El drama: Zendaya y Pattinson brillan en una comedia que da miedo (****)

La definición clásica afirma que comedia es tragedia más tiempo. Y la interpretación ortodoxa, y por ello también clásica, de la enigmática sentencia nos dice que todo drama visto con cierta perspectiva puede que acabe en ridículo. Lo que se supone que hace el tiempo es quitar la emoción o el susto a un hecho determinado. Y en ese proceso de desnudamiento, llamémoslo así, lo más grave acaba por parecer liviano. Pero lo cierto es que nada impide dar la vuelta al enunciado. ¿Y si, bien al revés, el drama no fuera nada más que comedia a la que sumamos unas cuantas semanas o meses o, dado el caso, años? Desde este punto de vista, nada impide razonar que es el tiempo el que acerca cualquier hecho a su más trágica inanidad, al absurdo desasistido de argumentos, al simple y evidente horror. Cualquier broma, por inocente que parezca al principio, acaba por enseñarnos al final, y a poco que nos paremos a pensar, todos los prejuicios, manías y crisis que nos acosan. Pero de eso solo nos damos cuenta cuando nos hacemos mayores. Es decir, tragedia también puede ser comedia adobada en un poco de tiempo.

 El noruego Kristoffer Borgli continúa su personal investigación de las enfermedades del alma moderna con una farsa con modales de abismo  

La definición clásica afirma que comedia es tragedia más tiempo. Y la interpretación ortodoxa, y por ello también clásica, de la enigmática sentencia nos dice que todo drama visto con cierta perspectiva puede que acabe en ridículo. Lo que se supone que hace el tiempo es quitar la emoción o el susto a un hecho determinado. Y en ese proceso de desnudamiento, llamémoslo así, lo más grave acaba por parecer liviano. Pero lo cierto es que nada impide dar la vuelta al enunciado. ¿Y si, bien al revés, el drama no fuera nada más que comedia a la que sumamos unas cuantas semanas o meses o, dado el caso, años? Desde este punto de vista, nada impide razonar que es el tiempo el que acerca cualquier hecho a su más trágica inanidad, al absurdo desasistido de argumentos, al simple y evidente horror. Cualquier broma, por inocente que parezca al principio, acaba por enseñarnos al final, y a poco que nos paremos a pensar, todos los prejuicios, manías y crisis que nos acosan. Pero de eso solo nos damos cuenta cuando nos hacemos mayores. Es decir, tragedia también puede ser comedia adobada en un poco de tiempo.

El noruego Kristoffer Borgli lleva años militando en esta creencia. Su último ejemplo, no por casualidad, se titula El drama, aunque de entrada nada diría que es tal. De hecho, solo al final queda claro. La historia es sencilla. Una pareja a punto de casarse vive los momentos preliminares al gran acontecimiento entre risas, recuerdos de los imperecederos y los laboriosos preparativos de lo que tiene que ser por obligación un día inolvidable. Y así hasta que la novia cuenta un hecho de su pasado quizá insignificante. Lo hace en una velada tras unas cuantas copas de vino y con la única intención de gastar un broma. Entonces, lo han adivinado, la comedia se vuelve tragedia. Es más, un chiste que apenas tiene una relevancia personal termina por convertirse en la perfecta radiografía de una sociedad, la nuestra, paranoica, esquizofrénica, hipócrita y, lo más evidente, cruel hasta el agotamiento. Una bonita pedrada, sin duda.

Borgli ya había ideado un artefacto similar en la película que le descubrió como un tipo, cuando menos, peculiar: Sick of Myself. Entonces era el narcisismo al que nos hemos arrojado en red el que era sometido a una brillante disección. En Dream Scenario, y de la mano de Nicolas Cage, las claves del cine de terror eran desmontadas y vueltas a armar en una película tan demencial que daba en sencillamente genial. Ahora, en El drama, el director junta a dos de las estrellas del momento (Zendaya y Robert Pattinson) para insistir en los modos y maneras de un cine tan irritantemente irónico, tan revelador y tan turbio que no queda otra que darle la razón. De nuevo, y como ya es regla en la filmografía de Borgli, vuelve a evidenciarse una cierta dificultad a la hora de cerrar unas historias que, por momentos, se ahogan es cada una de sus inmejorables ocurrencias. Y de nuevo, el director se muestra tan enamorado de sí mismo y de su talento que hasta desespera un poco. Pero lo cierto es que todo funciona, todo perturba, todo nos describe. Definitivamente, nunca hay que dar de comer a las comedias. Luego crecen y pueden ser muy peligrosas.

Director: Kristoffer Borgli. Intérpretes: Zendaya, Robert Pattinson, Alana Haim. Duración: 106 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.

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