El infierno bajo el Aeon Mall: una carrera contrarreloj para encontrar supervivientes en el centro comercial convertido en una tumba tras el terremoto

Lo primero que escucharon los equipos de rescate al adentrarse en el interior del Aeon Mall de Kumamoto no fueron gritos pidiendo ayuda, sino el zumbido metálico de las vigas retorcidas y el crujido constante de un edificio que seguía moviéndose con cada réplica. Bajo los cascos y las mascarillas, bomberos y soldados avanzaban despacio entre montañas de hormigón, escaparates destrozados y techos desplomados, obligados a detenerse una y otra vez por el riesgo de nuevos derrumbes.

 El seísmo que sacudió Kumamoto deja ya 30 fallecidos. El calor extremo y las continuas réplicas dificultan el rescate de posibles supervivientes atrapados  

Lo primero que escucharon los equipos de rescate al adentrarse en el interior del Aeon Mall de Kumamoto no fueron gritos pidiendo ayuda, sino el zumbido metálico de las vigas retorcidas y el crujido constante de un edificio que seguía moviéndose con cada réplica. Bajo los cascos y las mascarillas, bomberos y soldados avanzaban despacio entre montañas de hormigón, escaparates destrozados y techos desplomados, obligados a detenerse una y otra vez por el riesgo de nuevos derrumbes.

Fuera, cientos de familiares aguardaban en silencio mientras las excavadoras abrían pasillos entre los escombros del que hasta hace apenas unas semanas era uno de los mayores centros comerciales del sur de Japón. El balance del terremoto que sacudió el martes la prefectura de Kumamoto ha ascendido ya a 30 fallecidos, una cifra que las autoridades temen que todavía pueda aumentar.

Muchos de los supervivientes siguen describiendo la explosión que convirtió el edificio en una trampa mortal como un episodio casi más aterrador que el propio terremoto.

«Pensé que había explotado una bomba», relató a Jiji Press Takateru Sonoda, propietario de una cafetería y peluquería situada junto al complejo comercial. «Había gente gritando que corriéramos, las sirenas sonaban sin parar y las carreteras estaban completamente bloqueadas. Todo era un caos».

Otro testigo, un taxista que esperaba clientes en el aparcamiento, aseguró a la cadena TBS que la onda expansiva fue tan violenta que creyó que el parabrisas de su vehículo iba a estallar. «El estruendo fue enorme. Después solo vimos una nube gris cubriéndolo todo».

Mientras la mayoría de los aproximadamente 3.000 clientes consiguió abandonar el edificio durante la evacuación posterior al terremoto, varios empleados permanecieron dentro revisando instalaciones o regresaron para recuperar pertenencias. Pero entonces, cuando ya habían pasado 50 minutos después del seísmo, llegó la explosión que hizo colapsar parte de la segunda planta, donde se encontraba la zona de restauración.

Las primeras investigaciones apuntan a una fuga de gas, aunque los expertos todavía tratan de reconstruir qué falló exactamente en los sistemas automáticos de seguridad.

Las imágenes grabadas por la policía dentro del edificio muestran pilares partidos, enormes planchas de acero dobladas como papel, cristales rotos y tiendas reducidas a montañas de muebles y mercancía. Entre ese laberinto continúan trabajando más de 170 rescatistas, apoyados por perros de búsqueda, drones y cámaras térmicas.

La primera ministra Sanae Takaichi dio a conocer este jueves el nuevo recuento de muertos mientras las autoridades de Kumamoto anunciaban que habían recuperado cuatro cuerpos de entre los escombros.

La operación se ha convertido también en una carrera contrarreloj. Durante la noche una réplica de magnitud 5,8 volvió a sacudir la zona, obligando a interrumpir temporalmente varios rescates. A ello se suma otro enemigo: el calor extremo. Las temperaturas alcanzan ya los 35 grados en Kyushu, aumentando el riesgo de golpes de calor tanto para los supervivientes atrapados como para los propios equipos de emergencia.

El Gobierno ha desplegado cerca de 5.000 efectivos de las Fuerzas de Autodefensa, que participan tanto en las labores de búsqueda como en la distribución de agua, alimentos y material sanitario. Helicópteros militares transportan neveras portátiles hasta los refugios improvisados para aliviar unas condiciones que empeoran conforme avanzan las horas.

Más allá del centro comercial, el terremoto ha dejado un reguero de destrucción por toda la región. En la fábrica de Nippon Paper, en la ciudad de Yatsushiro, el derrumbe de una enorme chimenea provocó varias muertes y mantiene desaparecidos a varios trabajadores. También falleció un técnico vietnamita al caerle encima una grúa en la planta donde trabajaba, convirtiéndose en la primera víctima extranjera confirmada del desastre.

Las cifras reflejan la magnitud de la emergencia: cerca de 23.000 hogares siguen sin electricidad, unos 75.000 carecen de agua corriente y alrededor de 15.000 personas permanecen alojadas en más de 400 refugios temporales.

La deformación del terreno alcanzó en algunos puntos los 87 centímetros, según la Autoridad de Información Geoespacial de Japón, mientras numerosas carreteras, puentes y edificios públicos presentan daños estructurales.

El centro comercial Aeon Mall había reabierto hace apenas un mes tras una profunda remodelación destinada precisamente a reforzar su resistencia después del devastador terremoto de Kumamoto de 2016, que causó 273 muertos. Una década después, la prefectura vuelve a vivir otra larga espera entre sirenas, polvo y réplicas, con los rescatistas buscando supervivientes bajo toneladas de hormigón.

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