Amenazas, IA… Cuando sí hay que mirar hacia arriba

‘No mires arriba’ (Don’t Look Up), la película de 2021 con Leonardo DiCaprio intentando convencer al mundo en vano de que un cometa se iba a estrellar contra la Tierra, planteó con original acierto la pregunta de ¿qué hay que hacer para que la sociedad mire hacia arriba? En su momento, se vinculó directamente con la negación del cambio climático; un lustro después, la correlación se puede hacer con el inquietante panorama internacional. ¿Qué hay que hacer para que la sociedad sea consciente de las amenazas urgentes y reales y no mire a otro lado? Para empezar, comunicarle sin ambages que no está tan a salvo como se cree.

 ‘No mires arriba’ (Don’t Look Up), la película de 2021 con Leonardo DiCaprio intentando convencer al mundo en vano de que un cometa se iba a estrellar co  

‘No mires arriba’ (Don’t Look Up), la película de 2021 con Leonardo DiCaprio intentando convencer al mundo en vano de que un cometa se iba a estrellar contra la Tierra, planteó con original acierto la pregunta de ¿qué hay que hacer para que la sociedad mire hacia arriba? En su momento, se vinculó directamente con la negación del cambio climático; un lustro después, la correlación se puede hacer con el inquietante panorama internacional. ¿Qué hay que hacer para que la sociedad sea consciente de las amenazas urgentes y reales y no mire a otro lado? Para empezar, comunicarle sin ambages que no está tan a salvo como se cree.

El peligro acecha en sus múltiples variantes. Estas últimas semanas, la guerra de Irán ha desplazado nuestra atención hasta el lejano Oriente Próximo, arrinconando el conflicto que tenemos más próximo. El miércoles, el secretario general de la Alianza Atlántica tuvo que hacer un recordatorio: «No perdamos de vista a Ucrania». Las palabras de Mark Rutte fueron pronunciadas la misma jornada que dos países que saben mucho de guerra en Europa, Alemania y Reino Unido, se reunían para seguir coordinando la ayuda militar a Kiev, que fue informado ese día de que iba a recibir 120.000 drones de Londres.

Francia, la otra gran potencia europea que no baja la guardia, no duda en informar de que la amenaza a la que Europa se enfrenta es triple: Rusia, China y Estados Unidos. París es altamente sensible a la toxicidad de los partidos políticos de ultraderecha y teme que las injerencias estadounidenses desestabilicen algún día sobremanera el Hexágono. «EEUU no puede repetir en Europa lo que hizo en el pasado con Centroamérica», avisan desde el Quai d’Orsay. Las elecciones presidenciales galas están a la vuelta de la esquina (2027), de ahí la obsesión por blindar la soberanía de la República Francesa prestando fuerte atención y combate tanto al populismo como a la desinformación en las redes sociales.

Lo curioso, sin embargo, es el doble mensaje que envía Europa hacia Estados Unidos: mientras busca mantenerlo a distancia por temor a injerencias en su política interna, hace a su vez todo lo posible por tenerlo cerca por motivos de seguridad (léase su permanencia, aún incierta, como miembro de la OTAN). Un lógico, pero a la vez delicado, equilibrismo.

Seguridad es la palabra clave de estos tiempos: la seguridad que podemos perder si Donald Trump utiliza la cumbre de julio en Ankara para anunciar la salida de EEUU de la Alianza Atlántica; la red de seguridad que hay que ir tejiendo ante las operaciones cibernéticas rusas y chinas que, según los expertos, tendrán cada vez más como objetivo empresas, cables de comunicación o incluso sistemas de inteligencia europeos; la seguridad económica a garantizar a la ciudadanía que estará cada vez más expuesta a las consecuencias de los aumentos de los precios de la energía… No sólo de misiles va la guerra. Se puede estar ya en ella o rozarla en sus diferentes manifestaciones.

Y aquí es cuando hay que apuntar el último factor disruptor: la célebre IA (Inteligencia Artificial). El pasado 7 de abril se informó de que Anthropic, la empresa creada por ex empleados de OpenAI, posee un nuevo modelo de Inteligencia Artificial que, de tan avanzado y peligroso que es, quedará restringido al público general. Claude Mythos, que es como se llama la peliaguda versión, estará sólo al alcance de 40 organizaciones y con el exclusivo uso de tareas de ciberseguridad.

El semanario The Economist ha dedicado su última portada al «momento Mythos» y a sus implicaciones en la seguridad. Si este sistema posee una capacidad escalofriante para identificar vulnerabilidades en la ciberseguridad y cae en manos de rivales geopolíticos -o, directamente, en manos equivocadas-, ¿qué podría ocurrir? Daría inicio la bautizada como «fase del caos»: todas las infraestructuras críticas, desde bancos hasta hospitales, estarían gravemente amenazadas.

Quien también ha captado de inmediato el nuevo repunte peligroso de la IA ha sido la Casa Blanca. Así, durante la madrugada española del viernes al sábado, el director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, fue llamado a consultas por Susie Wiles, jefa de Gabinete de Donald Trump, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent. «Hemos debatido oportunidades de colaboración, así como enfoques y protocolos comunes para responder a los retos que plantea el despliegue de esta tecnología. Esperamos continuar con este diálogo», indicó un portavoz de la Casa Blanca. Unas palabras bien diferentes a las utilizadas en el pasado por la Administración Trump contra este laboratorio de IA californiano que, para el presidente estadounidense, era una empresa de «chiflados de izquierda».

Los riesgos se multiplican en distintos frentes, las vulnerabilidades crecen y la protección es todo un desafío. Pero la acción frente a todo ello debe ir de la mano de la información. «Los ciudadanos tienen derecho a saber», se escucha en una escena de Don’t Look Up. «¡Necesitan escuchar las cosas!», se insiste en el filme.

Que así sea.

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