400 muertos y 250 heridos en el bombardeo al hospital de los adictos a la heroína de Afganistán

<p>Bajo los puentes del río <strong>Kabul</strong>, que discurre por el este de <strong>Afganistán </strong>desde las montañas <strong>Hindu Kush,</strong> miles de hombres llevan años malviviendo entre montones de basura, mantas raídas y fogatas improvisadas. Allí se reúnen en pequeños círculos para fumar heroína sobre tiras de papel de aluminio. Muchos de los consumidores habituales son antiguos soldados que cayeron en la adicción empujados por traumas de décadas de guerra y que ahora están atrapados en una de las peores epidemias de opiáceos del mundo. Algunos de ellos, tras la llegada al poder de los talibán en 2021, comenzaron a ser trasladados a la fuerza al <strong>Hospital Omar</strong>, un centro de rehabilitación en la periferia de la capital.</p>

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 Pakistán niega cualquier responsabilidad y dice que sus operaciones tuvieron como objetivo «instalaciones militares e infraestructura de apoyo terrorista»  

Bajo los puentes del río Kabul, que discurre por el este de Afganistán desde las montañas Hindu Kush, miles de hombres llevan años malviviendo entre montones de basura, mantas raídas y fogatas improvisadas. Allí se reúnen en pequeños círculos para fumar heroína sobre tiras de papel de aluminio. Muchos de los consumidores habituales son antiguos soldados que cayeron en la adicción empujados por traumas de décadas de guerra y que ahora están atrapados en una de las peores epidemias de opiáceos del mundo. Algunos de ellos, tras la llegada al poder de los talibán en 2021, comenzaron a ser trasladados a la fuerza al Hospital Omar, un centro de rehabilitación en la periferia de la capital.

En la noche del lunes, poco después de las 21:00 horas, varias explosiones sacudieron este complejo sanitario. Los primeros vecinos que salieron a la calle vieron una columna de humo elevarse sobre el barrio. Cuando el estruendo se disipó, parte del hospital había quedado reducido a una masa ennegrecida de hormigón quebrado y vigas retorcidas. Según el Gobierno afgano, el ataque fue un bombardeo aéreo realizado por el ejército de Pakistán en medio de la creciente escalada en la guerra entre ambos países. Las autoridades talibán aseguran que hay más de 400 muertos y al menos 250 heridos. Desde Islamabad niegan haber atacado el hospital.

Afganistán, que durante años fue el principal productor de opio del planeta, también se ha convertido en uno de sus mayores consumidores. Según estimaciones de la ONU, cerca de cuatro millones de afganos -alrededor del 10% de la población- consumen drogas de manera habitual. La heroína y el opio siguen siendo las más comunes, aunque en los últimos años la metanfetamina de producción local, conocida como shisha, se ha extendido rápidamente entre los más jóvenes.

Cuando los talibán regresaron hace cinco años, prometieron erradicar tanto el cultivo de amapola como el consumo de drogas. A partir de 2022 lanzaron una campaña agresiva contra los adictos en las calles. Patrullas de combatientes recorrían los barrios más degradados de Kabul y las zonas bajo los puentes del río para «limpiar» la ciudad. Los drogodependientes eran subidos por la fuerza a camionetas y trasladados a centros de rehabilitación.

El más grande de todos era el Hospital Omar. Levantado originalmente como instalación militar durante la presencia estadounidense, había sido reconvertido en el mayor centro de desintoxicación del país. Con casi 2.000 camas, funcionaba como una gigantesca sala de abstinencia forzada.

El Hospital Omar era un lugar desolador incluso antes de las explosiones del lunes. Las salas principales eran hangares gigantescos con filas interminables de camas metálicas. Las mantas grises se amontonaban sobre colchones gastados y en ocasiones dos pacientes compartían la misma cama. Otros dormían directamente en el suelo de cemento. La mayoría eran consumidores diarios de heroína u opio desde hacía años.

