en un territorio cada vez más pequeño.
Más de 300 días después de la tregua con Hamas, Israel ocupa el 60% del enclave, los hospitales funcionan a mínimos y las negociaciones de paz se han atascado
Más de 300 días después de que entrara en vigor el alto el fuego en Gaza, una nueva normalidad se ha establecido en el enclave, con servicios al borde del colapso y miles de palestinos sin hogar y sin perspectivas de mejorar su situación. Fue en octubre de 2025 cuando Estados Unidos medió en un acuerdo para poner fin a los ataques, abrir los pasos fronterizos y suspender una ofensiva militar israelí que ya había dejado más de 70.000 muertos. Sin embargo, la tregua actual dibuja un mapa muy distinto en la Franja de Gaza, con ataques continuos, sin avances significativos en las negociaciones y con gran parte de la población hacinada en un territorio cada vez más pequeño.
La agencia de la infancia de Naciones Unidas, Unicef, ha contabilizado la muerte de 300 niños desde que se declaró el alto el fuego, una cifra que constata la falta de progreso en las negociaciones para poner fin de forma permanente a la ofensiva militar israelí desatada en octubre de 2023 tras los terribles atentados de Hamas. «Un alto el fuego que cobra la vida de un menor cada día, es un fracaso en toda regla para la infancia», denuncia en un comunicado Edouard Beigbeder, director regional de Unicef en Oriente Próximo y Norte de África.
Desde que se firmó la pausa, el ministerio de Salud gazatí denuncia que más de 1.200 palestinos han muerto y otros 4.000 han resultado heridos en ataques que el Ejército israelí justifica como operaciones puntuales para debilitar las capacidades de Hamas en el enclave.
La falta de avance en las negociaciones ha golpeado especialmente el sistema sanitario, que quedó muy debilitado por la guerra. Las autoridades gazatíes denuncian que las 34 estaciones de oxígeno que existían a principios de 2023 han quedado reducidas a 12, de las cuales sólo cuatro siguen funcionando debido a la escasez de bombas de oxígeno en el enclave. Desde hace meses se ha establecido un sistema de emergencia para bombear oxígeno de forma manual, pero los sanitarios denuncian que no se puede garantizar su mantenimiento de forma permanente. La falta de entrada de material sanitario urgente y los bloqueos intermitentes de las autoridades israelíes para la salida al extranjero de pacientes oncológicos ha provocado que 11.000 palestinos enfermos de cáncer se encuentren en riesgo de muerte.
El Ministerio de salud asegura que tres enfermos de cáncer mueren cada día debido a la falta de una asistencia médica adecuada, no por la evolución de su enfermedad. En este sentido, Unicef exige que los acuerdos de tregua se deben implementar con un «impacto latente sobre el terreno», para asegurar el bienestar de millones de palestinos pero también un retorno a una normalidad social para los más pequeños, ahora que se acerca el regreso del curso escolar. «Para los niños de Gaza, la cuestión es sencilla: ¿Cesará la matanza?¿Llegará la ayuda en la medida necesaria? ¿Reabrirán los hospitales y volverá el agua?¿Volverán los niños a la escuela de forma segura?», señala Beigbeder de Unicef.
La situación humanitaria en el enclave también se ve impactada por el despliegue de las fuerzas israelíes en la llamada ‘línea amarilla’, una zona de control donde el Ejército está estacionado y que ha reducido el territorio habitable para los palestinos a un tercio. Las familias se apiñan entre escombros, tiendas de campaña y montañas de basura, expuestos a las inclemencias del tiempo y enfermedades derivadas de la falta de acceso a agua potable. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha confirmado que las fuerzas israelíes controlan ya más del 60% del enclave, y su objetivo declarado es alcanzar el 70%. Según un nuevo informe de Naciones Unidas, el número de estructuras destruidas en Gaza ha aumentado un 9% desde que se firmó el alto el fuego. Escuelas, clínicas y edificios residenciales han sido derribados o dañados en zonas que, en teoría, debían quedar bajo control palestino. Lejos de retroceder, el Ejército ha construido nuevos puestos de vigilancia, ampliado puestos de avanzada y levantado barreras de hormigón que fragmentan el territorio en cantones incomunicados.
El general en la reserva Assaf Orion, del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, señaló que el despliegue de estos puestos de control indica que las fuerzas israelíes «se están preparando para quedarse mucho tiempo» debido a que «el desarme de Hamas avanza a paso de tortuga o no avanza en absoluto». A finales de julio, Hamas sorprendió a la comunidad internacional con el anuncio de su desarme, una de las condiciones para poder avanzar en la segunda fase de la tregua propuesta por Washington. Sin embargo, el grupo palestino condiciona su entrega a la retirada israelí del enclave, mientras Tel Aviv se niega a abandonar el territorio sin que Hamas entregue sus armas. Estados Unidos, Qatar y Egipto han acelerado en las últimas semanas la mediación diplomática para evitar que el desgaste de la hoja de ruta de alto el fuego quede en papel mojado.
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