<p><strong>»Viktor Orban es una figura clave para el futuro de Europa».</strong> Así se presenta el primer ministro húngaro en el nuevo vídeo difundido por su partido, Fidesz, en plena campaña para las elecciones legislativas de abril. En la secuencia, dirigentes de la derecha radical, populista y nacional-conservadora de Europa y de fuera del continente piden abiertamente el voto para él y lo elevan de candidato nacional a referente político internacional.</p>
El partido del ‘premier’ ultraconservador publica un vídeo en los que aliados políticos tanto de dentro como de fuera de la UE piden el voto para él en las elecciones legislativas de abril
«Viktor Orban es una figura clave para el futuro de Europa». Así se presenta el primer ministro húngaro en el nuevo vídeo difundido por su partido, Fidesz, en plena campaña para las elecciones legislativas de abril. En la secuencia, dirigentes de la derecha radical, populista y nacional-conservadora de Europa y de fuera del continente piden abiertamente el voto para él y lo elevan de candidato nacional a referente político internacional.
El vídeo, que ha tenido un amplio eco en Budapest, Bruselas y varias capitales europeas, encadena mensajes breves y cuidadosamente editados de jefes de Gobierno en activo, líderes de partido y presidentes de fuera de la Unión Europea. El montaje construye una idea central: Orban no es únicamente el hombre fuerte de Hungría, sino un referente global de un espacio político que empieza a reconocerse como bloque. De Marine Le Pen a Javier Milei, pasando por Giorgia Meloni, Alice Weidel o Benjamin Netanyahu, las intervenciones sitúan las elecciones húngaras dentro de una disputa más amplia sobre soberanía, identidad, guerra y seguridad en Europa.
El abanico de apoyos va desde dirigentes que gobiernan dentro de la Unión Europea hasta líderes situados fuera de ella. Esto refuerza la intención de presentar a Orban como un punto de conexión entre distintas corrientes de la derecha radical y populista contemporánea. La presencia simultánea de Meloni, Weidel, Le Pen o Salvini junto a Milei y Netanyahu dibuja una red ideológica que combina nacionalismo identitario, confrontación con las instituciones europeas, discurso securitario y rechazo frontal de las agendas liberales en materia migratoria, cultural y geopolítica.
Las frases están escogidas para cubrir todo el repertorio simbólico de la derecha iliberal contemporánea. Weidel afirma que «Europa necesita a Viktor Orban». Marine Le Pen lo inserta en un movimiento continental de «patriotas y defensores de naciones soberanas». Meloni subraya la dimensión ideológica del proyecto, aludiendo a una Europa que «se enorgullezca de sus raíces culturales y religiosas». Matteo Salvini vincula directamente el voto a Fidesz con la guerra de Ucrania -«si quieres paz, vota Fidesz»-. Netanyahu introduce el argumento de la seguridad y presenta a Orban como un dirigente capaz de garantizarla.
Llaman la atención, sin embargo, dos ausencias significativas en este despliegue internacional: Donald Trump y Vladimir Putin. Ambos han sido durante años los referentes exteriores más visibles de Orban y con los dos ha exhibido afinidades políticas y relaciones estrechas. Ninguno aparece en el vídeo, pese a que el primer ministro húngaro ha presumido en campañas anteriores de su sintonía con el presidente estadounidense y mantiene desde hace años una relación privilegiada con el Kremlin, especialmente en materia energética y de política exterior. La ausencia de ambos subraya el cuidado con el que Fidesz ha construido esta constelación de apoyos, centrada en el eje de derechas europeas y atlánticas.
Este despliegue internacional llega en un momento en que la política interna húngara se ha vuelto más competitiva que en cualquier otra campaña reciente. Tras más de 15 años de poder casi ininterrumpidamente, Orban se enfrenta a una oposición renovada liderada por Péter Magyar y el partido Tisza, que encabeza la mayoría de las encuestas de cara a las elecciones del 12 de abril.
Según sondeos recientes, Tisza mantiene una ventaja significativa entre los votantes decididos, con brechas de entre ocho y más de diez puntos sobre Fidesz. Es una distancia que se ha ampliado en las últimas semanas. Otros estudios independientes arrojan cifras similares y refuerzan la percepción de un desgaste electoral del partido gobernante tras años de estancamiento económico y tensiones sociales.
Estas proyecciones se suman a encuestas que apuntan a un retroceso en la popularidad personal del primer ministro frente a su rival. La prensa húngara se ha hecho eco de estas tensiones. Medios independientes y comentaristas críticos han señalado el nerviosismo en los círculos próximos a Orban y han interpretado, por ejemplo, la reciente compra del tabloide más leído del país por un grupo considerado cercano a Fidesz como un intento de reforzar el control del espacio informativo antes de la campaña.
Periodistas de ese medio advirtieron del aumento de la presión institucional que podría derivarse de esa operación en un mercado ya altamente polarizado. Analistas locales sostienen que movimientos de este tipo reflejan una creciente preocupación por la capacidad del primer ministro para sostener su narrativa dominante frente a un electorado que muestra mayor atención a las promesas de anticorrupción y de restauración de la confianza institucional formuladas por la oposición.
Aunque Orban conserva un núcleo duro de apoyo, en las últimas semanas ha intensificado su retórica sobre la guerra de Ucrania. Ha reforzado su oposición al apoyo militar y financiero europeo a Kiev y ha promovido una «petición nacional» para que los votantes respalden su postura. El primer ministro acusa a la oposición de alinearse con la «agenda de Bruselas» y de querer comprometer a Hungría en una política «pro-guerra», un planteamiento que ilustra el uso de temas internacionales como herramienta electoral.
Queda abierta, sin embargo, la cuestión de hasta qué punto este despliegue internacional influye realmente en el electorado húngaro. Encuestas recientes muestran que las principales preocupaciones de la población siguen centradas en la guerra y la estabilidad regional, así como en cuestiones económicas y sociales, lo que sugiere que el respaldo exterior opera más como herramienta de movilización política que como factor decisivo frente a las prioridades cotidianas de los votantes.
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