El proceso de desintoxicación duraba alrededor de 45 días y consistía, en gran parte, en soportar el síndrome de abstinencia bajo supervisión médica. Los doctores intentaban aliviar los síntomas con analgésicos básicos, sueros y sedantes, pero el hospital estaba crónicamente desabastecido desde el colapso económico que siguió a la retirada internacional en 2021. La ayuda extranjera que sostenía el sistema sanitario afgano se evaporó casi de la noche a la mañana. Muchos médicos abandonaron el país y los centros públicos apenas funcionan con lo imprescindible. En el Hospital Omar, varios sanitarios describían la situación como «gestionar una crisis humanitaria permanente».

La pasada noche del presunto bombardeo, cientos de pacientes dormían en los pabellones. Según un portavoz talibán, el primer estallido abrió un enorme agujero en el techo de uno de los edificios principales. Luego llegaron otras explosiones que hicieron colapsar varios pisos y provocaron incendios en diferentes alas del complejo.

Los equipos de rescate describieron escenas caóticas. Pacientes desorientados corrían entre los escombros sin entender qué estaba pasando. Enfermeros arrastraban camillas por pasillos llenos de polvo y humo. Algunos internos, todavía débiles por la abstinencia, apenas podían mantenerse en pie. Bajo las losas de cemento quedaron atrapadas decenas de personas. Durante horas, según los medios locales, brigadas improvisadas -formadas por médicos, vecinos y combatientes- buscaron supervivientes entre los restos del edificio con linternas, palas y excavadoras. Cuando amaneció el martes en Kabul, parte del hospital seguía ardiendo según se podía ver en la retransmisión de las televisiones. Las excavadoras retiraban bloques de hormigón mientras en el patio comenzaban a alinearse bolsas negras con cadáveres.

Miembros de las fuerzas de seguridad talibanes, en la zona bombardeada.
Miembros de las fuerzas de seguridad talibanes, en la zona bombardeada.EFE

Las autoridades afganas insisten en que el ataque constituye un crimen contra civiles perpetrado por el ejército paquistaní. Desde Islamabad, niegan cualquier responsabilidad. El Ministerio de Información de Pakistán afirmó en una publicación en X que sus operaciones recientes fueron «precisas y cuidadosamente planificadas para evitar daños colaterales» y que tuvieron como objetivo «instalaciones militares e infraestructura de apoyo terrorista, incluyendo almacenes de equipos técnicos y municiones de los talibanes afganos».

El presunto ataque del hospital se produjo apenas horas después de que Kabul denunciara nuevos intercambios de disparos a lo largo de la frontera entre ambos países, con al menos cuatro muertos en territorio afgano. Los enfrentamientos entraban ya en su tercera semana. El conflicto, marcado históricamente por la disputada frontera conocida como la Línea Durand (reconocida por Islamabad, pero no por Kabul), volvió a encenderse en octubre de 2025, cuando una serie de choques armados dejó decenas de muertos y provocó el cierre casi total de los pasos fronterizos.

Tras varios intentos de mediación regional, ambos gobiernos alcanzaron una frágil tregua que se mantuvo hasta el 26 de febrero. Ese día, fuerzas afganas lanzaron una ofensiva en la frontera en respuesta a ataques aéreos paquistaníes que Islamabad aseguró haber dirigido contra posiciones del Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), el grupo insurgente que libra desde hace años una guerra contra el Estado paquistaní. Pakistán acusa a los talibán afganos de permitir que los militantes del TTP operen desde su territorio. Las autoridades paquistaníes llegaron entonces a hablar de «guerra abierta».

Bombardeos, escaramuzas e intercambios de artillería se han multiplicado estas semanas en las provincias fronterizas. La fuerza militar paquistaní es mucho mayor que la afgana. Según un recuento publicado la semana pasada por la Misión de Asistencia de Naciones Unidas en Afganistán, al menos 56 civiles afganos, entre ellos 24 niños, han muerto desde que la escalada militar se intensificó a finales del mes pasado. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados estima que más de 115.000 personas han sido desplazadas dentro de Afganistán por los combates.

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